Viktor se quedó en silencio, observándome con una mezcla de sorpresa y algo que podría haber sido respeto, aunque no estaba segura. Su presencia imponente llenaba la habitación, pero esta vez, mi propia voz resonaba con una fuerza que no había esperado encontrar en mí misma. Él dio un paso hacia mí, sus ojos oscuros y llenos de esa intensidad que me hacía sentir como si pudiera desmoronarme en cualquier momento. Pero no lo hice. Me quedé firme, con los brazos cruzados y la cabeza en alto, retándolo con mi mirada. Sabía que no tenía nada que perder. Había cruzado una línea y no pensaba retroceder. —Vaya... —murmuró, su voz suave, pero cargada de un peligro que no podía ignorar—. Parece que he subestimado tu espíritu, Emma. Su tono era casi burlón, pero había algo más en su expresión, alg

