INSERTIDUMBRE

795 Words
—Él es... ¿es tu sobrino? —cuestionó Erina luego de que al fin se tranquilizó. —En realidad no somos parientes de sangre —explicó Karina—, su madre y yo somos amigas desde que nacimos, prácticamente, y hemos estado juntas desde entonces, a él lo conozco desde que nació, y creció conmigo, por eso es mi sobrino. Erina miró con curiosidad a su madre, pues prácticamente no sabía nada de ella, por eso le entusiasmó un poco escucharla hablar de sí misma y, dándose cuenta de ella, Karina decidió hablar un poco más de sí misma. » Cuando yo era niña mis padres murieron en un accidente —informó la mayor—, mi padre era hijo único y sus padres habían muerto años atrás, mi madre había dejado su hogar para fugarse con mi padre, así que yo no tenía familia que me cuidara y los tíos de Valentina, Jacobo y Lilia, que eran grandes amigos de mis padres, me cuidaron desde entonces. Es por eso que crecimos como primas. —Creí que estaba lista para todo… resulta que no —dijo la rubia aun nerviosa. Y es que no solo estaba el hecho de haberse encontrado con Valerio cuando no estaba preparada para ello, también estaba que el hecho de haber sido violada no fue algo que hubiese intentado superar antes, pues todo el tiempo solo fingió que eso no había ocurrido. —Está bien —aseguró la mayor, acariciando la cabeza de esa joven mujer que parecía una gatita indefensa—, todo está bien. Valerio no es un mal muchacho, no te hará ningún daño. —Suena a que lo estás defendiendo —susurró la más joven de las rubias, aferrada al torso de una mujer de ojos verdes que amaba tener a la más joven entre sus brazos. —Es mi familia, después de todo. Lo conozco demasiado bien —explicó Karina molestando, sin querer, a la rubia que se apartaba de su cuerpo con bastante ímpetu. —Aunque yo sea —Erina se mordió los labios y respiró profundo. No era tiempo de hablar de ello, no con lo alterada que se encontraba en ese momento—… yo soy la víctima aquí, él me violó, pero como no soy tu familia no vas a estar de mi parte, ¿cierto? Karina miró a su hija llena de confusión. Jamás esperó que sus palabras fueran a malinterpretarse de semejante manera, lo único que ella quiso darle a entender era que no permitiría que ese joven le hiciera daño, porque estaba a su lado. —Erina, yo... —No —interrumpió la menor a su madre—, está bien. Eso suena razonable, aunque también bastante cruel. El reclamo de Erina le partió el alma a la mujer que le había dado la vida. Sin embargo, Karina no había mentido al decir que ese joven no le haría más daño, porque si Erina hubiera mirado cuidadosamente el rostro de Valerio, se habría dado cuenta de todo el dolor y culpa que el chico sentía por lo que le había hecho. » Venía a invitarte a comer —informó la joven tras respirar profundo y ponerse en pie, dispuesta a irse de ese lugar—, pero me he quedado sin hambre de pronto… Nos vemos luego... tal vez. —Lo lamento mucho —se disculpó la mayor, intentando tomar la mano de su hija, pero y la más joven no se lo permitió, ella dio un paso atrás y, mirándola fijamente, negó con la cabeza. Erina no tenía ánimos de pensar en absolutamente nada, ella solo quería llegar a su casa y llorar por algunas horas para ver si así se aligeraba un poco su corazón que dolía tanto. * —Claro, ¿por qué no? —aceptó el azabache esa propuesta que siempre su novia ponía sobremesa: Casarse. —Wow —espetó una mujer castaña de ojos cafés, amiga de la adolescencia de ese ahora médico—, y yo que venía preparada para rogarte por algunos días. Dime qué hago ahora con todos mis argumentos. —Hace tres años que salimos —señaló Einar—, tenemos bastante edad como para seguir solteros. Además, pronto seremos ancianos, es mejor que estemos acompañados. —Parece que soy demasiado conveniente para ti —señaló la castaña, que en realidad no se sentía ofendida por las razones de Einar para casarse con ella. —¡Einar, tienes que saber algo! —soltó la mujer rubia que entraba a la oficina del mencionado sin anunciarse. —Hola, Karina —saludó Milagros, sonriendo enorme por haber obtenido al fin lo que siempre soñó—, primero deja te doy mi noticia. ¡Einar y yo nos vamos a casar!
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