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1352 Words
Capítulo 8 Emily observaba a Fred acercarse, y no pudo ocultar su nerviosismo. Su corazón latía con fuerza y una sensación de mariposas volando en su estómago la invadió. Se sintió como en sus años de universidad, cuando Fred le causaba esa sensación, ya que el fue su primer amor. Finalmente, se acercó a saludar a las dos mujeres. —Hola, Fred, que gusto que nos acompañes—. Se adelantó a decir Sarah. —Que tal, Sarah, que gusto verte. Está muy bonito el salón, la decoración te quedó excelente—. —Muchas gracias, Fred. Cómo verás, este es un evento muy especial y tenía que lucirme. Pero bueno, si me disculpan, tengo que ir a atender a los invitados—. Decía la chica mientras le guiñaba el ojo a Fred, en señal de complicidad para que pudieran estar solos. —Emily, qué alegría verte por aquí. Estás deslumbrante esta noche, te ves muy bella. —Saludó Fred con una sonrisa genuina. Emily se sonrojó completamente, hacía mucho que no recibía elogios. —Fred, qué sorpresa encontrarte por aquí, no sabía que vendrías gracias por el cumplido, tú también te ves muy bien— Respondió Emily, devolviéndole la sonrisa. —Ya te había comentado que yo también tengo una fundación para ayudar a los más necesitados, sobre todo las personas que han vivido violencia en el ambiente familiar. Tú sabes que vengo de una familia disfuncional y me marcó mucho durante mi infancia, y quiero evitar que más personas vivan el infierno que viví—. Agachó momentáneamente la mirada, ya que su pasado era muy doloroso. —Lo sé, Fred. Lo recuerdo muy bien y me da mucho gusto que hagas esas obras tan nobles, en el mundo hacen falta más personas como tú— Le dijo Emily tratando animar a Fred —Gracias por tus palabras, Emily. Significan mucho para mí—. Fred la miraba totalmente obnimulado, no podía dejar de mirarla. Emily era una joven muy bella y esa noche lucía despampanante y no podía evitar recordar los momentos que vivieron juntos durante su noviazgo en la universidad. —¿Te gustaría dar un paseo por el jardín?— Propuso Fred, ya que deseaba estar a solas con ella. —Creo que será lo mejor, un poco de aire fresco me caería muy bien—. Ambos sé adentraron en el exuberante jardín, alejándose discretamente de la multitud. Mientras caminaban, Fred notaba el nerviosismo de Emily, algo que , in duda alguna, le agradaba bastante al saber que aún lograba causar emociones en ella. —¿Estás bien? Te noto algo nerviosa— Pregunto Fred con una leve sonrisa. Emily se mordió el labio, tratando de disimular sus emociones y tratando de encontrar las palabras adecuadas.— —Claro, estoy bien. Es solo que han sido días difíciles, pero estoy bien—. —¿Recuerdas cuando ppaseábamospor el campus de la universidad después de las clases?— Le pregunto Fred con semblante nostálgico. Emily no pudo evitar soltar un suspiro lleno de nostalgia y asintió, recordando con cariño los días en los que su relación con Fred era sencilla y sin complicaciones. —Claro que lo recuerdo, Fred, fue algo muy hermoso y lo guardo como un bonito recuerdo—. Respondió la joven, dejando escapar una lágrima. Al recordar esos momentos, no puede evitar sentir dolor al caer en cuenta lo mucho que su vida cambió al casarse con Alexander. Lo que empezó como un bello cuento de hadas, terminó con un duro golpe de realidad. —Aunque hayan pasado el tiempo, esos recuerdos siguen siendo muy especiales para mí. Y tú sigues siendo tan hermosa como siempre—. Exclamó el joven, mientras se acercaba y le tomaba las manos. Emily sintió una corriente eléctrica por todo su cuerpo al sentir sus manos con las de Fred. —Emily, quiero que sepas que siempre has sido muy especial para mí. Aunque nuestros caminos tomaron rumbos diferentes, siempre has tenido un lugar muy especial en mi corazón—. Emily se conmovió por las palabras de Fred. Sabía que eran totalmente sinceras, ya que sus ojos son muy expresivos, pero tenía que regresar a la realidad de su vida, así que suavemente se alejó un poco de él —Por favor, Fred. Ya no sigas diciendo esas cosas—. Le pidió ella —Lo siento, no quise incomodarte. Solo está siendo sincero, al volver a encontrarte, reviví esa sensación de alegría y felicidad que tenía cuando estábamos juntos.— —Por favor, ya no sigas. Soy una mujer casada, Fred.— Argumentó con cierta tristeza en su mirada. —Lo siento, no quise incomodarte. Solo hablé desde el fondo de mi corazón—. Dijo tratando de disculparse. —Tengo que regresar al salón, Fred. Iré a ayudar a Sarah. Emily se retiró rápidamente. No pudo evitar que las lágrimas brotaran de su bello rostro. Fred se sintió tan apenado que ni siquiera intentó detenerla. Pensó que sería mejor esperar a que ella se tranquilizara para poder hablar con ella El evento transcurrió exitosamente y Emily se esforzaba por mantenerse serena y continuar con sus deberes, aunque no podía dejar de pensar en la conversación que acababa de tener con Fred. Después de un tiempo, él decidió regresar al salón para despedirse y agradecer a Sarah por la invitación. —Muchas gracias por la invitación, Sarah. Espero que mi contribución pueda ayudarles—. —Claro que sí, Fred. Eres muy generoso y te agradezco de todo corazón—. Dijo Sarah agradecida por el apoyo y contribución de Fred. Al acercarse a Emily, notó su mirada triste y sus ojos hinchados por el llanto. —Espero que me perdones, Emily. Lo último que hubiese querido es causarte alguna incomodidad— —No te preocupes, Fred. Todo está bien. A pesar de su intento por sonreír, Fred podía percibir el dolor en su voz, pero ya no quiso insistir, y decidió marcharse en el momento y dejar las cosas así por el momento. Mientras tanto, Alexander estaba en el despacho de su casa pensando en Nataly, a pesar de que solo la consideraba una diversión. La pasión que ella provocaba en él, era inmensurable, por lo que decidió llamarla. Nataly estaba en el departamento recostada en la cama cuando sonó su teléfono y al ver qué era Alexander, decidió ignorar la llamada. —Sabía que volverías a buscarme, infeliz. Pero te va a costar contentarme, no te lo pondré nada fácil—. Se dijo a sí misma, pensando en voz alta. Alexander siguió insistiendo, después del quinto intento, ella decidió contestarle. —¿Qué quieres?— Contestó en tono visiblemente molesta. —Hola, hermosa, ¿Qué te pasa? ¿Andamos de malas hoy? Le dijo él con su característico tono cínico y sarcástico. Nataly: No estoy de humor para tus juegos, Alexander. ¿Qué es lo que quieres? Alexander: Oh, no te pongas así, cariño. Solo quería hablar contigo. ¿Qué dices si te pones bella para mí y voy al departamento?— —No sé si eso sea una buena idea—. Contestó ella decidida a no ceder tan fácil. —Vamos, Nataly, sé que te gusta jugar con fuego tanto como a mí. Además, tengo algo que podría interesarte. —¿Ah, sí? ¿Y de qué se trata? Preguntó intrigada. —Eso tendrás que descubrirlo en persona. ¿Qué dices, cariño? ¿Voy a tu departamento?— Nataly vaciló por un momento, pero también sentía curiosidad por saber que era lo que tenía para ella. —Está bien, Alexander. Ven al departamento, pero eso no significa que todo está perdonado, me heriste mucho la última vez—. Dijo ella tratando de causarle culpa. —No te preocupes, hermosa. Yo sé muy bien cómo quitarte lo enojada, así que voy para allá—. Después de colgar, Nataly se quedó pensativa, pero sabía que si quería seguir teniendo sus lujos, tendría que ceder, pero también no podía resistirse a la emoción y al peligro que él representaba.
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