Valeria se acerca al teléfono que suena con insistencia en la casa familiar y al contestar, oye a una mujer agitada del otro lado. “Disculpe, señora Castelli, pero estamos tratando de ubicar al señor Piero…” —Mi hijo no está aquí, ¿qué está pasando? “Yo quisiera saberlo, señora… tiene cuatro días que no da señales de vida.” —Gracias por llamarme, ya me encargaré yo —Valeria cuelga el teléfono, suspira apretándose el puente de la nariz y José se acerca a ella. —¿Qué pasa amor de mi vida? —la rodea por la cintura y la gira para quedar con su rostro frente a ella. —Sé que tienes ganas de llevarme al cuartito, pero mejor me llevas al departamentito de tu hijo, que tiene cuatro días perdido y si lo piensas, de aquí tiene más perdido. José asiente y con el ceño fruncido por la preocupació

