**WALDINA** La puerta se abre sin un sonido. Él entra, y la atmósfera de la habitación cambia al instante. Erick no trae consigo el perfume de la opulencia; trae el olor a metal, a aire libre, a hombre. La toalla blanca está anudada en su cintura, un contraste brutal con su piel bronceada y los músculos que parecen tallados en su torso. No es el cuerpo de un ejecutivo que pasa horas en un gimnasio de club; es el cuerpo de un hombre que usa su fuerza como herramienta, que la ha forjado en el trabajo y en la disciplina. No hay palabras. No las necesitamos. Las palabras son de Julián, son para el mundo exterior. Aquí, solo existen los instintos. Él cruza la habitación en dos zancadas, y yo me levanto para recibirlo. Nuestros cuerpos chocan, y no hay delicadeza en el encuentro. Es una colisi

