Su indiferencia
Así fue, se vistió y salió, despidiéndose. La vida me estaba mostrando una realidad que
jamás había esperado. «En situaciones donde el hombre te ignora por completo, es
importante ser muy inteligente», pensé. No podía hacerle preguntas, estaba segura de que
eso lo molestaría. No podía prepararle una cena íntima cuando regresara, porque estaba
segura de que ya había estado con otra, solo quedaría en ridículo. Buscar entre sus cosas
era hacerme daño, la única solución era mantenerme tranquila e intentar tener todo bajo
control. Mi economía para ese momento era deprimente. Solo tenía ochenta dólares, para
administrarlos adecuadamente hasta que comenzara a trabajar.
Quería hablar con tía - mamá para contarle mis primeras horas en la nación de mis
sueños, pero hasta eso fue imposible, ya que mi teléfono se lo había dejado a ella; con la
certeza de que yo compraría uno el día que cobrara mi primer sueldo. Ni siquiera eso pude
contarle a Oliver, su indiferencia y su poca comunicación no me lo permitieron. Recuerdo
a mis amigas mencionarme: "Liza, con Oliver lo tienes todo, sus padres tienen dinero y es
hijo único y te escogió a ti". Pero yo no lo había elegido a él por eso, lo elegí por cómo era
conmigo. Mi familia era muy humilde, por no decir pobre, pero eso a él no le importaba.
Mi sueño era llegar a Estados Unidos y sobresalir por mí misma. Recuerdo que mi tía - mamá
debía limpiar y planchar en casa de personas adineradas, para mantenerme y pagarme los
estudios. También recuerdo las veces que tuvo que dejarme en la casa de mis vecinos para
que me cuidaran, cuando Totó enfermó y ella, entre el hospital y el trabajo, logró siempre
llevar un plato de comida. Mi tía - mamá, ella me pidió que la llamara así desde que era
una niña; era el pilar de la casa. Le decía cuando llegaba cansada, con sus
bolsas de comida para mí y Totó: "Algún día dejarás de luchar tanto, yo te daré todo”.
Yo había diseñado una maqueta mental, la llamé la maqueta de mi sueño: Me veía en una
casa grande, con un bello jardín, una familia con hijos y sin necesidades; en aquella
maqueta estaba mi tía - mamá Elisabeth, Totó y Oliver como esposo y padre de mis hijos.
Pero resultaba que, en ese presente, el personaje de Oliver dentro de mi maqueta mental se
había caído, y parecía que ya no lo podía levantar. No me quedaba más que dejarle todo al
destino, en cuanto a mi relación con él; porque mis ganas de trabajar y cumplir mis metas
seguían en pie.
Ese mismo día, en la noche, Oliver me anunció a Joshua Smith, mi futuro jefe. Este no
era otro, que el amigo que había conducido el vehículo desde el aeropuerto hasta Denver, el
lugar de mi residencia. Él sería mi jefe en su empresa de limpieza. Estábamos
en la sala de su apartamento y, para mi sorpresa, también llegó a esa reunión la señorita Liz
Macroni. Ella estaba allí, porque firmaría el contrato para que la empresa donde yo iba a
trabajar, pudiera hacer la limpieza a la compañía de telecomunicaciones Macroni. Joshua
era el Director del Departamento de Contabilidad dentro de la multinacional Macroni,
puesto que no podría manejar la tercerización de su nueva empresa de limpieza; la cual dejó
en manos de una joven cubana llamada Nancy Pérez. Ella iba a ser quién me mostraría
todo el trabajo.
En aquella reunión no lograba concentrarme bien. Mi jefe me explicaba todo, traducido
por Oliver, pero me incomodaba la presencia de Liz. Tampoco podía quitarles la vista de
encima, necesitaba confirmar mi hipótesis de que algo había entre ellos dos. De pronto, ella
le dijo algo en el oído refriéndose a mí. Le pregunté en voz alta, sin
ninguna discreción, ya que ella no la tuvo conmigo.
― ¿Qué fue lo que te dijo?
― Dice que te pareces mucho a su madre. ― Aquello me perturbó y me pareció algo muy
extraño.