Nicolas Era extraño todo lo que podía cambiar en solo una noche. Despertar y verla ahí, en la cocina, con el cabello desordenado y su pijama puesta, fue como si el dolor de las costillas y el ruido de la prensa hubieran desaparecido, al menos por un rato. Melissa había vuelto, sin previo aviso, sin promesas, sin advertencias, solo apareció… y eso bastó para que mi mundo se alineara de nuevo. Ese día, mientras terminaba de tomar el desayuno, me preparé para algo importante: la visita del fisioterapeuta. A las once en punto, el doctor Evans Perth —el otro Evans, el que sí tenía licencia médica— llegó con su equipo portátil, revisó mis costillas con cuidado, midió mi movilidad, la inflamación y el nivel de dolor. —Tienes un umbral de recuperación por encima del promedio —comentó mientra

