**ELARA** Cuando finalmente nos detuvimos al borde de un mirador para tomar un descanso, la ciudad se extendía ante nosotras como un mar de luces titilantes. Nos sentamos en nuestras motos, riendo por las pequeñas anécdotas de la noche: las curvas cerradas que casi nos toman por sorpresa, los momentos en los que Carol exageró con la velocidad y Rachel tuvo que recordarle que no éramos invencibles. —¿Sabes? —dijo Rachel mientras miraba hacia el horizonte—. Hay algo mágico en las noches como esta. Carol asintió y añadió: —Es porque estamos juntas. Eso lo hace especial. Yo sonreí mientras sentía el viento acariciar mi rostro. Tenían razón; todo era mejor cuando estábamos juntas. Y aunque la noche eventualmente llegaría a su fin, sabíamos que habría muchas más como esta, porque con ella

