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Sibella: La hija del Emperador

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Blurb

Hace 4 años atrás, preocupados por no poder lograr un embarazo completo y tras presenciar día con día, el pesar de su apreciada emperatriz, el emperador Nicholas busco una bruja que les leyera el destino, para saber si seguir esperando o buscar alternativas para algún tener un heredero con su esposa, el ya tenía otros hijos con unas concubinas, pero no llevaban título pues no eran hijos de damas nobles. La bruja saco nada más que un péndulo, e inmediatamente el oráculo había dado una profecía; El emperador y la emperatriz tendrían un bebé, un primer nacido que sería un conquistador, un ser poderoso y que daría una larga y leal descendencia.

Pero esto no fue todo lo que el oráculo dijo, prometió también un hijo, que sería un el Emperador.

Al escuchar eso miles de cosas pasaron en la cabeza de la emperatriz, le aterraba pensar que su primer hijo moriría en batalla al creer.

Las noches de ansiedad se marcaban en sus ojeras, en su cabello seco y despeinado l, ante tantas posibilidades que le hacían pensar que consultar a una bruja no fue la mejor idea.

"Igual solo es una charlatana, no debes preocuparte" El emperador, su amigo y compañero la tranquilizó, no había amor romántico, no eran hermanos, pero se querían como tal, pero el tener un heredero era su deber, y estar juntos en la cama era bueno.

A la vuelta de una año la preocupada gobernante empezó a olvidar la profecía, tratando de vivir tranquila, sobretodo, la concubina favorita de su esposo había vuelto a embarazarse, este sería su 5 hijo y aseguraba que tendría otro varón.

Nicholas se desvivía por sus hijos, ya tenía 9 pero sabía que tarde o temprano tendría hijos con Karissa, su emperatriz, confiaba en la profecía de la bruja y al creerlo destinado pensó no ser necesario meter presión. Su destino era ser la madre del futuro Emperador.

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Sibella
2:58 de la mañana marcaba aquel brusco reloj mecánico, y era justo el momento en el que la pequeña Sibella había nacido. Mientras vivía un doloroso embarazo, Karissa solo podía pensar que esas intensas patadas eran definitivamente de ese poderoso conquistador que se les había profetizado. Pero al escuchar "Es una niña" se sintió aliviada pensando que si era una niña, la bruja se había equivocado, y no tendría que preocuparse por su primogénito muriendo en batalla. Pero cuando se la acercaron, algunas cosas pudieron cambiar esa idea, la niña tenía los ojos abiertos, no lloraba, sus ojos eran grandes y de un dorado llamativo, piel del color de la arena como el de su madre y un pequeño brote de cabello castaño. El emperador abrió la puerta sin poder esperar más, Karissa estiró sus brazos a la partera esperando que le entregaran a su bebé pero en lugar de eso, la anciana mujer se dió vuelta y se la entrego al padre. —Eres una niña hermosa, idéntica a tu madre, pero tus ojos son como los míos— Volteo a ver a su reina con los brazos estirados y se acercó para dejar que la cargara —Mi preciosa Sibella, no eres lo que esperaba— Toco su nariz con la dela bebé y al estar a punto de dársela, la emperatriz pegó otro grito de dolor como los de antes de que la niña saliera. Esta vez, la bebé si empezó a llorar y de manera instintiva Nicholas se la pegó al pecho dándole refugio mientras miraba preocupado a Karissa. —¿Que le pasa?, Ayúdenle, si algo les pasa los mandaré a ejecutar— Soltó en su desesperación abrazando con cuidado pero firmeza a su hija. Al escuchar la amenaza las sirvientas que asistieron a la partera entraron en pánico, la partera se asomo para ver si la hemorragia era mucha, pero en vez de eso vio a otra cabecita coronar. —Deben ser gemelas, viene otro bebé— Grito antes de levantar la cabeza y mirar a los ojos de la emperatriz —Su majestad, se que está cansada, no es un trabajo fácil, pero si no puja con fuerza una vez más, su bebé y usted morían— Karissa no despegó su asustada mirada de la partera hasta que dió con la de su esposo y el esposo miro a la partera molesto —Y nosotras también al parecer— Dijo ironía y regreso entre las piernas de la mujer. Karissa era una mujer fuerte, de un imperio árido y desértico, para ella no era raro ver vida en dónde no se creía que hubiera, así que se armó de valor por su segundo bebé y espero al impulso de otra contracción para empezar a sacar al bebé. Cuando Nicholas escucho nuevamente el grito de su mujer y vio su rostro con dolor se asustó, una sirvienta tomo a Sibella para terminar de limpiarla y vestirla y otra intentó sacarle pero Karissa tomo su mano –No nos deje, su majestad— La sirvienta solo se hizo a un lado y la mano del gobernante tronó a la siguiente contracción, salió un grito de ambos mientras salía también su nuevo hijo. —Es un varón, está sano— Dijo alegre la señora, le entrego el niño a una sirvienta que le limpio el rostro y lo envolvió en una manta. El bebé empezó a llorar y ahora tenían a ambos niños de pulmones fuertes llorando a gritos. Al igual que con Sibella, primero se lo entregaron al padre, mientras la anciana limpiaba y atendía a la exhasua madre. —Vaya que si son gemelos— Dijo feliz Nicholas mientras besaba la sudada frente de Karissa. —Mire mi reina, mire— puso el bebé en su pecho. El pequeño dejo de llorar por buscar de manera instintiva el seno de su madre —Apenas salió y ya tiene hambre— sonrió sin despegar su vista el pequeño —Si que se parecen a usted, su alteza— Karissa soltó una cansada y apenas audible carcajada y miro al emperador —Lo miró amando a mis hijos y pienso que hasta podría enamorarme de usted— Ahora el emperador fue quien se carcajeó. —Pensé que ya lo estaba mi señora— Ella nego suavemente con la cabeza en una risa tierna a pasar de sus 31 años. —Piensa mal— —Piensa mal, y acertarás— Le replicó y de dió otro beso en su frente y otro en los labios, aunque ella no tenía fuerzas para corresponder. —Gracias por estos niños hermosos— —La profecía...— Karissa quiso seguir hablando pero poco a poco se dormía en contra de su voluntad. —¿Qué pasa ahora?— Nicholas se asustó, había perdido una concubina 12 años atrás, mientras daba a luz a una de sus hijas, el rostro moreno de su mujer se veía pálido y tuvo auténtico miedo de perder a su compañera. —Esta cansada, no ya no hay más sangrado, todo salió bien— Una criada tomo al bebé, lo limpio y lo acostó junto con su hermana— Fue un parto doble, es normal que se duerma por el cansancio, nosotras la atenderemos muy bien su majestad, no tiene que preocuparse, se le avisarán de inmediato a las nodrizas para que los gemelos no pasen hambre— —Asegurate que sean mujeres sanas las que tocaran a mis hijos, y quiero que siempre haya guardias dónde estén ellos, mandaré una escolta contigo, tú serás su niñera— La joven sirvienta de 17 se inclino frente el y se giró de nuevo en dirección a los gemelos para tratar de apaciguar su llanto. Mientras Nicholas se dirija a la puerta, giró una vez más para ver a su querida compañera, vencida por el cansancio. "La profecía"... Escucho la suave voz de Karissa en su cabeza. pero igual pensó que era muy pronto para preocuparse. Al salir le dijo a un sirviente que exparcieran la noticia, la Emperatriz había dado a un heredero al trono y a una princesa. Sibella podría haber nacido primero, pero el destino ya estaba marcado, Su segundo hijo sería el emperador en un futuro. °°°°°°°°°°°°° Para los cuatro años de los gemelos las cosas iban a cambiar, los juegos pesados de Sibella, una niña alegre y tétrica y la holgazanería de su hermano Eryx fueron cortados de tajo. Su padre el emperador, había dado la orden de empezar a educarlos para la sucesión, a ambos por igual, puesto que veía potencial de gobernante en su pequeña hija, que a su corta edad nunca esquivaba un duelo de miradas pero tampoco faltaba el respeto a sus mayores. Por otro lado Karissa había perdido dos embarazos más y eso había enfriado un poco el corazón de su esposo hacia ella, cada vez la buscaba menos e iba en búsqueda de doncellas jóvenes para seguir procreando bastardos, aunque después de los gemelos, sus intentos habían sido en vano. Hasta que los gemelos se vieron cumpliendo 6, por mero azar del destino nació otra hija de la última unión carnal con afecto que se dió entre los gobernantes de Kalliste. Callia era el vivo retrato de su padre. Ojos ámbar grandes como los de sus hermanos, piel blanca y su cabello rojo.

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