Por supuesto que el fin de semana Piero se lo pasa como perro con pulgas y cuando va a la casa familiar para comer con sus tíos y sus padres, todo se le pone más de cabeza.
—¡Hijo! —le dice Valeria, que se acerca a él para abrazarlo fuerte y llenarlo de besos—. Pensé que hoy te vería con esa niña hermosa, ¿Petra se llama? —él abre los ojos asustado y su padre se ríe.
—¿Acaso nos crees tan tontos para no darnos cuenta de que te fuiste tras ella en la fiesta y después ya no los vimos más?
—No me digan… ¡¿los padres de ella se dieron cuenta?!
—No —le dice su tío César riéndose y llevándolo al sofá para interrogarlo—. Ellos sabían que se iría en cualquier momento de la noche. Pero tu madre se dio cuenta de que te fuiste con ella y ahora queremos saber todo.
—¿Van a interrogarme como lo hacen con todos?
—¡Por supuesto! Pero no es interrogación, es más bien que eches el chisme —se ríe su padre abrazándolo—. ¿Hay algo entre ustedes?
—No —todos fruncen el ceño, pero cuando lo ven afligido, su madre solo lo abraza y lo atrae hacia él.
—¿Te rechazó?
—Sí, pero fue porque dije algo que la hirió y ella no es como otras mujeres con las que he estado, Petra se quiere demasiado para aguantar las estupideces de un hombre como yo. Lo peor es que yo quiero todo con ella, pero ahora no sé cómo llegar de nuevo…
—Hijo, ¿qué pasó exactamente entre ustedes? —le pregunta José y Piero lo mira con los ojos abiertos y la expresión de «¿tú qué crees papá?» —. Bien… ¿entonces qué le dijiste?
—Que mi única intención había sido desahogarme un poco por lo que me había provocado… —su madre se pone de pie y camina hacia la ventana, mientras que su padre y su tío lo ven con cara de «este compa ya está muerto», pero es Alejandra quien se acerca a él y le da una palmada en la nuca.
—¡¿Cómo se te ocurre decirle eso a la muchacha?! ¡Por mucha experiencia que tenga una mujer, jamás se le dice algo como eso!
—¡Es que ella no tiene experiencia! —le dice Piero pasando su mano en el golpe que le dio porque de verdad le dolió y Alejandra se acerca a él de nuevo, pero César la sostiene por la cintura y se la lleva a otro lado. Piero mira a su madre y le dice—. Te decepcioné, ¿verdad?
Pero Valeria no dice nada, solo se queda mirando por la ventana unos minutos, pensando en qué es lo que le dirá a su hijo, pero no es sencillo.
Está tratando de pensar en las historias de las familias algo parecido, tal vez de esa manera pueda ayudar a su hijo a solucionar su problema con la mujer que ha elegido. Porque si de algo está clara, es que cuando un m*****o de esa extensa familia elige una mujer, lo sabe de inmediato.
—No voy a negarte el hecho que sí, estoy decepcionada y muchísimo. Pero eso no quiere decir que entre nosotros no te ayudemos. Puede ser que mi historia con la de tu padre haya sido una de las más tranquilas en nuestra familia, el único problema que tuvimos que enfrentar al inicio fue que tu tío Alex no nos quería juntos, pero no porque yo fuera una mala mujer para tu padre, sino porque él tenía rencillas con tu tío Marco.
—Lo sé…
—Mi historia con tu tía no fue sencilla —le dice César—. Pero si hay algo de lo que ambos estuvimos seguros desde que nos conocimos, fue que éramos el uno para el otro. Lo único que te pido ahora, sobrino, es que pienses muy bien si en verdad quieres a esa chica en tu vida. Porque si es así, no puedes dejarte vencer por nada, ni siquiera por ella misma.
—Ustedes saben que no he sido un santo, a mis veintinueve años he tenido varias mujeres. No tengo de qué quejarme porque he experimentado muchas cosas… Pero ahora mismo siento que ya todo eso es vacío, que no quiero volver a esa vida y que lo único que deseo es despertarme con ella cada mañana y que su rostro, su sonrisa, sean lo último que yo vea por la noche antes de dormir.
—Valeria, amor mío, ¡el niño se nos enamoró! —dice José riéndose y Valeria solo sonríe acercándose a su hijo. Piero puede ver cómo lágrimas se acumulan en los ojos de su madre y ella le dice con dulzura.
—Bueno, mi amor —le dice su tía Alejandra—, el mejor consejo que te puedo dar como mujer es que le des su espacio y eso es solo por hoy. A partir de mañana búscala, no la dejes, si es ella tu compañera es porque tu corazón está seguro. Y rara vez el corazón de un Castelli se equivoca cuando elige a la mujer de su vida.
—Ni que me lo digas… Solo que yo no estoy dispuesto a esperar veinticuatro años para estar con la mujer que amo.
—¡Ese es mi muchacho! —José lo abraza y entre los cuatro le dan apoyo moral y mucho cariño porque se nota que está completamente perdido.
Luego de eso, pasan a comer y se dedican a hablar de otras cosas, pero entre todas esas conversaciones, Piero va comprendiendo que lo que están haciendo es guiarlo a la manera en que debe reconquistar a Petra. Porque si de algo está seguro es que ya la conquistó una vez, de otra manera, la muchacha jamás se habría ido con él a su departamento.
Cuando terminan de comer, caminan un poco por el jardín y Piero recuerda lo feliz que fue allí. Todos esos sentimientos y recuerdos se le vienen a la mente y sabe que la mejor manera de poder vivir su amor con Petra es siendo lo más sincero posible, pero especialmente cuidar mucho lo que le dice.
Y no es porque deba ocultarle algo, sino porque debe aprender a expresar sus sentimientos con la mujer que ama.
Es por eso por lo que el resto de la tarde se la pasa bastante tranquilo y planeando que es lo que hará al día siguiente.
Por la noche tampoco consigue dormir mucho. Pero cuando la mañana lo encuentra, él ya está perfectamente vestido y llamando a todo el mundo para hacer posible el deseo de sus amigos, pero sobre todo, porque sabe que si consigue la boda para Beth y Braulio para ese mismo día, podrá ver a Petra y ahora lo que sea para hablar a solas con ella.
Y lo consigue. Comienza a organizar todo para la ceremonia y se esmera en el traje que usará para la boda, quiere impresionar a Petra porque después de todo no hay nada que no entre por la vista.
Reserva una mesa en uno de los mejores restaurantes de la ciudad y para cuando se reúnen con Braulio y Beth, solo puede babear porque Petra se ve realmente hermosa. Su vestido no es ajustado, llega más abajo de las rodillas y aun así se ve completamente hermosa.
Se dedica a mirarla durante todo el momento en que el oficial habla. A ratos, ella desvía un poco su mirada clavándose en la de él y nota cómo se sonroja. Eso lo hace sonreír porque sabe que tiene una oportunidad.
Para cuando terminan, él les anuncia que los llevará a comer a uno de los mejores restaurantes.
—Una cena, ¡que tacaño eres…! —saca de su bolso una llave magnética de un hotel lujoso de la ciudad y ambos se quedan sorprendidos—. Tu hermanita te ha conseguido una noche en el hotel más exclusivo de la ciudad para que puedan tener su noche de bodas tranquilos y puedan gritar todo lo que quieran.
—Claro, porque en eso de gritar tú eres experta —murmura Piero cerca de ella y Petra lo mira con los ojos muy abiertos y sonrojándose.
«¡Qué hermosa se ve la condenada!», se dice Piero y solo ruega que todo vaya como lo ha pensado, porque en verdad necesita hablar con ella.
Petra solo va de brazos cruzados mirando por la ventana, ignorando totalmente a Piero y pensando cómo se supone que escape de él si su cuerpo solo quiere lanzarse encima, aunque vaya manejando y su hermano esté allí. Se siente incómoda pensando esas cosas y es Beth quien ayuda a olvidar aquello.
—¿Piero, podrías colocar algo de música? —Le pide Beth y Piero enciende la radio, las bocinas dejan escuchar una canción de Paolo Meneguzzi, Quel ti amo maledetto (Un condenado te amo) y Petra siente cómo todo se le mueve por dentro, por eso ataca otra vez.
—¿Esa es la música que tú escuchas? ¿Quién diría que un idiota como tú fuera tan romántico?
—Nunca lo fui… Pero siento que últimamente solo eso me ayuda a pasar el trago amargo —Dice con la vista fija en el camino por lo que no puede ver el labio temblando de Petra, porque ella es el trago amargo.
¡Sí, señoras, está malinterpretando todo de nuevo!
Pero eso durará muy poco, porque Piero está dispuesto a lo que sea con tal de hacerle entender que ella lo es todo en su vida y que no la dejará ir tan fácilmente.