Luna se levantó, le dio la espalda, porque verlo dolía demasiado a su corazón. —Es mejor que renunciemos a la idea de ser padres de nuevo, Elio. Está claro que, no es posible, perdóname por no poder darte otro hijo, y porque nunca vivirás el proceso de ver crecer y nacer a tu bebé. Es mi culpa, no debí irme ese dìa hace años… Elio dejó la prueba sobre la cama, tomó la mano de su esposa y la devolvió a èl. Unió su frente con la suya, mirò sus ojos profundamente. —No vuelvas a decir que es tu culpa, no es tu culpa. Yo te amo, Luna, no me importa si tenemos veinte hijos o solo a Aly. Tú me haces sentir como el mejor de los hombres, te amo, soy feliz, contigo tengo todo, tenemos a una hija maravillosa, nada me hace falta, podría perder mi dignidad o mi dinero, incluso media vida, pero con

