NATALY WILSON

1459 Words
La joven antes de empezar su relato seco sus lágrimas, esas que desgarraban su alma por tener los recuerdos vivos de un pasado doloroso, para luego acunar la cara de su padre, el cual estaba preocupado, con ese gesto ella le dijo que esté tranquilo, ella estaba bien y era momento de arrancar el pasado de raíz para seguir avanzando. Netty dio algunos pasos tratando de apaciguar su llanto y poder hablar, ella caminó hasta pararse delante del gran ventanal de su casa y su vista se quedó en un lugar fijo, trayendo los recuerdos. —¡Papi! ¡Mami! —gritaba feliz Nataly. —Ohhh mi pequeña. Su padre en la puerta de su panadería recibía siempre a su pequeña al regresar con su madre luego de las compras. Nataly era hija única, sus padres la amaban con todo su ser, la niña de cabellos color del sol giraba alrededor de sus padres con sus brazos en alto simulando ser un avión. Eran una familia luchadora, contaban con una pequeña, pero acogedora pastelería, que se ubicaba en la primera planta de su casita, la cual era trabajada por ambos padres. cantaba su madre todas las noches para arrullar a su pequeña, mientras que su padre la arropaba. Nataly era feliz, muy feliz. —yo quiero ir con ustedes. —Decía la pequeña despertando. —No puedes mi amor, estas con un poco de fiebre por la gripe, papá y yo volveremos pronto, solo iremos a recoger los sacos de harina y demás utensilios, Doña Matilde te cuidará bien, acaso no te gusta estar con ella. —Pregunto su mamá antes de partir. —Doña Mati es buena, yo la quiero mucho, me quedaré y seré buena niña. —Nunca olvides que te amamos mi amada hija, papá te traerá un regalo por ser buena. —Siii. —Ambos padres sonríen por su pequeña y se despiden de la anciana que cuidaría por un momento a su hija. Pasaron las horas y del claro de día paso a la noche, doña Matilde estaba preocupada, los padres de la pequeña eran personas buenas y responsables, nunca dejaban a su pequeña por más de tres horas a su cuidado. ¿Qué habría pasado? Se preguntaba la anciana. La niña dormida empezó a llorar y clamar por sus padres, eso hizo correr a la anciana para tomarla en sus brazos y arrullarla sintiendo un mal presagio el cual rogaba que solo fuera un pensamiento y no una realidad. Al día siguiente tocaron la puerta de doña Matilde y su asombro fue ver al alguacil con cara seria y mirada lejana, todo el pueblo conocía a los padres de Nataly, eran personas buenas y trabajadoras que con lo poco que tenían ayudaban a los demás. —Por favor, no... —Susurro la anciana. —Lamento traer esta noticia, pero ayer en horas de la tarde los padres de Nataly tuvieron un accidente, un tráiler de frutas se cruzó en su camino y al esquivarlo el auto de ellos rodo al barranco. —El alguacil hablaba con pesar. —Dios mío, mi pequeña. —Susurraba la anciana. —Los cuerpos yacen en la morgue y estamos buscando al único hermano del fallecido. —Pero ese hombre es ruin, igual su esposa, solo venían a visitar a su hermano cuando querían dinero prestado, para luego desaparecer. —Gruñía la anciana. —Lo sabemos, pero esta pequeña no puede andar sola por el mundo, necesita que se hagan cargo de ella y no vaya a un orfanato. —Oh bendito dios, porque sucede esto a la gente buena. —Se lamentaba y lloraba doña Matilde. —Lo siento. —Susurró el alguacil. Era cuestión de tiempo para que aparezca el tío de la pequeña, ¿qué sería de ella? Un angelito caería en esas garras, solo la anciana esperaba que le den una vida decente, mientras que ella se prometía así misma velar por esa niña de rizos dorados y sonrisa angelical. Y así paso una semana, cuando el único hermano del padre de Nataly había llegado con toda su familia a instarse a la casa de su hermano, había contratado a un joven que vivía cerca y tenía conocimiento sobre la pastelería para que se encargue de los hornos y su esposa atendería el lugar. Luego de instalarse fue a la casa de doña Matilde para llevarse a su sobrina, la anciana, con pesar la entregó. —Tío viniste a visitar, mis papis no están, doña Mati dijo que estaban de viaje. —Mencionaba la inocente niña. —Si ya volverán mientras tanto viviremos juntos, a Margot le gustara tu compañía, son casi de la misma edad. —¡Ohhh que bien podremos jugar con mis muñecas! Llegaron a la casa y el aura era diferente, Nataly corrió a su habitación, pero se sorprendió al ver a su prima rompiendo sus muñecas, en ese instante le quito la muñeca más preciada para ella, sin embargo, su prima lloró llamando a su madre, quien con una mirada de odio hizo retroceder a Nataly, la pequeña se dio cuenta que esas personas no serían buenas con ella. >diez años después< —Hey Nataly niña traviesa, no corras, llévate estos dulces que me llegaron ayer de la capital, mi ahijada me los envió, pero no puedo comer mucha azúcar, anda, sé que te gusta el chocolate. —Sonreía doña Matilde. —Qué rico, gracias doña Mati, los guardaré bien y me los comeré luego del trabajo, me voy, es tarde y por la noche debo hacer las tareas. —Se despedía Nataly. Habían pasado varios años, Nataly ya era una hermosa jovencita, ella como todos los días iba al colegio y antes de volver a la panadería pasaba por la casa de doña Mati para dejarle unos bollos que ella preparaba por las noches. Cuando ella cumplió los ocho años sus tíos le dijeron que sus padres murieron en un accidente, la pequeña quedo devastada, no obstante doña Matilde siempre estuvo ahí para ella, fue su refugio y consuelo. Sus tíos nunca le dieron ni un tipo de cariño, ellos vivían a las anchas de las pocas ganancias de la panadería. Ni que hablar de su prima Margot, era cruel, siempre le hacía la vida difícil. Nataly trabajaba en la panadería de sus padres y así aplazaba lo inevitable, el cierre. A su tío no le importaba nada solo el juego y su tía era otra que prefería comprar maquillaje o algún vestido para su hija. Nataly nunca permitiría que la panadería de sus padres deje de funcionar, era lo único especial que quedaba de ellos. —¡Que haces Margot, deja mis cosas! —Gruño Nataly. —¿o qué querida prima? No me obligues a llamar a mi madre. —No hay nada aquí que te pueda interesar, por favor solo márchate. —Ja ja ja tan tonta primita, pronto muy pronto ya no te veré y seré inmensamente feliz. Nataly no entendía a lo que se refería su prima, así que hizo caso omiso. Salió de su habitación con su ropa de trabajo y se alistó para ayudar al panadero, ella era buena con el señor Dante y él siempre le ofrecía una sonrisa de gratitud, pobre chica se decía, vivir con esta familia era terrible, el podía escuchar los gritos de la tía hacia Nataly, los malos tratos, las reprimendas, el nunca preocuparse por si comía o vestía, la joven siempre andaba con ropa remendada, pero eso a ella no le importaba, siempre y cuando tenga en su vida a doña Mati y la panadería de sus padres. Ella disfrutaba pasar tiempo en ese lugar, recordaba algunas imágenes donde sus padres reían mientras preparaban los pasteles. —Aquí estás. —Dijo su tío molesto. —Si dígame tío. —En estos días es tu cumpleaños número quince, prepárate te haremos una pequeña reunión, tu prima te dará uno de sus vestidos para que estés presentable. —¿Qué? ¡Una fiesta! —Los ojos de la muchacha se iluminaron. —Que eres sorda, es lo que te acabo de decir, así que ya sabes, te arreglas un poco. Se marcha su tío ofuscado, para Nataly no era sorpresa, ese trato hacia ella, pero de la alegría que sentía por una fiesta también le dio temor, ¿por qué sus tíos querían hacerle una pequeña fiesta? Decía entre nerviosa y feliz, nunca le habían dado ni un abrazo de cumpleaños en todos estos años. — Niña ándate con cuidado, no es normal que quieran hacerte una fiesta, atenta mi niña, le dijo el panadero. Ella afirmó sabiendo que era extraño, pero quizá en esta ocasión sus tíos cambiarían de parecer y podrían empezar a quererla.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD