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2328 Words

—Veintinueve días, Enrico. Dentro de veinticuatro horas se cumple un mes y me vienes a decir que siguen sin dar con esa mujer —dije en un tono de voz baja y afilada, sin paciencia para el asombro ni para la excusa. No rugí, no necesité gritar; la calma en el tono de mi voz cargaba la amenaza que las palabras sobrarían en pronunciar. Era inaceptable. Era una vergüenza injustificable que, para esa fecha, ni siquiera supiéramos si esa tal Alysel estaba viva, si estaba en la ciudad o si dejó el país. —¿Cómo era posible que una ausencia de ese tamaño no dejara rastro? ¿Qué han hecho tú y los hombres, Enrico? ¡Con un demonio, es la hija de Nicola! ¿Cómo nadie va a saber dónde está? —Sabes como soy Davide, no paro en hacer todo para darte respuestas, pero parece que se la tragó la tierra. —¿

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