Mi compañera de habitación y yo observamos a nuestros hermanos besando apasionadamente, de vez en cuando nos volteábamos para hacer como si fuéramos a vomitar y posábamos nuestra vista en ellos de nuevo. Como nos parecía eterno el beso que se daban, decidimos arruinarle el momento
— Hmm, Hmm —
— Disculpen chicas — Dijo Claire — Pero ya verán cuando tengan novios —
Mi hermano pareció tomarlo por sorpresa esto y se altero
— ¿Novios? — Alzo una ceja con su rostro totalmente serio —Valentina está muy pequeña para tener novio, y bueno tu hermana ni se diga —
— No están tan pequeñas — Ella rió — ¿Celoso? —
— Si — Dijo sin hacerse de rogar
Ellos estaban riendo y nosotras ya nos aburríamos.
— Saben, ustedes tienen una habitación — Dijo Darxy cruzada de brazos.
— Por favor, ¿nos harían el gran honor de retirarse? — Dije delicadamente.
— Aww. Tan linda mi hermanita, ¿Tienes sangre azul o qué? —
Todos reímos sonoramente, ellos me acomodaron en la silla de ruedas pues iríamos a la biblioteca del segundo piso para hacer nuestras actividades de la escuela. Cuando íbamos a salir llego Antonio más pálido de lo normal.
— Señor Velasquez — Él lo miro preocupado — Su señor padre está aquí, y exige ver a Valentina —
Tome una bocanada aire de sorpresa, Claire me miro mientras mi hermano salió despavorido con Antonio.
— Claire, por favor, no quiero que me lleve con él, por favor no lo permitan — Tome su mano desesperada.
El miedo me sucumbía, recorría todo mi ser, todo mi cuerpo. Las lágrimas no tardaron en salir, me sentía vulnerable y Claire se había dado cuenta mientras trataba de consolarme. En seguida llego Maria con Melody y el pequeño Damian quien lloraba por su mamá. El señor Sinforiano con Antonio llegaron para sacarme de ahí. Mis nervios estaban de punta en punta. Por la puerta de atrás me iban a sacar hasta el lago para evitar que siguiera escuchando los gritos y me alterara más.
Habíamos salido con éxito y Claire ordeno que fuera solo con Antonio pues así creería que estaba en la casa. Damian vino con nosotros en mis piernas, Darxy y Melody no dudaron en venir también. Cuando llegamos al lago se me olvido por completo la visita inesperada de mi padre. Este lago tenía magia, encanto. Simplemente hermoso, era como una anestesia a todos mis momentos malos, en los que simple y llanamente me sentía aturdida.
Las chicas se metieron al lago con Damian. Era divertido verlo reír sin duda alguna, a mamá le encantaría ver su hermosa sonrisa con sus ojos oscuros y esa cabellera castaña clara que se oscurecía con el agua. Era un niño juguetón, cuando estaba callado no significaba que estaba tranquilo, cuando lo buscábamos y una vez era encontrado el lugar estaba hecho un total desastre.
— ¿Por qué no entras? — Pregunte.
— ¿Que te hace creer que quiero entrar? — Me miro.
Yo alce una ceja conjunta con mi sonrisa.
— Porque veo como miras a las chicas y a mi hermanito — Él me miro — Anda, no te quedes a mi lado por compasión —
Él se levanto del césped y se hinco delante de mi.
— ¿Que te hace creer que te tengo compasión? — Esta vez fue él quien alzo la ceja.
— ¿Que te hace creer que no me doy cuenta? — Reímos juntos.
— ¿Que te hace creer que no me fastidia el que te hace creer? —
Soltamos otra sonora carcajada. Las chicas nos miraron con preocupación, salieron del agua con mi hermano rápido, Melody lo enrollo una toalla que pidieron prestada a una de las casas de los empleados. Ellas tomaron una para cada una, tan rápido que no entendí porque. Para cuando Antonio miro corrió a colocar a Damián en mis piernas junto con la ropa de las chicas.
— ¿Qué pasa? —
Parecieron ignorarme y cuando la silla giro a la izquierda para corre prácticamente. Observe a mi papá, varios trabajadores lo sostenía interviniendo que llegara hasta nosotros, mi rostro no tardo en tornarse triste, Melody se dio cuenta y se puso de ese lado para tapar mi visión.
Dos horas, dos horas estuve en la casa de Antonio, su mamá resulto ser una señora muy amigable, era la que se encargaba de lavar nuestra ropa y mantenerla doblada y planchada. Se hicieron las tres de la tarde y pedí que me llevaran a la casa, tenia sueño, estaba cansada, muy agotada y aun no había hecho mis tareas. Melody y Darxy se fueron primero para así avisar antes si aun estaba la persona que me engendro ahí. Mi pequeño hermano estaba durmiendo en mis piernas, íbamos a paso lento, callados, este se había convertido en un silencio incomodo por alguna extraña razón.
Para mi suerte papá no estaba, Francisco intento hablar conmigo pero yo no quería hablar con nadie. Antonio me subió y se fue inmediatamente, no sé si estaba afectada por lo de hace dos horas o por cómo se comportaba Antonio. No quería que me molestaran, ni si quiera Darxy se atrevió a hacerlo. Logre hacer mis tareas sin distracción, se hizo de noche. Quería dormir, no quería hacer más nada. Necesitaba profundizar en mis sueños, y si tenía suerte vería a mi mamá. Ese era el momento en el que podía sentirla, mirarla y hablar con ella.
Mi nana vino y me preparo, solo tome un vaso de leche tibia para dormir pues no se me apetecía mas nada, lo único que deseaba en ese momento era dormir, dormir y dormir, y nunca despertar. Las lagrimas resbalaron por mis mejillas hasta tocar mi almohada en mi mente solo volaban las preguntas. ¿Porque era tan desdichada? ¿Dios se abra dado cuenta de mi sufrimiento? Dicen que él solo le da las mejores batallas a sus mejores guerreros, pero yo quería rendirme y por una razón para nada extraña quería morir, ser enterrada tres metros bajo tierra con mi madre.
Por fin, profundice en mi sueño. Estaba en mi vieja casa, estaba oscuras, al parecer era de noche, intente encender la luz pero el interruptor solo se movió y la luz no encendía. Quizás se había ido la luz. De pronto los golpes en la puerta de la casa retumbaron por cada esquina, sentí miedo, mucho miedo. Alguien me traspaso, que sensación tan extraña acababa de sentir, observe una niña de 3 años llorando en las escaleras, un chico de 14 consolándola. Y de pronto, apareció mi mamá con lágrimas en sus ojos, los golpes de la puerta eran cada vez más ensordecedores.
— Mamá — Dijo el chico empezando a llorar — Valentina y yo sabemos que papá tiene otra mujer —
¿Mis oídos lograron escuchar bien o había dicho Valentina? Corrí hasta ellos y observe a los niños. Éramos Francisco y yo, pequeños. Mi arrodille para empezar a llorar, cuando yo era una niña mi padre había tenido otra mujer. La puerta pareció abrirse y las tres personas que parecían salir de un recuerdo corrieron al cuarto de mamá, con ayuda de al parecer Francisco, movieron la cama para trancar la puerta mientras un llanto desconsolador se escuchaba.
No sé cómo pero traspase la pared como si fuera un fantasma, posiblemente mientras dormía mi deseo se cumplió y ahora estaba muerta, pero recordaba cosas del pasado aquellos que quedaron al olvido cuando cruce la línea de la infancia, o bueno a si es que le llaman. Baje poco a poco, como si algo más que yo podría ser aterrador. Al reloj se le escuchaba en la sala haciendo TIC TAC una persona salió de la cocina y subió con un cuchillo en su mano. Un escalofríos recorrió mi espina dorsal y no pude evitar salir corriendo hasta arriba.
Sin duda alguna era mi padre, lanzó el cuchillo abriendo un orificio a la puerta, se escuchaban los gritos de mamá y los míos, mientras mi hermano le pedía que parara que parara y se calmara, que dejara la locura. Ella no fue la que le engaño con su vecina, pedía a gritos que se fuera, no sé cómo pero salí a ver si podía ayudar en algo, vi un militar a los lejos, recordé y era el mismo que estaba en el velorio. No sabía cómo hacer que viniera a mí, la luz de la calle estaba encendida, pero no podía encenderla ni apagarla. Vi un perro a lo lejos y como desde pequeña me habían dicho que los perros, los gatos y caballo percibían todo incluso fantasmas me acerque hasta el, haciendo que ladrará, corrí y este me siguió llamando la atención del militar que se acerco a mi casa y en vez de seguir tras el perro se metió en mi hogar.
Solo le pedía a Dios que no hubiera hecho nada, de pronto se escucha gritos y entre. Observe a mi papá empujando aun la puerta mientras esta se abría con ayuda del militar. ¿Qué demonios he hecho Dios mío?. No quería que la abrieran, no quería.
— No, no —
Decía con miedo como si esto podía evitar que no lo ayudara
— Por favor no la abran —
Mis mejillas humedecían, pero no importaba cuanto les decía que pararan ellos no escuchaban. Observe que papá entro.
— No papá —
Me levante de golpe, sentándome con mi rodillas pegadas al pecho, mis mejillas permanecían húmedas y aun resbalaban lágrimas, Darxy encendió la luz y no tardo mucho en llegar Claire y Fran corriendo. Se sentaron en mi cama y peinaban mi cabello hacia atrás, mi frente estaba sudada, mis manos estaban frías. Y mis piernas se encontraban arriba. Espera ¿Mis piernas?
— ¿Que te sucede linda? — Dijo Claire.
— Mis rodillas están a esta altura ¿por que? —
Ellos miraron con sorpresa lo que hasta ahora habían ignorado, no tenían palabras y mucho menos explicación nos mirábamos los cuatro sin entender. Pero el recuerdo de papá en mi mente me hizo volver a llorar, acosté mi cabeza en el pecho de Fran quien no dudo en abrazarme, Darxy y Claire fueron por un vaso de leche para mí. Mi hermano me calmo y pidió que le contará, me negué en hacerlo. ¿Cómo iba a decirle que soñé con un pasado? A decir verdad, ni siquiera sabía si era o no pasado o todo fue producto de mi imaginación por el miedo que siento hacia mi propio padre. Quería soñar con mamá, no tener una pesadilla con la persona que más odio en este mundo. Papá siempre me estará lastimando aunque no lo vea.