—Lo siento, pero esto es demasiado —dije sentada frente a él, negando reiteradas veces con la cabeza mientras lo miraba seria, tan terca como sólo yo podía serlo. Alargué el papel sobre la mesa, intentando devolvérselo, pero él ni siquiera lo miró. —¿A qué te refieres? —respondió relajado—. No es tan terrible, no seas exagerada. —Cam, no me quedaré todos los días después de clases —aclaré, señalando el horario al golpetearlo con el dedo—. Es demasiado. No sé si sabes, pero tengo una vida. —Bueno, pues ya no —dijo sonriente. —No es divertido. Reprimió una sonrisa más grande. —Para ti, no. Pero para mí… —¿Y qué demonios se supone que harás? —alegué molesta—. ¿Enseñarme alguna materia? Tengo notas excelentes en todas, dudo que puedas hacer algo ahí. Así que, ¿qué harás? Eres mi tutor,

