Alexander Sanint
— ¿En verdad iras a la reunión? — Pregunta Gabriel incrédulo.
— No voy a ir a ningún lado, ahora sal de mi oficina y no vengas aquí sin buenas noticias. — Le digo fastidiado.
— Ya decía yo que tanta maravilla no podía ser cierta. — Se levanta de la silla y sale. Yo traigo un dolor de cabeza de esos que te hacen jurar que no vas a volver a tomar. Esta mañana me levanté muy temprano y fui a casa y de allá a la empresa, todo por ser un hombre responsable y ganarme a ese niño. Dylan es increíble... sonrió como un tonto. Realmente estoy feliz por lo de anoche, esos tragos me dieron la fuerza que me faltaba para ir a por esa mujer, sus besos fueron la mejor recompensa.
Estaba a punto de cerrar los ojos intentando recordar la sensación provocada por esos besos cuando la puerta se abre. No me lo vas a creer tu padre esta en la sala de juntas y exige tu presencia en la cabecera de la mesa. — Me sorprendo. — Así como un heredero. — Niego, lo último que me faltaba. Suspiro cansado.
— ¿Por qué Cardona no avisó que vendría? — El aludido es de los hombres de confianza de mi padre y por su puesto mío, digamos que tengo un infiltrado, odio que mi padre quiera controlar lo que hago, así que me conviene tener información y adelantarme a sus hazañas.
— No lo sé. Ve a la junta o vendrá por ti.
— Todo está en orden, no es necesario que vaya a presumir delante de todos esos viejos lo bien que llevo el cargo. ¡Solo entra ahí y has una buena presentación! — Le hablo con firmeza y la esperanza de que acate la orden que le estoy dando.
— No lo haré, no con la mirada de tu padre calcinando mis huesos. — Suspiro frustrado, sé que Gabriel tiene razón y que mi padre no se irá hasta conseguir lo que bino a buscar, rara vez sale de casa y estoy seguro de que no es la reunión, debe haber algo más.
— Averigua con Cardona y mantenme informado. — Gabriel asiente, me levanto, pongo mi chaqueta y salgo de la oficina en dirección a la sala de junta para ir a ver el show o lo que sea que mi padre esté planeando. Entró a la junta y veo mi lugar en la cabecera solo, es raro que no esté ocupando. Ese lugar en cambio, está sentado a mi derecha y junto a él una rubia despampanante, demasiado para mi gusto, mantengo mi postura y saludo a todos con un asentimiento, tomó mi lugar y la reunión empieza; al finalizar mi padre habla de lo orgulloso que está de mí y además presenta a la mujer a su lado como mi prometida, Daiana Medina, ella sonríe y hace correctamente su papel, por mi parte aprieto los puños por debajo de la mesa y mi rostro sigue neutro, ni sorpresa estoy mostrando. Mi padre habla orgulloso de herederos y demás cosas que sacan una sonrisa a los presentes, tiempo después nos quedamos solos los tres.
— Hay que ponerle fecha a la boda hijo. Por cierto, estás haciendo un gran trabajo en la empresa, esos números son impresionantes. — Termina de hablar con una sonrisa en su rostro, conozco demasiado bien a mi padre como para saber que no hay firmeza en sus palabras, o sea, ¿en serio dos temas en la misma oración?
— Pues, me alegra saber que voy a dejar a la empresa en buenos números y en excelentes condiciones. — Sonrió y él se enoja. — No habrá boda, así que no me toques los huevos padre y en caso de que la allá será con la mujer que yo mismo escoja. — Su cara se amarga y golpea la mesa. — Y tú... — Señaló a la chica. — deberías ser un poco más inteligente, ¿De veras vas a casarte con un hombre que no conoces y no amas en estos tiempos? De una vez te digo que de lujos y privilegios nada, no le voy a regalar mi dinero a nadie y menos si ese nadie no tiene nada en la cabeza. — Le doy una mirada severa. — ¡Largo de aquí! — Ella se levanta de la silla rápidamente y sale casi que corriendo de la sala de juntas. Fijo mi mirada en mi padre que mantiene su cara de amargura. — ¿De dónde la sacaste, de una casa de modas? Ahhh y ¿De dónde sacaste que me gustan rubias y oxigenadas?
— Deja de ser tan quisquilloso, esa mujer te dará buenos hijos. — Me agarro el puente de la nariz y niego.
— Por dios padre, siquiera sabes si es rubia natural. — Ambos reímos.
— Como sea, quiero que te cases. Voy a morir... — Hay venía el sermón y era aguantarme o confiar en mí y en que podía tener a Nadia, ella es a quien quiero.
— Padre por favor dame tiempo, es más cuando regrese de la convención me dedicaré de lleno a conseguir a la chica.
— ¿Hay una candidata? — Pregunta esperanzado.
— La hay, pero déjame hacer las cosas a mi manera. — Asintió y sin más cambiamos de tema, hablamos de varias cosas, luego se marchó más tranquilo. Mi padre es un hombre carismático y amoroso. Soy su único hijo y la oreja negra, se mantiene al margen de mis negocios, pero exige que formalice y no porque lo crea necesario para mí, lo cree necesario para él. Sé júbilo hace años por una enfermedad en sus huesos que le impedía soportar largas jornadas, luego mi madre murió y decidió marcharse a su finca. Una de sus propiedades y sin duda mi favorita. Allá está tranquilo y lo mejor, seguro.
Según él tengo la importante responsabilidad de darle muchos nietos y la verdad no me desagrada la idea y menos si es con esa hermosa morena...
Por mi parte no hay mucho que decir, soy el presidente de una empresa dedicada al transporte masivo, la industria del transporte es amplia y muy conveniente, sobre todo si quiero que mi producto llegue a todos los rincones del mundo. Tráfico de todo, el mercado n***o es mi lugar y la gente con visión es mi mejor clientela.
Mi vida amorosa siempre ha sido del dominio público así como mi vida en general, soy un empresario reconocido y llevo una vida normal, una persona común con un par de demonios que ocultar, nada interesante a mi parecer...