Muevo mi cabeza, una y otra vez, no puedo traer de nuevo la imagen de Leonardo Santoro apoderándose de mis labios, no. Esa sensación que me hace sentir expuesta, y que por nada en el mundo me puedo permitir sentir. Aunque no niego que me encanta provocarlo, muy pronto lo tendré tendido ante mis manos y lo haré añicos. Estacionó el auto y contesto la llamada de mi padrino, debe ser algo muy urgente, de lo contrario no insistirá tanto. —¡Que!, Ahora mismo salgo para allá, y no te preocupes sé que no le va a pasar nada a tus bodegas, pero en este mismo momento salgo hacia allá, en estos momentos sé que él me necesita y qué mejor para ganarme su confianza. Es normal que en nuestro mundo tengamos enemigos, pero creí que Leonardo Santoro al ser el rey de prácticamente todo sería intocable,

