Emily regresaba a casa después del evento de caridad. No podía dejar de pensar en el encuentro con Fred, el estar a solas y cerca de él después de mucho tiempo, la hizo revivir viejas emociones y aunque trataba de negarlo, le trajo sentimientos encontrados, pero la culpabilidad la invadía. El solo hecho de pensar y sentir algo por otro hombre que no fuera su esposo, la hacía sentir que le estaba fallando, a pesar de los malos tratos de Alexander. Una vez que llegó a casa esperaba encontrar a su esposo para compartir las noticias emocionantes sobre el éxito del evento. Sin embargo, al entrar en la casa y no encontrarlo, comenzó a sentirse preocupada y un poco confundida.
—¿Alexander? ¿Dónde estás?— llamó Emily mientras dejaba sus cosas en la entrada.
Al no obtener respuesta, sacó su teléfono para llamarlo.
Alexander iba manejando su auto sin rumbo y totalmente confundido, por lo que ignoró las llamadas de su esposa.
El hecho de que Nataly estuviera esperando un hijo de él, representaba un grave peligro para su matrimonio y sus intereses, por cuál tendría que idear un plan para salir del problema que se le venía encima. Ante la insistencia de su esposa, decidió contestar el teléfono.
—¿Qué quieres, Emily? Si vas a querer platicarme lo de ese dichoso evento de caridad, de una vez te digo que no me interesa—. Contesto bastante cortante.
—Solo quería saber si estabas bien, amor. Llegué a casa y no te encontré y me preocupé, eso es todo. Discúlpame, no quería molestarte—. Argumentó la joven bastante decepcionada de la respuesta de su esposo.
—De una vez te digo que no me esperes, me quedaré en la oficina hasta tarde, tengo mucho trabajo—. Decía a la vez que colgaba el teléfono.
Emily ya conocía el carácter de su esposo, pero aun así, no podía evitar sentirse triste de que no pudieran tener una buena comunicación, y que las cosas siempre terminarán en discusión.
En la oficina seguían trabajando arduamente Susan y Damien, cuando Alexander llegó y tocó la puerta.
—¿Se puede?— Dijo en tono sarcástico.
—Adelante, Alexander—.
Susan rápidamente se levantó del escritorio.
—¿Qué haces aquí todavía, Susan?— Preguntó extrañado el CEO.
—Solo estaba terminando unos pendientes, señor. De hecho ya me iba, solo me estaba despidiendo de Damien—.
Contestó la joven secretaria bastante nerviosa.
—Está bien, Susan. Ahora retírate. Este inútil todavía tiene mucho trabajo que hacer—. Dijo el CEO haciendo gala de su prepotencia.
—Sí, señor. Con permiso—.
Damien la miró y le sonrió en forma de agradecimiento mientras la chica se retiraba.
—Qué bonita se ve la oficina limpia ¿Verdad? ¿Pudiste recoger los papeles del piso o también eso te costó trabajo? Ay pobrecito. No te gustó que te regañara ¿Verdad?—
Le dijo Alexander mientras le daba una palmada en la espalda.
—No es eso, Alexander. Solo estoy un poco cansado—. Exclamó Damien en tono cortante.
—Mira, Damien. Te voy a dar otra oportunidad. Vas a quedarte a trabajar toda la noche si es necesario hasta que termines de arreglar el desastre que hiciste, y espero que no vuelvas a cometer más errores porque entonces si te juro que voy a hacer que te tragues los papeles. ¿Entendiste?—
—Sí, si entendí—
Alexander se levantó al mismo tiempo que arrojaba otra vez al suelo los papeles que tenía Damien en el escritorio.
Damien miró con furia mientras se iba
—Maldito, Alexander. Soy yo quien voy a hacer que te tragues tus palabras—.
Damien estaba furioso por la actitud de Alexander, pero también se sentía determinado a demostrarle que era capaz de manejar la situación. Respirando profundamente para controlar su enojo, se sumergió en su trabajo, decidido a hacer un trabajo impecable.
Mientras tanto, Alexander se había encerrado en su oficina, se sirvió una copa de whisky y se perdió completamente en sus pensamientos. La noticia del embarazo de Nataly lo había sacudido profundamente, y ahora se enfrentaba a la difícil tarea de decidir qué hacer al respecto. Sabía que debía ser cauteloso y planear cada paso con cuidado para evitar que su vida personal y profesional se desmoronara.
Realmente estaba bastante abrumado y molesto, por lo que decidió quedarse en uno de sus hoteles. Solo le mandó un mensaje de texto a Emily para decirle que no iría a dormir.
Emily, al ver el mensaje de su esposo, no pudo evitar sentirse mal por la indiferencia de su esposo, pero a la vez, no podía dejar de pensar en Fred y en el encuentro que tuvieron, estuvo muy tentada a escribirle, pero inmediatamente se detuvo al pensar que si lo hacía sería una falta de respeto a su esposo.
A la mañana siguiente, Fred se levantó temprano después de trabajar arduamente la noche anterior en el proyecto que presentaría al corporativo Brooks. Estaba decidido a llevarlo al siguiente nivel y sabía que necesitaba la ayuda de alguien influyente en el corporativo Brooks para lograrlo. Tomó su teléfono y marcó el número de Alisson, su contacto de confianza en la empresa.
—Hola, Alisson. Soy Fred. ¿Cómo estás? — Saludó Fred al otro lado de la línea.
—Hola, Fred. Todo muy bien, gracias. ¿En qué puedo ayudarte? — Respondió Alisson con curiosidad.
— Mira, estoy trabajando en un proyecto que creo que podría interesarle a Alexander Brooks. ¿Podrías ayudarme a contactar a alguien en el corporativo? Estoy seguro de que si le les va a interesar, ya que ganarán mucho dinero. —
Explicó Fred, esperando que Alisson estuviera dispuesto a ayudarlo.
—Mmm entiendo. Mira, voy a arreglar una cita con Damien Patrick. Él es el gerente general del corporativo y mano derecha de Alexander Brooks. ¿Pero estás seguro de que quieres hacer esto, Fred? Perdón que te lo pregunte, pero me causa curiosidad que tengas tanto interés en hacer negocios con el corporativo Brooks— Preguntó Sarah con curiosidad.
—Digamos que entrar ahí me ayudará a acercarme una persona importante y además es una buena oportunidad para hacer negocios a gran escala. — Espetó Fred—.
—Te vuelvo a repetir, Alexander Brooks es un hombre muy difícil, y no será fácil convencerlo—. Advirtió Allison.
—Agradezco y preocupación, Allison, pero tengo mucha experiencia lidiando con gente difícil, y sí, tendré muy en cuenta tu sugerencia—.
¿Podrías arreglar la cita lo antes posible? —respondió Fred con determinación.
—Entendido, Fred. Haré lo posible por agendar la reunión lo más pronto posible y te llamaré en cuanto quede concretada—.
Ambos se despidieron amablemente.
Fred se sentía emocionado y nervioso por la oportunidad de estar cerca de Emily. Sabía que convencer a Alexander no sería tarea fácil, y más por el pasado que tenían en común ,pero estaba decidido a dar lo mejor de sí para lograrlo.