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1192 Words
Capítulo 6 Después de colgar el teléfono, Emily se quedó pensando en Fred. Por primera vez en mucho tiempo alguien se preocupaba por ella y como se sentía. Para ella era una pequeña luz entre la abrumadora oscuridad en qué se encontraba en ese momento. —¿Por qué estás hablando con ese imbécil?— Soltó de repente el CEO con voz hostil. Emily se quedó petrificada al escucharlo, ya que no había notado la presencia de Alexander. Este la toma del brazo fuertemente y la lleva al interior de la casa. —Alexander, por favor. Me estás lastimando, déjame explicarte—. Le decía Emily completamente aterrada. Alexander nunca le había puesto una mano encima anteriormente, pero a ella le daba mucho miedo cuando él se enojaba y se alteraba de esa manera. —Cállate y ven acá—. Le decía él mientras la jalaba del brazo bruscamente. —Por favor, Alexander. Me duele, me estás lastimando—. —¿Ah si? Pues tú tienes la culpa. Tú siempre me provocas. Tú sabes que soy un hombre muy importante ¿Que es lo que quieres, estúpida? ¿Pretendes hacerme quedar como un cornudo ante la sociedad? ¿Quieres convertirme en la burla de todo el mundo?— Decía él sumamente furioso. —No, Alexander. Déjame explicarte, las cosas no son como tú crees—. —¿Ah, no? ¿Y entonces por qué estabas hablando con ese estúpido? No me digas como solo te habló para darte los buenos días—. —Todo tiene explicación, Alexander. Por favor, yo sería incapaz de faltarte de esa manera. Créeme, por favor. Él solo me llamó para saber si estaba bien. Él fue quien me encontró cuando me dejaste en medio de la carretera y después del encuentro de anoche, se quedó muy preocupado. Estabas tomado e intentaste golpearlo—. Le decía ella tratando de hacerlo entrar en razón—. —Y la próxima vez que lo vea, le partiré la cara, te lo juro. Le enseñaré a ese tipo a respetar a las mujeres casadas —. —Por favor, Alexander, tienes que creerme, te juro que no es lo que crees—. —Pues más te vale que así sea, Emily. Conmigo no vas a jugar, métete eso en la cabeza o te podría ir muy mal—. Inmediatamente, Alexander usó sus técnicas de manipulación para quebrarla emocionalmente. —He dedicado mi vida a hacerte feliz y a darte todo, Emily. ¿En verdad necesitas a alguien más que a mí?— Decía él en tono de víctima. Era la manera perfecta de manipular a Emily. —Alexander, eres el único hombre en mi vida, te lo juro. Nunca te faltaría al respeto de esa manera, y claro que no necesito a nadie más—. Emily se sentía abrumada por la culpa. Alexander logró su propósito de hacerla sentir siempre culpable de todo. —Por favor, Alexander, te suplico que creas en mí.— Argumentó ella totalmente quebrantada—. —Así me gusta, Emily. Que tengas muy presente que el único hombre en tu vida soy yo, así que nunca debe pasarte por la cabeza la idea de traicionarme, porque sabes muy bien de lo que soy capaz —. Respondió el CEO con una pequeña sonrisa de satisfacción. —Lo sé, Alexander. Respondió ella con la cabeza agachada—. Alexander la tomó del rostro y le empezó a besarla. Bueno, querida. Es hora de que cumplas con tus deberes de esposa, así que vamos arriba a nuestra habitación, cariño—. —Si mi amor, vamos—. Alexander la cargó en brazos y se dirigieron hacia su alcoba. Alexander se dispuso a poseer a su esposa, lo hacía de manera egoísta, sin siquiera preocuparse si su esposa lo disfrutaba. Ella solo preocupaba por satisfacerlo y tenerlo contento, si importar ella misma. El ambiente se tornó tenso en la habitación mientras Emily se sentía atrapada en un matrimonio que parecía más una cárcel emocional. Mientras Alexander dormía, Emily se deslizó con cuidado de la cama y se dirigió al balcón para tomar un poco de aire fresco y despejar su mente. El frío viento de la noche acariciaba su rostro mientras las lágrimas de frustración brotaban de sus ojos. Se sentía como si estuviera atrapada en un laberinto sin salida, donde cada paso que daba solo la alejaba más de la felicidad que tanto anhelaba. Mientras tanto, Fred se encontraba en su oficina, absorto en sus pensamientos. No podía dejar de pensar en Emily. Sentía la necesidad de protegerla y sacarla de ese infierno, pensaba en lo feliz que ella hubiera sido si se hubiera decidido por él, pero finalmente eligió a Alexander. Por otro lado, estaba pensando en la manera de poder acercarse al corporativo Brooks, tenía que idear una idea que fuera muy atractiva para que Alexander acepte hacer negocios con él y, a la vez, estar cerca de Emily. Recordó que había trabajado con una consultora de negocios llamada Allison Cooper. Sabía que Allison tenía conexiones en el mundo empresarial y decidió contactarla para pedirle consejo. Fred marcó el número de Allison y esperó ansiosamente a que contestara. —Hola, Allison, soy Fred Andrews, no sé si me recuerdas, trabajamos juntos en un proyecto de ventas hace algún tiempo. —Hola, Fred, claro que me acuerdo de ti, qué sorpresa escucharte. ¿En qué puedo ayudarte? —respondió Natalia con amabilidad. —Verás, tengo un interés en hacer negocios con el corporativo Brooks. ¿Crees que podrías ayudarme, no sé, darme alguna sugerencia o algún contacto para acercarme a ellos y presentarles una propuesta atractiva? —preguntó Fred con sinceridad. Allison se quedó pensativa por un momento, ya que no había tenido una buena experiencia al trabajar con Alexander Brooks, puesto que lo consideraba un hombre muy desagradable. —Bueno, tengo algunos contactos que podrían ayudarnos a acercarnos a ellos. Déjame investigar un poco y te llamo con más detalles. Pero te advierto, hacer negocios con Alexander Brooks no es tarea fácil. Es un hombre muy selectivo y difícil, así que puede ser un poco difícil de tratar. —Entiendo, pero estoy dispuesto a asumir el desafío. Solo necesito la oportunidad de presentarle una propuesta que no pueda rechazar —dijo Fred determinado. —Entendido. Déjame trabajar en esto y te mantendré informado. Nos mantenemos en contacto, ¿De acuerdo? —concluyó Natalia. —Por supuesto. Gracias, Allison, estaré esperando tu llamada, es un placer platicar contigo y ojalá podamos trabajar juntos otra vez en un futuro— agradeció Fred. —Claro que sí, yo también espero que así sea, Fred, un gusto en saludarte—. Ambos se despidieron amablemente y surgió una esperanza en Fred de que pudiera encontrar pronto la manera de acercarse al corporativo Brooks. Así que se sumergió de lleno en idear una propuesta a la que Alexander no pudiera resistirse, ya que sabía que no sería fácil por las cuestiones personales que había entre ellos, por lo que tendría que dedicarle varias horas de trabajo y consultar expertos en la materia.
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