Capitulo 10

1227 Words
-Deseaba tanto verte crecer. Cada noche, le pedía a Dios por ti. Escucharte respirar es lo mejor que me ha pasado en veinte años, Maia. -Señora Evans, lo lamento, pero debemos irnos. -¿Ella me escuchó? -Dicen que, se recuperan más pronto aquellos a quienes sus familiares les hablan. -De acuerdo. La dulce voz iba a alejarse, su calor se estaba desprendiendo de mi mano. Intente retenerla. -Ella apretó mi mano, enfermero. Maia apretó mi mano, se lo aseguro. -Su ritmo cardíaco está en ascenso, debe salir de aquí señora Evans. -Pero y Maia... -¡Ahora! El calor se fue. El frío estaba volviendo, trataba de luchar contra él y no podía. La voz se hacía tenue... No. No. No. No. No. Las garras apretaban mi cuerpo otra vez, la oscuridad luchaba por reclamarme. -¡¡¡NOOO!!! Estaba en un lugar desconocido. La habitación era blanca, tenía frío y mi estaba conectada a cables o eso creía. -¡Maia! ¡Maia! ¡Soy yo, hija! Vi a la mujer, ella me llamaba hija. Vestía un traje extraño... Estaba completamente cubierta, incluso la boca y tenía el cabello con un gorro azul. Había algo en su mirada, algo que se me hacía conocido. Perdí la conciencia. *** Iba y venía. A veces había luz, y otras oscuridad. Había una presión en mi vientre bajo, quería hacer pipí. -Pi... -Hagan silencio, la escuché hablar. -Señor Kane, basta. -Pip... Abrí los ojos, con lentitud. Mi cuerpo entero dolía, quería hacer pis y al parecer tenía público. Trate de levantarme, pero mi costado protesto contra los movimientos que deseaba hacer. Examine aquel entorno, en un intento de distraer las protestas de mi vejiga. Estabamos junto a una ventana el sol alumbraba la habitación color celeste y blanco, habían muchas flores en bonitos recipientes y globos que flotaban hasta llegar al techo. -Mia. Cameron. Estaba a los pies de la cama, tenía la misma ropa que le ví la última vez. Estire los brazos, no sabía que esperaba con aquello, pero él se acercó y me abrazo mientras yo enterraba la nariz en el centro de su pecho, inspirando su olor. Me aferre a su espalda, con tanta fuerza que las yemas de mis dedos dolían. De pronto, me separé recordando el motivo por el que desperté. -Cam, llévame a... Pis. Demonios, ¿Que le sucedía a mi garganta? -Oh, bueno... Él giro la vista, hacia nuestro público. Eran un hombre y una mujer mayores, pero no tanto. Ellos sonreían mucho, mientras me miraban. ¿Se burlaban de mí? -Mia, quiero presentarte a unas personas muy importantes y especiales. -Bien. -Ella es María Evans, y su esposo Thomas Evans. Asentí hacia ellos. -Hola.-eso era todo lo que había por decir.-Hola, a ustedes. La señora se aferró a aquel hombre mientras sollozaba y agitaba su mano, que luego utilizo para cubrir su boca. El hombre por otro lado, lloraba libremente, aunque sonreía. Todo esto era raro, me miraban fijamente. Quizás, finalmente Florencia me había contagiado sus hábitos y me había babeado. Limpie mi boca, pero no había ningún rastro. Un momento... -Florencia, Cam... Flor ... -Ella está bien, Mía. Vendrá más tarde a verte. -Oh... Con lentitud el quitó mis manos de su espalda, se acercó a aquellos desconocidos y hablaron entre susurros. Después de unos segundos, llegó una mujer joven, vestida de blanco. -Venga señorita Evans, la llevaré al baño. Me observaba a mi, me hablaba a mi, pero esa no era yo. -Cameron...-lo observaba interrogante. Él lanzo un largo suspiro y observo a la pareja. Quienes luego de intercambiar miradas, asintieron. -Enfermera, iré con ustedes. Ambos me ayudaron a salir de la cama, librandome de aquellas cosas que se unían a mi cuerpo. Baje la mirada, no parecía que tuviera ropa, solo una tela casi transparente que, en cuanto me puse de pie, supe que estaba cierta en la espalda. Estaba acostumbrada a la sensación, pero no con tantas miradas sobre mi. Me sentía nerviosa, por lo que aferre mis manos a Cameron, evitando a los desconocidos. Una vez dentro del baño, sentí un extraño mareo, por lo que termine en brazos de Cameron, él me devolvió a la habitación. Dónde todavía estaban la pareja, ellos en cuanto entramos se pusieron en pie, parecían tener la intención de acercarse a mi. Podía asegurar que no era la única que se sentía incómoda, no sabía que hacer, solo los miraba y ellos sonreían. ¿Eso es normal? -Mia, ¿Te gustan las flores?-Cameron rompió el silencio.-Son un obsequio de María, ella pensó que te agradaría despertar con ellas aquí. Observé la variedad de colores y formas, eran hermosas, desprendían un olor dulce. -Me gustan, gracias. Nuevamente se hizo el silencio. De a poco fui recordando todo lo que había sucedido, hasta que llegue a una conversación que se había perdido entre tantos pensamientos. Debian ser ellos... -Son mis padres, ¿Verdad? Ellos se tomaron de las manos. Asintieron con lentitud, abrazados, se iban acercando a mi, pero yo no los quería cerca. Estaba confundida. -¿Quien soy?-la pregunta iba dirigida a quien supiera la respuesta.-¿Alguno puede decirme? -Tu nombre es Maia Isabel Evans.-respondio el hombre de ojos azules.-Tienes veintidós años actualmente, naciste en Edimburgo. Tienes raíces británicas y latinas, eres nuestra hija. -Nunca nos rendimos, Maia. Jamás lo haríamos, porque te amamos.-dijo la mujer. Ella era mi madre y aquel hombre era mi padre, según lo poco que Florencia me explico, más lo que yo leí, deberia sentir alguna emoción por ellos, pero no era así. No sentía nada. Aídan tenía razón, iba a ser una mujer incompleta, no pertenecía a ellos. -Bueno, no debemos presionarte. Iremos tratandote con los mejores psicólogos, vas a recuperar tu vida muy pronto. ¿Psicoque? Las palmas de mis manos se sentían pegajosas, buscaba a Cameron con la mirada, él debía decir algo. No podía dejar que me llevarán dónde... Eso, lo que sea. No, lo iba a permitir, pero él no pronunciaba palabra. Tenía la cabeza agacha, se veía... Derrotado. El aire de la habitación se hizo difícil de respirar. Miedo recorría mis venas, miedo por aquello que había deseado. ¿Iba a permitir que ellos tomarán el control de mi vida? ¿Sería para ellos lo que era para Aídan? ¿Una mascota? Esperaba que no, pero sabía que, solo una persona podía ayudarme en esto. -Cameron irá conmigo, ¿Verdad? Él... Él no puede alejarse de mi. Todas las miradas se dirigieron a él, que levanto la vista clavanzo la hermosura de sus ojos en mi. -¿Quieres que vaya contigo? No por primera vez, desee saber si todos los hombres serían como él. -No puedo irme sin ti.-le dije a Cameron, luego me dirigí hacia "los padres".-¿Estamos de acuerdo? No parecían muy satisfechos, pero luego sonrieron y afirmaron. -¿Podemos abrazarte? Después de sentir una sensación de vacío en mi estómago y un nudo formarce en mi garganta, no pude responder. Cameron tomo mi mano, animándome a aceptar aquella súplica. Vacilando, respondí con voz ronca. -Si, si pueden. No esperaron dos veces, casi se arrojaron contra mi, sentí sus cuerpos fundirse con el mío. Poco a poco, una sensación de calor se extendió dentro de mi pecho, haciéndome descubrir algo increíble... Podría no estar totalmente rota, pues me sentía completa.
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