El frío azotaba la puerta de aquella vieja cabaña. Él se sentía feliz, pues elegir Hungría, en especial Budapest había dado sus buenos frutos. Los bosques jugaban a su favor, le permitían esconderse, algo que iba a tener que hacer, al menos durante un tiempo.
-La paciencia siempre ha sido una de mis virtudes, ¿Estás de acuerdo?
El invierno estaba por llegar, eso facilitaría su escape, estaba seguro. Además, tenía junto a él su mayor aliado.
-Siempre estuviste llenos de virtudes, algo que te llena de infortuitos en mi opinión.
Ambos daban hondas caladas a los cigarrillos, sonriendo en la oscuridad.
-Hay mucho por recorrer, ella va a estar cuidada por muchas personas ahora que finalmente la ha encontrado.
-¿No tendrás miedo, o si, madre?
La mujer de n***o cabello y ojos grises le sonrió con frialdad.
-¿Eso que es?
Cualquiera pudo haber escuchado el estruendo que causaba en la silenciosa noche aquella risa.
-Sigue siendo Mía, nadie la conoce mejor que yo. Nada de lo que le digan, o hagan, podrá cambiar el monstruo que cree. Siu interior siempre me pertenecerá.
La mujer arrojó la colilla hacia el suelo, alzando su rostro a las estrellas.
-No saben el monstruo que tienen bajo su protección.