MIS PADRES

935 Words
Netty sentía el alma destruida, pero no por saber que ellos no fueran sus padres, sino el imaginar ¿quién podría odiarla tanto para matarla? ¿Qué había pasado?, tendría una familia quien la extrañaba o no … Todo era dudas y dolor. De pronto una voz que ella conocía muy bien la hizo girar bruscamente en busca del computador. —Hola mi amor. —¿Mamá...? —Sé que debes estar confundida, dolida, pero cariño dime que podía hacer. >Era Cristina Visso quien hablaba en ese video, su rostro estaba delgado y Netty recordó que era unos días antes de que ella partiera lo sabia bien porque ese dia la encontró llorando en su cuarto y ella pensó que lloraba porque se iría y los dejaría solos. —No te dejaría solo jamás, desde el día uno que te salvamos me dije que te ayudaría en todo, pero la situación cambio al no recordar nada, no tenías memorias, llámame egoísta si quieres, pero desee de corazón darte todo mi amor mi cariño, mi atención, te hice mi hija y no me arrepiento de nada, pero la vida no deja de sorprendernos, al noveno año juntos converse con tu padre porque mi lucha con mi enfermedad estaba terminando yo me iría, yo luche por vivir un poco más por ti hija mía, tu Netty Visso eres mi hija mi aliento de vida. Pero mi egoísmo debió parar, tu padre lloraba en silencio imaginando todos los escenarios posibles donde te perdíamos cuando te dijera la verdad, porque esa fue nuestra última decisión juntos. Si has tenido familia esperando por ti, espero me perdonen algún día por mi forma de actuar, pero solo dios sabe que al encontrarte en ese estado me dolió el alma peor aún verte indefensa, sin recuerdos. Cristina Visso hablaba con poco aliento mientras las lágrimas corrían en ese rostro delgado y pálido. Al final solo limpio sus lágrimas y miro una vez más la cámara. —Te amo tanto, hija, me hiciste plena, fueron los mejores años de vida que tuve porque al fin tuve mi familia completa. Espero sepas perdonarnos, ya no estoy ahí, pero tu padre te ayudará en buscar la verdad de tu origen, esa fue mi última voluntad. Ruego a dios, encuentres la paz y felicidad en tu corazón, hija mía. Te amo… >Netty lloraba y gritaba dándose golpes en el pecho, dolia, habia una herida sangrante y no paraba de doler. Solo en su mente pasaba su madre llorando por un perdón que no habia, ¿que podia perdonar a la mujer que la amo sin reparos y un padre que vivió torturado por una verdad? Al levantarse para ir a consolar a su padre ella sintió un fuerte dolor de cabeza que la hizo perder la conciencia. En ese instante don Albert al sentir un sonido extraño ingreso a su despacho, pero en el instante grito a su servidumbre pidiendo que llamen al doctor de cabecera de su hija, su hija estaba desmayada y la vida no pudo darle un golpe más duro a don Albert. Luego de llevarla a la clínica y hablar con el doctor, don Albert estaba un poco más tranquilo, el mismo médico le había dicho que ella estaba bien de salud, pero sufrió una fuerte impresión y por eso fue el desmayo, debían esperar. Fue una noche larga para don Albert sentado a un lado donde su hija dormía, parecía un ángel hasta pudo ver una pequeña sonrisa en su rostro. A él le dolía el corazón, quizá su hija lo deje, cuando ella encuentre a su familia se decía él. Pero ya la verdad estaba dicha y solo dependía de ella tomar sus decisiones. Pasada largas horas, casi al amanecer. Netty despertó, aún tenía un poco de dolor de cabeza pero era tolerable. En ese instante vio a su padre dormido con la cabeza en su cama, todo desalineado y ojeroso, Ohhh su padre, su amado padre. —Papá despierta, por favor. La muchacha sacudió un poco el brazo de su padre y de inmediato don Albert abrió los ojos, quedando expectante de lo que diría su hija. —H-Hija…— susurró. —Sí, soy tu hija y siempre lo seré. Don Albert no podía salir de su asombro, él tenía miedo a algún rechazo, pero no fue así su hija, su Netty lo miro con una sonrisa. —Son los mejores padres del mundo, dios fue el mejor conmigo al ponerlos en mi camino, me siento bendecida, papá, quita esa idea absurda de tu cabecita, nunca te voy a dejar, tú y el recuerdo de mamá son mi aliento de vida. —Hija, oh, mi hija. Don Albert abrazo a su hija y entre lágrimas mencionaba a Cristina, cuan feliz estaría ella ahora. Luego de un tiempo más a Netty le dieron de alta, don Albert vio un atisbo de tristeza en los ojos de su hija, no quería preguntar sabiendo que todo esto es difícil de asimilar para ella. Llegaron a casa y ambos, luego de un silencio prolongado mientras se abrazaban sentados frente a la chimenea, se miraron. Netty empezó a llorar, su padre la abrazó, ella negó un momento y se levantó para poder respirar y mirar a su padre. —Tengo algo que decirte. —Dime cariño, papá, está atento a tus pesares. —Te contaré una historia de una joven que conoció el infierno desde muy chica. Don Albert se quedó observando a su hija, que está pasando, se preguntaba. —Es la historia de Nataly Wilson, mi historia, he recordado todo papá, todo….
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