5 | El fin de semana — parte 2 |

1797 Words
ALEJANDRO — Alessio … — gime y aunque no es mi nombre me excita demasiado. Observo su rostro y sé que está complacida, me mira sonriendo y no puede verse más hermosa. Veo como sus ojos se abren al ver mi grande polla, y se relame los labios. Busco en mi billetera un preservativo y me lo coloco, me acerco a ella nuevamente y juego un poco entre sus pliegues antes de entrar. — Dámelo — dice sorprendiéndome — deja de torturarme — niego con la cabeza. — Dime ¿Cómo te gusta? — pregunté — Me gusta aaaah …— no la dejo responder entrando en ella de golpe. Gimotea en mi oído, se siente deliciosa, mojada, caliente y apretada. Posiblemente le dolió, así que me espero hasta que se acostumbre a mi tamaño, realmente no lo pensé. — ¿Por qué te detienes? — pregunta — ¿Acaso sufres de eyaculación precoz? — ¿De verdad quieres saber? — pregunté. Acerque mi boca a sus labios y mientras jalaba su labio inferior con mis dientes, empecé a bombear dentro de ella lo más fuerte que pude. Suelto sus labios para escucharla gemir, lo cual fue un error porque definitivamente me excito demasiado que estaba muy cerca de venirme. No sé como puedo ver el cielo y el infierno en una misma mujer, pero el fuego en sus ojos me dice que si es un ángel, ha sido expulsada del cielo por ser una pecadora. — Hera — dije cuando sentí que el orgasmo la impacta nuevamente, su coño apretó mi polla de forma deliciosa. Terminé por sucumbir a sus deseos y regándose en el condon aun dentro de ella. Caí a su lado y aun con el corazón a mil por hora tomé sus labios, en un beso que traté de que fuera pausado, pero lo que sentía por ella nuevamente me impactó y no pude parar hasta que sentí que me faltaba el aliento. Tenía esa necesidad, esa sed de querer sentirla cerca de mí en todo momento. Tomé el condón y lo saqué con cuidado y lo amarré para tirarlo en el bote de basura. Sus brazos rodearon mi cuerpo y aunque en mi no había nada delicado correspondí a su gesto atrayéndola a mi. — Me gustas mucho Hera — dije — Eso ya me lo dijiste pero no tengo ganas de hablar — dijo subiendo sobre mí. Verla desde abajo, hizo que mi polla se recuperara más rápido. Y ella se dio cuenta, se acomodo sobre ella y sin penetrarse a un empezó un vaivén delicioso. Levanté sus caderas, para ir a traer otro condón, porque mi polla ya estaba lista para entrar en ella. Busqué y no encontré, ¡Maldición! tendría que ir a comprar. Empecé a buscar mi ropa. — ¿Qué sucede? — preguntó Hera — Nada que solo tenía un condón — dije avergonzado y ella empezó a reír. — Tranquilo ¿Irás a comprar? — preguntó levantándose de la cama, aun estaba desnuda, y podía apreciar su hermoso cuerpo. — Si — dije pero mis ojos estaban en sus pechos, mientras ella caminaba hacia mi. Moria de ganas de ponerlos en mi boca. — Me imagino que te incomoda hacerlo sin condon — dijo y la verdad es que no me incomodaba por el contrario, pero no la conocía así que asentí con la cabeza. — Yo me cuido con pastillas y estoy limpia, no pasará nada — dijo. La verdad no estaba muy convencido pero al llegar a mi, tomo la ropa de mis manos y las lanzó lejos de mi. Se acercó más a mí y tomó mis labios en un beso necesitado, vehemente, había aprendido rápido, sus manos recorriendo mi cuerpo, hasta que llegó a mi polla iniciando un sube y baja que me hacía estremecer. Si su versión dulce y delicada me encantaban, pero esta versión lujuriosa y tentadora me enloquecía, tanto que no me importó nada más que estar con ella. Me empujo a la cama y subió sobre mí, se inclinó hacia adelante poniendo sus pechos en mi rostro, tomé uno y luego el otro mientras ella gemía mi nombre. — Ale ¿En dónde nos quedamos? — preguntó sonriendo. — ¿Podrás con la bestia? — pregunté, ella se acomodó sobre mi polla y se fue deslizando por mi longitud hasta que sentí que estaba muy dentro de ella. — Hera espera — dije pero ella empezó a mover sus caderas, primero de arriba a abajo y luego en círculos. Sus sensuales movimientos me tenían al borde de la locura y ese cabello blanco largo cayendo como una cascada cubrían la mitad de su rostro sonrojado por la lujuria y caía sobre sus pechos. Se veía irreal, ella es perfecta y es solo mía. Sentí cuando se vino una vez más cuando sus jugos empezaron a resbalar por la unión de nuestros sexos, cayó sobre mi y beso mis labios. Seguí bombeando un poco más en su interior hasta que sentí el orgasmo alcanzarme. Traté de salir de ella, pero estaba dura como una roca, no pude salir. Resistí lo más que pude, pero empezó a mover sus caderas rápidamente y terminé acabando dentro de ella. Nos levantamos y fuimos al baño a asearnos, quería llevarla a cenar pero volvimos a la cama y nos acurrucamos un momento más. Cerré mis ojos para dejar mis emociones fluir y me quedé dormido. Cuando me levanté me encontré a Hera con mi polla entre sus manos. — ¿Qué haces? — pregunté como un idiota, claro que sabia lo que hacia. — Quiero devolverte el favor — dijo acercando su boca a mi polla. Empezó lamiendo despacio hasta que encontró un buen ritmo y empezó a succionar, tomé su cabello y empuje su cabeza quería estar completamente dentro de ella. No había sentido tanto placer con nadie, en mucho tiempo si no era nunca antes. Es que en Hera encontré algo diferente no era solo el placer de follarla eran todos a las emociones aparte del placeres Rápidamente sentí un temblor en mis piernas y terminé en su boquita. — Joder Hera, eres impresionante — dije y la acomodé a mi lado. ¿Qué voy a hacer mañana? Sabía que tenía que volver a Seattle, tenía mi vida allá pero quería más de ella. Follamos hasta que nos dimos cuenta de la hora. Nos saltamos la cena, y eran casi la 1 de la mañana cuando recordé. Había citado a la mujer de la app nuevamente y me olvidé de ir a verla, ya no había tiempo para buscarla otra vez era demasiado tarde. Miré a Hera jugando con su teléfono, aproveché y le saque una foto. Esperaba que esta fuera la primera de muchas. — Ya es tarde — dijo dejando un pequeño beso en mis labios. No la dejé ir y la besé nuevamente. — ¿Vamos a buscar que comer? — pregunté — Si vamos — dijo. Nos vestimos, tomados de las manos y salimos caminando a buscar algo. Lo único que encontramos fueron hamburguesas y aunque pensé que no le gustaría, a ella le encantó, definitivamente era perfecta. Volvimos a su hotel y yo debería ir al mío ya que mañana a primera hora debía irme a Seattle. — Hera ya debo irme — dije — Sube a mi habitación una vez más — dijo tomando mi mano y no pude decirle que no. — Alessio me gustas mucho — dijo antes de empezar a besarme y yo correspondí gustoso. Nunca había sentido este tipo de conexión antes en mi vida y a pesar de tener fuerza de voluntad con ella se iba al carajo. — Me encantas Hera — dije antes de empezar a quitar su ropa, y en este momento no existía nada s****l entre nosotros solo esa necesidad de sentir su piel junto a la mía. — Entra en mi — dijo cuando la abracé por detrás y empecé con estocadas lentas pero profundas para que ella marcara el ritmo y podía hacer lo que quisiera con mi pene. Gimió fuerte cuando se corrió una vez más yo no iba a poder hacerlo de nuevo ya que esta noche había sido demasiado, jamás había hecho tantas veces o había tenido sexo con alguien de esta manera. Nos quedamos dormidos nuevamente, yo estando aún dentro de ella. Me levanté a las horas solo para mirarla dormir, la cubrí y quise separarme para tomar un poco de aire pero me abrazó fuerte y yo cuide sus sueños un par de horas más. — Hera despierta — dije no quería tratarla como a una cualquiera. Quería despedirme de ella como es debido y planear vernos en el futuro. — ¿Qué sucede? — dice abriendo sus hermosos ojos, y sentándose en la cama. La sábana se resbala por su cuerpo y dejándome ver su pecho desnudo. No tiene vergüenza, ya nada de eso existe entre nosotros. Tengo ganas de tomarla entre mis brazos y llevarla a un lugar donde nadie pueda encontrarnos pero no será así. — Debo irme — dije — Está bien — dijo acercándose para darme un beso, estaba listo para recibirlo pero nunca llegó. — Prométeme que nos volveremos a ver — dijo estirando el meñique y ya había visto que la gente así eso, aunque no entendía por qué. — Lo prometo — dije y con nuestros meñiques entrelazados nos besamos. Salí del hotel contento, habíamos quedado vernos en California en dos semanas pero nada me había preparado para lo que pasó después. ACTUALIDAD — Dime Sasha ¿Te quedarás conmigo esta noche? — pregunté — No Alejandro, tengo que cuidar a mi hija — dijo señalando a la cuna. — La podemos dejar con su papá, no te preocupes. Dime que es lo que quieres mi Sasha y yo lo haré posible — dije mirándola fijamente. Ahora que la había encontrado no planeaba dejarla ir. — Es que mi novio … no es su papá — dijo sorprendiéndome. Mi corazón empezó a latir rápidamente. — ¿Cuántos años tiene tu hija? — pregunté y sentí una fría corriente bajando por mi espalda. — Un poco más de tres — respondió. ¿Será posible? Mis pies caminaron hasta donde estaba la cuna y la vi, tan hermosa como su madre, descansaba y parecía un angelito. Cuando subimos a la habitación, su novio la tenia cargada, pero luego no sabia como hacerla dormir así que la tomé en mis brazos y le canté hasta que se durmió. Sentí una conexión sobre todo cuando besó mi mejilla, pero pensé que era por ser hija de mi Sasha. La amaría sin importar quien fuera su padre. — ¿Quién es el padre de tu bebe?
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