Me remuevo en mi cama una vez más, tapándome el rostro por completo con el edredón y cerrando los ojos con fuerza. Estaba enojada conmigo misma, por lo estúpida e ilusa que estaba siendo. Luciano no contestaba mis mensajes desde hace exactamente una semana, luego de aquel candente encuentro que compartimos en los asientos de su automóvil y no podía dejar de sentirme una idiota por haberme ilusionado a este nivel con tan solo unos besos y palabras bonitas. Los mensajes de buenos días y las llamadas nocturnas habían llegado a su fin, lo que me dolía profundamente ante su repentino desapego conmigo. Por otro lado, no dejaba de pensar en que yo había hecho algo que había logrado arruinar todo esto, pero al rememorar todo, no encontraba nada que hubiera generado que él se aleje así de mí. De h

