Cap 5: Doble sentido

1047 Words
Damián sintió una descarga eléctrica al ver la compostura de Johanna. No era solo una empleada; era un lienzo en blanco esperando ser pintado, una mina de oro emocional que le exigía excavar. El Señor Gómez se disculpó y salió de la sala, dejando a los dos solos en el centro de ese despacho de cristal y ambición. —Bienvenida formalmente, señorita Johanna. Soy Damián, su... jefe. Y en Global Dynamics, la bienvenida es un asunto personal —dijo Damián, acercándose a ella con una lentitud calculada. Su voz era un susurro grave, cargado de una autoridad que no necesitaba gritar. Ella mantuvo la mirada, firme y profesional. —Agradezco la bienvenida, señor Damián. Estoy lista para comenzar. —Me alegra oírlo. La eficiencia es el único lujo que me permito. Permítame darle un pequeño recorrido por su nuevo entorno. Es importante que se familiarice con el terreno donde vamos a trabajar —dijo, haciendo un énfasis sutil pero deliberado en la última palabra, mientras extendía un brazo hacia la puerta con un gesto impecablemente educado. El Recorrido de la Tensión Johanna caminó junto a él por los pasillos inmaculados. Damián se mostró el magnate ideal: saludaba a los empleados por su nombre, daba instrucciones claras y tenía un sarcasmo agudo pero divertido que hacía reír a sus subalternos. Era un maestro del control. Al llegar a una zona llena de gráficos y pantallas, Damián se detuvo. —Aquí es donde ocurre la magia, señorita Johanna. La información es poder. Un buen analista debe saber dónde mirar, qué retener y qué dejar ir. Es una habilidad que se entrena. —Lo entiendo, señor Damián. En mi experiencia, la clave es saber cuándo tomar la decisión y no dudar al ejecutarla —respondió ella, profesionalmente, sin pestañear. Damián le dirigió una sonrisa de tiburón. Perfecto. Le gustaba su audacia. Continuaron el recorrido hacia el área de los ejecutivos, un pasillo más silencioso y con poca luz natural. Él se inclinó ligeramente hacia ella, su voz bajando a un nivel íntimo. —El éxito en esta empresa es como una relación, Johanna. Exige dedicación total y no perdona la falta de concentración. Si va a entrar en mi esfera de influencia, debe saber que exijo que se me entregue por completo a la visión. Johanna sintió el doble sentido como una onda de calor, pero su mente, entrenada en las batallas de Bogotá, no iba a ceder. —Lo comprendo, señor Damián. Y en cuanto a la entrega... mi compromiso es con los objetivos de la empresa. Soy una profesional. Si mi esfuerzo requiere largas jornadas y rendimiento sostenido, puede estar seguro de que siempre voy a terminar lo que empiezo.Damián se detuvo en seco frente a su oficina privada. El sarcasmo, la arrogancia y la seguridad que lo definían, se desvanecieron ante la réplica de ella. Él no había esperado el golpe. Normalmente, sus bromas de doble sentido intimidaban o provocaban rubor, nunca una respuesta tan hábilmente codificada que le daba la vuelta a su juego. —Vaya... —murmuró Damián. Por primera vez en la conversación, su voz perdió la autoridad. Sintió que el calor le subía al rostro, una sensación que no experimentaba desde la adolescencia. ¡Se estaba sonrojando! ¿Por qué? Porque esa mujer, su nueva empleada, acababa de desnudar su intento de dominación con una elegancia y una inteligencia que lo dejaban expuesto. Johanna notó el cambio. Vio el ligero tono rojizo bajo su piel morena, el parpadeo de confusión en sus ojos de magnate, y una pequeña, victoriosa sonrisa se dibujó en sus labios. Una sonrisa que no era de coqueteo, sino de poder recién descubierto. Ella se acercó un paso, rompiendo la distancia que él siempre imponía, y terminó la conversación con una cortesía helada y letal. —Entiendo que hay mucha información por procesar después de un recorrido tan detallado, señor Damián —dijo Johanna, su voz era ahora suave, pero firme—. Pero como mi enfoque es absoluto, le aseguro que puede contar conmigo. ¿Dónde me instalo? La pregunta lo devolvió a la realidad. Él era el jefe. Él tenía el control. Pero en ese momento, sintió que ella había tomado la sartén por el mango. El sonrojo se intensificó, pero una nueva emoción recorrió a Damián: una excitement silenciosa y oscura. Esa mujer era peligrosa. Era un reto para su intelecto y una amenaza para su control. Y el riesgo, la idea de someter a esa mente brillante y ese cuerpo que parecía tan orgullosamente inalcanzable, lo excitó de una manera que Mónica jamás podría y que Raquel solo entendía como un deber. —Su oficina, Johanna —respondió Damián, recuperando la compostura con esfuerzo—. Está justo al lado de la mía. La quiero cerca. Muy cerca. Bienvenida a Global Dynamics. Y sin esperar respuesta, giró y entró en su despacho, dejando a Johanna sola en el pasillo, con su pequeña sonrisa de victoria aún dibujada. El juego, Damián lo supo, acababa de volverse infinitamente más interesante. Johanna cerró la puerta de su nueva oficina, sintiendo el click metálico del cerrojo. Soltó una respiración larga y temblorosa que había estado conteniendo desde el momento en que Damián la había mirado. Apoyó la frente contra la madera fría, buscando un punto de anclaje. Soy una profesional, se repitió mentalmente. Pero la verdad era que la calma de la superficie era una farsa. Esos chistes de doble sentido, cada insinuación velada en el lenguaje corporativo, habían prendido una mecha de nerviosismo que hacía mucho tiempo no sentía. Y el momento en que él se había sonrojado… eso fue lo que la había desarmado. Ver el control del magnate romperse por un instante de genuina vergüenza, lo había hecho parecer mortal, deseable. La pequeña victoria de haberlo puesto en su sitio con una respuesta inteligente se sintió como una oleada de poder y excitación. El morbo no era solo suyo; él también lo había sentido. Su cuerpo había reaccionado a la prueba de que su nuevo jefe estaba jugando con fuego y que, por un instante, ella había tenido el cerillo. Erick nunca se había sonrojado, solo se había defendido. Damián, en cambio, se había expuesto a ella, y esa vulnerabilidad, aunque breve, era magnética y peligrosa.
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