POV ALEJANDRO
Tengo a Sasha en mis brazos mientras la beso con desesperación. No puedo contener esto que nace desde muy en fondo de mi ser. Es un sentimiento tan intenso el que siento por ella que nubla mis sentidos y aunque estoy entrenado para afrontar situaciones sofisticadas y peligrosas nada me preparó para volver a verla.
Desde que entró a la ceremonia con una niña ambas se veían como dos ángeles. Cuando la vi desmayarse corrí a sostenerla, no me detuve como el idiota de su novio que se quedó en parado en medio camino. Mejor hubiera venido sola. Al tenerla entre mis brazos volví a sentir esos sentimientos que dejé enterrados cuando me despedí de ella hace años.
4 años atrás
Llegué a Washington sin muchas expectativas, mi amigo ya había intentado cazarla pero no lo había conseguido, esta vez ideamos un plan y yo la atraparía para él.
A través de la aplicación “Descubrir a un infiel” mi amigo Manuel la había contactado para contratar sus servicios, él quería que yo me encargara de la mujer que acabó con su matrimonio.
Estaba perdiendo millones y perdería muchos más si la demanda continuaba, poco le importaba su esposa, la había engañado un millón de veces y ella lo sabía, pero lo que nunca imaginó es que ella pudiera conseguir pruebas.
Vi cuando una mujer llegó al bar y pensé que no había manera de que ella fuera la persona que contratamos. Era una mujer extremadamente hermosa, tenía esa aura de ángel, de un ser delicado que atrajo inmediatamente mi lado protector, además de parecerse mucho a mi mejor amiga.
Observé la entrada del bar durante casi dos horas, desde afuera esperando a la “bestia” que mi amigo había descrito pero ella nunca llegó, entonces solo me quedaba una opción, la mujer que veía era la misma mujer que le tendió la trampa a mi amigo.
Me dio mucha curiosidad y cuando vi que estaba por salir, fui a su encuentro. Al ver sus ojos me encontré con un azul, casi del color cielo, tan transparente y puro que me transmitía calma, esas mejillas redondas y rosaditas que provocan ternura, esas pequeñas pecas que adornaban su hermoso rostro como si fueran un millón de estrellas, ella era como una muñequita de porcelana.
Al tenerla tan cerca fue como si una inyección de energía fuera aplicada en mi cuerpo. ¿Es que acaso ella era una loba disfrazada de oveja? No, no podía creerlo, ella no podía ser todo lo que mi amigo me dijo.
— ¿Te lastimé? — pregunté ya que veía sus labios carnosos abrirse y cerrarse pero ninguna palabra salía de su boca.
— No estoy bien — dijo finalmente y escuché su dulce voz. Sonaba como una hermosa melodía, me preguntaba cómo sonarían otro tipo de sonidos al salir de su boca. ¡Enfócate Alejandro! — me dije a mí mismo. Fue apartándose de mí pero no podía permitir que se fuera.
— Espera — dije tomando su hombro. Sentí como una chispa explotó entre mis dedos — Te invito un trago — dije cuando volteo a verme nuevamente.
Por un minuto vi la duda en su rostro pero luego aceptó. Nos dirigimos a una mesa. Está muy callada y yo lo que necesitaba es que hable, necesitaba volver a escuchar su melodiosa voz — ¿Cómo te llamas? — pregunté
— Soy Hera — dijo y sin duda el nombre le quedaba hermoso. Me ofreció su mano y al sentir su piel con la mía la apreté quería sentirme cerca de ella. Sentir su piel erizarse cuando la toqué se sintió como si una droga hubiera entrado en mi sistema y me estaba volviendo un adicto a esta.
— ¿Hera? ¿Como la diosa? — pregunté, y ella solo asintió con la cabeza. Me parecía una mujer muy tímida.
— Soy Alessio — dije, no le iba a decir mi verdadero nombre, no la conozco y no debería estar aquí con ella. Llevé mis labios a su mano y deposite un beso. Levanté la vista para verla y lo que encontré fue una obra de arte — ¿Has tomado mucho? — pregunté ya que sus mejillas se veían cada vez más rojas.
— No, solo una copa antes de esta — dijo
— Es que estás poniéndote roja — respondí. Empecé a preguntar algunas cosas pero no respondía, entonces me di cuenta que así como ella me atraía yo también le gustaba — ¿Crees que los unicornios son reales? — pregunté para probarla
— ¿Qué? — respondió, saliendo de su sueño.
— jajaja nada, es solo que te quedaste mirando a la nada, me imagino que no escuchaste lo que te pregunte —
— No lo siento — respondió
— Te preguntaba ¿ Qué hacías aquí? — tenía que averiguar si ella era la mujer que buscaba. Si no tendría que dejarla ir.
— Vine a divertirme — respondió
— ¿A un bar donde solo vienen hombres? Eres como una botella de agua en medio del desierto — dije, necesitaba información y parecía que no me la daría.
— ¿Agua? eso era lo que sentía recorrer entre mis piernas — respondió ¿Acaso estoy soñando? Vi en sus ojos ese toque de excitación que yo conocía perfectamente. Estaba a punto de dejarla ir pero ahora no podía.
La invité a retirarnos, por un segundo pensé que no aceptaría pero cuando tomó mi mano, sabía que la tenía. La llevé a un club muy conocido. Antes de entrar acomodé su cabello, mi boca quedó muy cerca de su oído
— Antes de entrar déjame arreglarte, así te ves mucho mejor — dije después de soltar su cabello.
Bailábamos pero sentía que estaba muy lejos de mi asi que me fui acercando, el movimiento de sus caderas sincronizaban con los latidos de mi corazón. Coloque mis manos en su cintura, quería sentirla cerca, quería que fuéramos uno solo.
Me estaba excitando al ver como su apariencia llamaba la atención, me encantaba como los hombres me veían con la mujer más hermosa del lugar. Se giró a verme y conectamos miradas nuevamente.
— ¿Qué sucede Hera? — pregunté muy cerca de su oído. Sentí que quería retirarse un poco pero no la dejé y en un rápido movimiento rodeé su cintura con mi brazo y la ajusté a mi.
— Me gustas Hera, me gustas demasiado — dije y no pude aguantar más, y tomé sus labios bruscamente porque me sentía desesperado, quería calmar mi sed de ella.
El beso en lugar de calmarme, encendió mi cuerpo completamente y no podía parar quería hacerla mía ahora mismo. Empezó a corresponder mi beso y sentí un pequeño temblor en su cuerpo, imaginé como temblaría debajo mio después de un orgazmo.
Mis labios empezaron a bajar por su cuello, abrí los ojos y la veo completamente relajada pero yo no lo estoy. No sé qué es lo que estoy sintiendo pero no puedo parar, ella acaba con mi fuerza de voluntad.
Bajo mis manos por su espalda y llego a su trasero, lo aprieto con ganas mientras la sigo besando, pero siento que se está levantando el vestido y no quiero que nadie la vea así que acomodo su ropa.
— Vámonos de aquí — dije y aceptó — ¿Dónde te estás quedando? — pregunté estando afuera.
— Hyatt Place — respondió y tomamos un taxi hasta allá. No quería alejarme de sus labios y los besé cuantas veces quise hasta llegar al hotel. Sus suaves labios encajaban perfectamente con los míos.
Estamos entrando cuando siento mi teléfono sonar, sé quién es y no me interesa, así que lo ignoró, pero la maldita de Fabiola sigue llamando. Debo irme.
— Lo siento Hera, he tenido una emergencia ¿Te puedo buscar en la mañana? — pregunté, ahora mismo no quería nada más que tener la oportunidad de estar con ella asi sea solo una vez.
— Está bien, ¿En la mañana? — preguntó y era perfecto ya que en la noche citaré a la mujer nuevamente. Necesito acabar esto y volver a casa.
— Si quieres desayunamos juntos — dije a punto de irme, deje un beso en su mano pero no pude contener mis ganas y la atraje a mi nuevamente para besarla. ¡Maldición! ¡Es tan adictiva!
— Dame tu teléfono, te llamaré — dije e intercambiamos información — Nos vemos mañana Hera.
Salí del lugar y tomé mi teléfono para llamar a Diego, mi asistente.
— ¿Qué quiere Fabiola? — pregunté
— Quiere saber dónde está ¿Le digo? — pregunta y si estuviera frente a mi lo ahorcaría.
— Diego no seas tan tonto que tengo un millon de ganas de depedirte, no le puedes decir nada, solo dile que me deje de joder me arruinó la noche — dije antes de cortar la llamada.
Me malograron la noche con mi hermosa Hera, pero mañana será otro día y la volveré a ver.
ACTUALIDAD
— Alejandro — dice cuando dejo en paz sus labios, necesito respirar para calmar los latidos de mi corazón.
— Amor se me perdió la llave ¿me puedes abrir? — dice el idiota de su novio al otro lado de la puerta. Veo como se pone nerviosa eso me pone un poco celoso no puedo negarlo.
— Vete — susurra y niego con la cabeza. Tomo mi telefono y le mando un mensaje al tonto de Diego, él era el encargado de hacer que este payaso no nos moleste.
— Amor, no pasa nada, volveré a la fiesta — dice “el payaso” y sé que Diego al fin hizo su trabajo. Le daré un incentivo.
— ¿Tu hiciste eso? — preguntó Sasha
— Claro que sí — dije mirando sus ojos, benditos ojos azules que me encantan.
— ¿Por qué? — preguntó y dejó sus labios entreabiertos, quería tomar su boca y hacerla mía de mil maneras pero no podía.
— Quiero pasar mi noche de bodas contigo ¿Aceptas?