Nadia Flores
Mi día en la cafetería empezó más normal de lo habitual, el niño quedó en el colegio y gracias al cielo logré inscribirlo en horario extendido, quedaba relativamente cerca así que era un alivio. Cuando tenía turno de tarde una vecina me lo recogía y cuidaba hasta que llegara de trabajar. Una señora de avanzada edad muy querida. Ella y su nieta hacen un gran trabajo con mi muchacho; al llegar la tarde hago mi rutina usual, salgo del trabajo, recojo al niño donde la vecina y al llegar a mi puerta está su padre, Camilo. Suspiro cansada y avanzo, solo espero no sean problemas, me acercó y ohh si él está en plan pelea y lo que más me molesta es que hace estas cosas frente al niño aunque él ni se inmuta cuando lo ve, lo cual hace todo más difícil, yo no puedo obligar a Dylan a quererlo y menos cuando presencia la cantidad de abusos y maltratos de su padre hacia mí.
— ¿Qué quieres? Estoy cansada por favor hoy no.
— Solo vine a ver a mi hijo. — Levanta las manos en son de paz y creyendo en eso asiento, abro la puerta y de inmediato me arrepiento. Ellos van a la habitación del niño, los gritos no se hacen esperar, se escuchan en toda la casa, él interrogando al niño y preguntándole de donde sacó todos esos juguetes. Se escucha un estruendo y luego el llanto de mi hijo, justo hay salgo del asombro, corro hacia la habitación y me lo encuentro en el pasillo, me da una cachetada y empieza a insultarme. — Eres una desvergonzada ¿De dónde sacaste para comprarle esos juguetes al niño, acaso tienes un amante? ¡Perra! — Con la mano en la mejilla le grito cuanto lo odio. — ¡Cállate! Mis padres siempre han tenido razón sobre ti, no eres una buena mujer. Ahora le das mal ejemplo a mi hijo. Lo mejor es que me lo lleve. — Saco fuerzas de donde no tengo y peleo con él.
— ¡Mi hijo de aquí no sale y lo que piensen tú y tus padres me importa un rábano, tendrás que matarme! — Escuchó un ruido y a él levantar la mano, ambas cosas al mismo tiempo. Cierro los ojos y el golpe no llega y cuando los abro está el hombre que trajo los regalos y entrego la nota al niño sosteniendo el brazo de Camilo en el aire.
— ¿Quién es este hombre, tu amante? — Es todo lo que dice antes de quejarse por el dolor, el hombre le da tres golpes certeros en el costado.
— ¡Sáquenlo que aquí! — Da la orden y me fijo en los dos en la entrada. Lo sacan y puedo respirar tranquila. — El jefe vendrá en cualquier momento. — Asiento.
— Gracias. — Él asiente de vuelta y sale del departamento, vuelvo a suspirar y camino en dirección a mi habitación no sin antes asegurar la puerta, no quiero que Dylan me vea golpeada, sé que su padre no se atrevió a hacerlo con él y eso me tranquiliza solo un poco. Llego a mi habitación y empiezo a quitar la ropa rasgada y a limpiarme, luego iré con el niño.
***********
Alexander Sanint
Luego de la visita de mi padre, de hablar con él; sentí como si me hubiera quitado un peso de encima. Almorcé con unos socios y luego fui a mi casa. Decidí que era mejor trabajar desde la comodidad de mi espacio, pasada la tarde decido que ya es hora de detener el trabajo, me levante de la silla y caminé a la puerta, mi celular suena y miro quien es el remitente a quien voy a mandar al carajo si no es importante. "Dylan" aparece el nombre en la pantalla, he tenido contacto con él desde que tiene la tablet, es un excelente chico, muy inteligente y educado. Sin mencionar que tiene unas ganas inmensas de defender a su madre, tanto como yo. Abro la llamada, el niño está llorando, me cuenta un poco la situación y prometiendo que lo solucionaré cuelgo y llamo a uno de mis hombres, José a quien deje a cargo de la seguridad de esa terca mujer. Él me dice que se hará cargo de la situación mientras yo decido salir en mi convertible a verificar con mis propios ojos que se encuentran bien.
Llego al departamento, me encuentro con José quien me da su reporte y satisfecho con él, me dispongo a ir con ellos, necesito verlos. Llamo a Dylan y me abre, al verme se lanza a mis brazos, literalmente es como si me hubiera esperado por años, su abrazo es fuerte.
— Tranquilo, ya estoy aquí. — Siento que nos observan y levantó la mirada, hay está ella, golpeada, mi ceño se frunce sin poder evitarlo. Pero me lo calo. — Ve a tu habitación, iré en un momento. — Le digo al niño y él asiente.
— ¿Me lo prometes?
— Claro que sí. — Me sonríe y se va. Me acercó a ella con ganas de rematarla.
— Gracias por venir y mandar a esos hombres antes. — Asiento.
— ¿Qué hacía el aquí? — Me cuenta lo que pasó y la razón del enojo del sujeto. Ambos estamos sentados en el sillón, no puedo evitar abrazarla al verla llorar, según la investigación ella está sola en esta ciudad, sus padres le quitaron el apoyo después de enterarse de su embarazo y el tipo es un impulsivo de mierda, alcohólico que ahora si le importa lo que pase con ellos, pues antes dejó que fueran sus padres los que decidieran; Ahora quiere conquistarla a punta de golpes y humillaciones. Ella no tiene como quitárselo de encima y entiendo que no confíe en los hombres, yo no voy a decir nada bueno de mí porque realmente puedo llegar a ser peor que ese infeliz, pero por razones diferentes.
Nos separamos del abrazo y ella me besa, me gusta, me encanta maldita sea. Entre besos llegamos a su habitación, una que parece de niña en tonos grises y rosa. Me enfoqué en ella y gime de dolor, lo ignoro y sigo besándola. Lo ignoro porque quiero follarla hasta el cansancio, quito su camiseta y queda en bra, lo que veo hace que mi mal humor salga a flote, aprieto ka camisa que aún está en mi mano con fuerza y luego la tiro en su pecho...
— ¡Vístete!