—Jayde, tu padre quiere hablar contigo —anunció Renée, mi madre, con medio cuerpo dentro de mi habitación, mirándome con sus ojos de miel congelada. Asentí. —Bajo enseguida —contesté bajando mi lápiz y dejando todos mis apuntes dispersos sobre la cama. Ella se fue antes que terminara de ponerme los zapatos, sin decirme nada más después de haber cumplido su labor de mensajera. Bajé las escaleras y la vi frente al a televisión, viendo esos programas basura que alegraban su insípida vida. Mantuve la frente en alto mientras caminaba hacia la oficina de Lance, el hombre que se hacía pasar por mi padre, mientras mi corazón tamborileaba nervioso. Inevitablemente empecé a pensar en todo lo que había hecho este último tiempo, buscando una razón para que solicitaran mi poco deseada presencia sien

