POV SASHA — 4 años atrás
Había llegado a Washington en una misión de último minuto. Mi negocio estaba creciendo y ahora mujeres de diferentes partes del país me contactaban.
Ya había convencido a algunas amigas de ayudarme pero muchas otras pensaban que terminaba acostándome con los hombres para probar su infidelidad, así que muchas no querían. Eso no era necesario ya que igualmente ese tipo de pruebas no se podrían presentar a corte en caso de una demanda de divorcio.
Saco mi vestido de la maleta y me aliste lo más rápido posible, acomodé mi cabello para ponerme una de las tantas pelucas que usaba pero no la encontré Maldición! Me tocará ir así como estoy.
Estuve buscando a mi objetivo en el lugar que la esposa me dijo él solía frecuentar pero esperaba y el no llegaba, yo estaba literalmente sentada en la barra del bar como si fuera una posible presa a cazar, muchos hombres se acercaron pero ninguno era mi objetivo.
Estaba caminando a la salida cuando el barman me dice que deje mi tarjeta de crédito, volteo a recogerla y cuando empiezo mi camino chocó contra alguien.
Quería reclamarle por no fijarse por dónde camina pero cuando lo vi bien quedé impactada. Era un hombre irreal, parecía como si hubiese salido de mi mente, él era todo lo que buscaba en un hombre.
Tenía cabello oscuro, ojos casi negros, labios gruesos, su rostro era una preciosa obra de arte y su cuerpo era impactante.
— ¿Te lastimé? — preguntó y escuchar esa voz tan ronca y varonil hizo que mis sentidos se disparen. Era un hombre tan sexy que con solo hablarme sentí como el calor iba recorriendo mi cuerpo.
— No estoy bien — dije y empecé a caminar
— Espera — dijo tomando mi hombro y yo sentí una electricidad como un rayo a mi estómago y a otras partes de mi cuerpo. He hablado un minuto con él y tenía mis emociones revueltas. Tranquila Sasha, sólo es un hombre. Solo es el hombre de tus sueños — dice mi subconsciente y le doy toda la razón.
— te invito un trago — pregunta y quiero decirle que no, pero mi cuerpo empieza a avanzar y nos sentamos en una mesa.
— ¿Cómo te llamas? — pregunta
— Soy Hera — mentí, no puedo darle mi verdadero nombre. digo ofreciéndole mi mano ¡ERROR! él la tomó con seguridad, haciendo una presión que no dolía en cambio mi piel se erizó al sentir su tacto, piel con piel.
— ¿Hera? ¿Cómo la diosa? — preguntó y solo asentí con la cabeza.
— Soy Alessio — dijo y acercó su boca a mi mano para dejar un beso. Conectó su mirada con la mía y sentí como mis mejillas se tiñeron de rojo, ya no sentía calor, sentía mi cuerpo arder — ¿Has tomado mucho?
— No, solo una copa antes de esta — dije
— Es que estas poniéndote roja — dijo regalándome una sonrisa y me quedé hipnotizada mirándolo — ¿Crees que los unicornios son reales?
— ¿Qué? — pregunté
— jajaja — dice riendo y me encanta el sonido de que hace — nada, es solo que te quedaste mirando a la nada, me imagino que no escuchaste lo que te pregunte — dice y ahora me siento aún más avergonzada.
— No lo siento — dije
— Te preguntaba ¿ Qué hacías aquí? — preguntó
— Vine a divertirme — dije
— ¿A un bar donde solo vienen hombres? Eres como una botella de agua en medio del desierto — dice
— ¿Agua? eso era lo que sentía recorrer entre mis piernas — pensé
— ¿Qué dijiste? — preguntó ¡Maldición! Mi estúpida manía de pensar en voz alta.
— No dije nada, entonces ¿Dónde puedo divertirme? — pregunté acercándome a él.
— Te puedo llevar a un lugar para bailar ¿Qué dices? — pregunta y aunque no soy de confiar, algo me impulsa a hacerlo. Tomo su mano y salimos del bar.
Estamos en la fila para entrar al club y veo como los de seguridad le saludan. ¿Si lo conocen? ¿Por qué hicimos fila?
— Antes de entrar déjame arreglarte — dice. Y se acerca a mi. Suelta mi cabello y me quita la chaqueta — así te ves mucho mejor susurra en mi oído.
Toma mi mano y así entramos. Dentro es una locura, no es que no salga a divertirme, es solo que me he dedicado a trabajar los fines de semana para poder pagar la universidad, llegaba a mi dormitorio muerta de cansancio, dormía inmediatamente, ya no había energías para salir.
Empezamos a bailar y siento como pega su cuerpo al mío, no puedo controlar los latidos de mi corazón, siento como sus manos fuertes se posan en mis caderas. Mientras él marca el movimiento de mi cuerpo.
Siento su aliento en mi cuello y mi cuerpo se enciende. Me dejo llevar hasta que me pega más a él, dejándome sentir el bulto de su pantalón. Giro a verlo y conectamos miradas en un hombre demasiado atractivo y sexy, muero por besar sus labios pero no me atrevo.
— ¿Qué sucede Hera? — pregunta en mi oído. Siento como su brazo rodea mi cintura ajustándome nuevamente a él.
— Me gustas Hera, me gustas demasiado — dice antes de tomar mis labios.
Es un beso vehemente, lujurioso, nada delicado, sus manos recorren mi cuerpo, mientras su boca domina a la mía, siento como mi cuerpo tiembla entre sus brazos mientras mis labios reciben gustosos a los suyos.
Deja mis labios para pasar a besar mi cuello haciendo que algunos gemidos se escapen de mis labios, cierro los ojos y me dejo llevar por mis sentidos. Siento como la humedad se va acumulando en mi centro, mientras sus manos siguen explorando y bajan a mi a mi trasero pero cuando el vestido empieza a levantarse Alessio lo acomoda.
— Vámonos de aquí — dice y aun estoy con los ojos cerrados. Aunque no estoy segura tomó su mano y salimos del lugar.
— ¿Dónde te estás quedando? — pregunta.
— Hyatt Place — digo y paramos un taxi y vamos para allá.
Estamos en la entrada cuando escucho que suena su teléfono. Lo ignora un par de veces pero siguen llamándolo.
— Lo siento Hera, he tenido una emergencia ¿Te puedo buscar en la mañana? — preguntó y aunque solo me quedan 1 día para buscar a mi objetivo. Quiero volver a verlo.
— Está bien, ¿En la mañana? — pregunté
— Si quieres desayunamos juntos — dice antes de dejar un beso en mi mano, pero al parecer no es suficiente por que vuelve a tomar mis labios en un beso vehemente que me roba el aliento.
— Dame tu teléfono, te llamaré — me pasa su teléfono y yo apunto el mío en su móvil — Nos vemos mañana Hera — dice y suelto el aire que tenía contenido. Este hombre es peligroso para mis sentidos.
Subo a mi habitación y luego de una buena ducha me acuesto a dormir, no puedo esperar para verlo dentro de unas horas.
ACTUALIDAD
Abro los ojos y me doy cuenta que todo fue un sueño, otra vez soñé con el padre de Hebe. Miro alrededor y la encuentro durmiendo en la pequeña cuna del hotel. Siento que la puerta se abre y pienso que será Pablo pero no es él.
Frente a mí estaba Alessio quien ahora sabía que no se llamaba así, él era Alejandro Martínez el prometido de mi madrastra.
— ¿Qué haces aquí? — pregunté
— Este es mi hotel, puedo estar donde yo quiera — dice y recuerdo esa voz ronca. Las imágenes de la noche que pasamos juntos se pasean por mi mente. subiendo la temperatura de mi cuerpo.
— ¿Estás pensando en mi? — preguntó acercándose a mi pero en un movimiento rápido me levanté de la cama y avancé hasta la puerta.
— No claro que no, sal de mi habitación — dije abriéndola pero él la cerró de golpe, y quedé atrapada entre la puerta y su cuerpo.
— Te extrañe mucho Hera, o debería llamarte Sasha — dijo, y nuevamente sentí esa descarga de electricidad que no sentía hace tanto tiempo. Su cara estaba muy cerca de la mía y sus labios rozaban los míos.
— Vete por favor — susurré
— No me iré — dijo firmemente
— Mi novio vendrá — dije
— Ese tonto, no lo hará. Está distraído abajo en la fiesta — dijo
— ¿Te casaste? — pregunté
— Así es — dijo y sentí un dolor que no pude explicar. Traté de separarme de él pero no me dejó.
— Suéltame, ahora eres como mi padrastro — dije moviéndome con brusquedad pero no me soltaba — Alejandro, suéltame
— No puedo — dijo antes de tomar mis labios contra los suyo. No puedo evitar corresponderle, está prohibido, es mi padrastro, ni siquiera sé que es mío, pero está casado y yo tengo novio.
Su beso se vuelve brusco, intenso, apasionado, sus labios toman los míos con desespero mientras su lengua pelea con la mía por dominarme. Sus manos bajan a mi trasero y me levanta del piso, enrollo mis piernas en su cintura y siento el bulto de su falo.
Siento sus dedos jugando con mi ropa interior sobre mi centro. ¡Maldición! estoy mojada y ahora él lo sabe.
— Alejandro — digo a penas y se escucha como tocan la puerta.
— Amor se me perdió la llave ¿me puedes abrir? — dice Pablo. Miré a Alejandro él no estaba nervioso, de hecho se reía, pero yo si temblaba ¿Qué voy a decirle a Pablo?