Aquellas miradas para mí no eran normales. Aquel hombre me había reconocido, lo afirmaba una y otra vez, pero a veces dudaba, ya que cada día perdía mi físico;estaba engordando de una manera exagerada. Tenía que comprar ropa de talla más grande y Oliver, a pesar de que le dejé de importar, me decía: — Lisa, ten cuidado, estás engordando demasiado, deberías controlar un poco tu alimentación. Joshua, en forma de burla, ya me llamaba “la gorda María”. Con tía - ma no tuve más comunicación, quizás ese era el problema, por eso estaba comiendo de esa manera exagerada. Al día siguiente llegamos al trabajo.Nancy, antes de comenzar con las labores diarias, me dijo: — Te debo decir algo muy importante, siéntate. Tomé asiento dispuesta a escuchar y le pregunté—: ¿Pasó algo más? — Bueno, al par

