**ELARA** El viaje de regreso fue silencioso. Julián no intentó hablarme y yo tampoco hice el esfuerzo. Cuando llegamos a mi casa, él abrió la puerta para dejarme salir y me miró con una expresión que no pude descifrar. —Buenas noches, Elara —dijo suavemente. No respondí. Solo me giré y caminé hacia mi puerta, sintiendo su mirada clavada en mi espalda hasta que desaparecí dentro de la casa. Al cerrar la puerta detrás de mí, me apoyé contra ella y cerré los ojos. Me sentía atrapada entre dos mundos: el mío, lleno de risas y libertad, y el suyo, lleno de reglas y protección malentendida. No sabía cuál era el camino correcto, pero algo dentro de mí gritaba que tenía que encontrarlo por mí misma. —¿Dónde demonios estabas? —preguntó mi madre. Apenas crucé el umbral. Su tono era una mezcla

