5. Cuestión de vida o muerte.

2517 Words
*Angelica*   Pasar una semana entera encerrada en mi habitación, organizando documentos en mi laptop, anotando todo en una agenda personal y haciendo llamadas, me hace pensar que definitivamente necesito una asistente. No puedo con todo sola, y Oliver no ayuda para nada, poniendo como excusa que Alister está muerto dejando todo hecho un lío. Para ser su asistente, es bastante inútil. Me he mantenido comiendo solo cereal y frutas mientras estoy en la habitación, al punto de que estoy segura que perdí un par de kilos, gracias al cielo que Benjamín parece haberme dejado en paz, no se ha pasado por aquí desde hace días. Mi madre es la única que viene, solo para regañarme por no bajar a comer con su esposo. Austin me envía un mensaje diario, como para verificar que sigo respirando y mi vida ha vuelto a ser la de una ermitaña. Justo como la dejé. -¡Que aburridaaaa! – grito al aire antes de caer de espalda al piso. Necesito salir o me volveré loca. Como una señal divina, mi celular comienza a vibrar, anunciando una llamada entrante de Oliver, por lo que contesto rápido. -¿Qué quieres? – hablo fría. -Hola a ti también – ruedo los ojos – Te llamo para preguntarte si ya anotaste la reunión con los coreanos mañana. Por obvias razones Alister no puede ir, así que… ¿Cancelo? -No. Iré yo. -¿Estas demente? Ellos esperan reunirse con King. -Pero se reunirán conmigo. Ya es tiempo de que se enteren de con quien trabajan en realidad. -Eres una chica, Queen – dice con fastidio. -Sí. Han trabajado conmigo todo este tiempo. -Sin saber que eras tú. Harás que te maten. -No, si los mato primero – bromeo. -Deja de jugar, esto no es como pintarse las uñas… -Me estas haciendo enojar, Oliver, y no te gustará como termina esto. Otro comentario como ese y me aseguraré de que sea el ultimo ¿Esta claro? – amenazo – Ahora, si no pretendes ser de utilidad, no te metas en mis asuntos. Solo procura no convertirte en un cabo suelto, no me obligues a eliminarte. – corto la llamada antes de que pueda contestar. ¿Por qué es tan difícil ser mujer en estos días? Estoy harta de que crean que no soy capaz de manejar este negocio. ¡He llegado aquí gracias a mí! Alister era solo una pantalla para que me tomaran en serio. ¿Qué es lo que quieren? ¿Qué sea impulsiva como un hombre? Mirar el techo y contar hasta cien no me sirve para nada. Respirar, comer, caminar, nadar, boxear, tejer, ¡Nada sirve! Mis problemas no desaparecen, mi cerebro se encarga de repetirlos, una y otra vez, recordándome que no tengo tiempo para calmarme. Ir al psicólogo tampoco ayuda, hablar sobre mis mas profundos sentimientos no es algo que me ponga cómoda. A veces quisiera escapar, ser solo yo, existir y esperar que eso sea suficiente, pero no puedo. Elegí esta vida para protegerme, a mi madre, mi hermano… simplemente no estoy sola en esto. El único instante en el que pude ser yo misma, permitiéndome pensar en otra cosa que no fuera negocios, fue esa madrugada de hace un año. Benjamín apareció en la sombra, dándome la luz que necesitaba… lástima que seamos enemigos ahora. Mi celular vuelve a sonar, esta vez dejo que vaya al buzón sin siquiera mirarlo. Insisten un par de veces mas, mientras que yo no dejo de mirar la lampara de araña en el techo de mi habitación. -Bueno – contesto con flojera. -Queen, perdón por molestar. Faco… -¿Qué sucedió? – me levanto de golpe, lo cual hace que me maree. -Es mejor que vengas. Corto la llamada para saltar hacia mi armario, esquivando los documentos esparcidos por el piso. Una sudadera, pantalones de gimnasio, gafas de sol, zapatillas deportivas y estoy lista. Recojo mi cabello mientras camino hacia las escaleras, saltando de dos en dos los escalones. Busco en el garaje mi auto, dándome una palmada en la frente al recordar que lo incendié hace un año. -¡Maldición! Hay autos que jamás había visto, supongo que cambiaron de autos desde entonces. Busco por todo el lugar donde podrían estar las llaves, pero no consigo nada. Termino por regresarme corriendo a la cocina, topándome con luisa, quien decora una tarta de frutas. -Señorita – saluda con una sonrisa. -Hola. ¿Sabes de casualidad donde están las llaves de los autos? -Cada guardaespaldas tiene asignado un auto. Supongo que ellos las tienen – se encoje de hombros. No tengo tiempo para charlas. Mi corazón late tan fuerte que temo que lo escuchen a dos metros de distancia, y mi cerebro trabaja a mil por hora, pensando en posibles escenarios, uno mas oscuro que el otro. -¿Se encuentra bien? – me pasa un vaso con agua - ¿Necesita salir? Esta muy pálida. -¿Dónde esta mi madre? -No lo sé. No la he visto desde la hora del almuerzo. A esta hora toma el té, pero no ha regresado a casa – mira la hora en el reloj de pared - ¿Gusta un trozo de tarta? Es de frutas. -No quiero tarta, Luisa. – respiro profundo para no gritar. Cualquiera diría que llame un taxi y caso resuelto, pero no es posible. Vivimos casi en el medio de la nada por protección, así que llamar a un extraño para que venga por mí, es algo mas que estúpido. -¿Quién esta en casa? -El señor Fiore esta en su oficina – señala. -Hablo de los guardaespaldas – ruedo los ojos. No la pagues con la pobre chica, ella no tiene la culpa. -Oh. Ben está en el gimnasio de empleados, White en la oficina con el señor y Víctor en… -No importa, iré con Ben. La dejo en la cocina para buscar a Benjamín. Me repito mentalmente que no es nada del otro mundo que ella pueda llamarlo Ben. Seguramente tienen una buena relación de amigos, yo no tengo nada que ver con eso… o sea, no somos nada. Al abrir la puerta del gimnasio, me quedo paralizada. Oh, vaya. Musculo, tras musculo, moviéndose al compás de la cinta para correr. Mi garganta se seca mientras contemplo las gotas de sudor adornar su bello y tonificado cuerpo. Ok, reacciona – me regaño a mi misma. -Benjamín – lo llamo con mi habitual semblante frío. Baja la velocidad para mirarme, recibiéndome con una impecable sonrisa, sin dejar de moverse en la caminadora. -¿En que puedo ayudarla, Señorita Fiore? ¿De cuándo acá tanto formalismo? -Necesito un auto. Se detiene por completo, baja de la cinta y comienza a caminar en mi dirección, mientras con una toalla, limpia el sudor de su cara. Su tórax está descubierto, llamando mi atención hacia sus marcados abdominales, que trato de ignorar a toda costa. -¿Quieres que te lleve alguna parte? -No. Quiero que me des un auto. -Imposible – sonríe cínico – solo el personal tiene acceso a los autos ahora. -¿Desde cuándo? -Desde que secuestraron a la testaruda hija del jefe y la mataron. ¿Sabias eso? – se burla. Ruedo los ojos y cruzo mis brazos a la altura de mi pecho. -Si quieres puedo llevarte. Considéralo un favor, ya que ese no es mi trabajo – habla mientras se va de la habitación. -¿Entonces cual es tu trabajo? – no me oye - ¡Oye! ¿Dónde vas? -Voy a ducharme y te llevaré a donde quiera. -¿No es mas fácil darme las llaves del auto? -No. Se mete rápidamente en una de las habitaciones del pasillo, cerrándome la puerta en la cara. Gruño un par de maldiciones antes de decidirme a seguirlo, encontrando la habitación vacía, pero el sonido de la regadera hace pensar que de verdad está tomando una ducha. Examino el pequeño lugar, es como la mitad de mi habitación, todo sencillo, de colores neutros y aburridos. La cama es matrimonial, fácilmente solo caben dos personas. Sobre la mesita de noche hay un portarretrato con tres personas en una foto; una mujer rubia, un hombre calvo y Ben, supongo que son sus padres. Todo está organizado y limpio, lo que haba muy bien de él. -¿Qué haces en mi habitación? – gruñe desde la puerta del baño. ¡Santo Dios! Verlo con solo una toalla en la cintura, con gotas de agua en vez de sudor, lo hace mas apetecible que antes. -Busco las llaves del auto – me hago la tonta. -Ya te dije que te llevaré personalmente. Busca en el armario de madera su ropa y vuelve a entrar en el baño, dejándolo abierto. Desde aquí parece el vestidor de un dueño de funeraria; varios trajes del mismo n***o, supongo que proporcionados por mi padre como uniforme. Solo espero que no quiera salir en uniforme, porque llamaríamos demasiado la atención. -¿Quieres apurarte? Tengo algo de prisa – le grito desde la cama. Sale vestido con unos jeans y una camisa de leñador remangada hasta el codo. Parece más joven y atractivo que lo usual. Desvío la mirada para no estarlo viendo demasiado. -Vamos – señala la puerta. Desde aquí puedo oler su inconfundible perfume, haciéndome respirar profundo para deleitarme con su aroma. Uno de los autos que pensaba era parte de la colección de Mauro, resultó ser de Benjamín. Nos adentramos en la carretera rápidamente, colocando las coordenadas en el GPS para llegar sin perdida, por la ruta mas rápida. -¿Y me dirás a dónde vamos? -Tu solo conduce, me dejas en el lugar y esperas en el auto a que yo regrese. Sonríe como respuesta y sigue conduciendo. Llegamos a la finca mas rápido de lo pensaba. Me bajo del lujoso auto y corro hacia la entrada, pero me detengo en seco al sentir la puerta del conductor cerrarse de golpe. Ben viene detrás de mí, caminando pacientemente con las manos en los bolcillos. -Vuelve al auto – ordeno molesta. -No puedes ordenarme, princesita. No trabajo para ti. -¡Claro que sí! Trabajas para la familia Fiore. -No. Mi trabajo es mas complicado que eso – sonríe de lado – te dije que te estaba haciendo un favor – toca la punta de mi nariz con su dedo – ahora camina. -Ni creas que te dejaré entrar. -Angelica… -No me llames así aquí – mascullo. -Ok, Queen. Vamos juntos, o vuelvo sin ti y averiguo lo que es este lugar. Tu decides. Miro al cielo y gruño con fastidio antes de comenzar a caminar con mi gorila siguiéndome los pasos. Si no fuera de vida o muerte, no lo hubiera traído, pero era menos complicado. Al entrar me recibe Tania, una chica pelirroja vestida con bata de laboratorio y la expresión mas preocupada que he visto. -Queen que bueno que llegas, Faco… ¿Quién es él? – su vista se desvía a Ben. -No importa ahora, ¿Qué le pasó a Faco? -Lo mordió una serpiente de cascabel. Ahora está en la sala de terapia intensiva, el doctor cree que no va a sobrevivir. Llevo las manos a mi cara, respirando profundo para ahogar las ganas de llorar. No me puedo permitir llorar, así que solo cuento mentalmente mientras me recuesto de una pared. No se como pueda reaccionar a la perdida de mi mejor amigo. Siento los brazos de Ben rodearme, lo que me sobresalta y lo miro espantada, pero pronto llega la calma y me dejo llevar. Cierro los ojos, me aferro a sus brazos, consiguiendo calmarme. -Gracias – me separo de él, aclarando mi garganta. -Lo necesitabas. -No vuelvas a hacerlo – mascullo manteniendo mi distancia. Lo escucho resoplar con molestia. Tania sigue en su sitio, mirándonos con incomodidad, esperando que yo diga algo. -Quiero verlo. Asiente y comienza a caminar por el largo pasillo, con nosotros siguiéndola. Ben no deja de mirar a todas partes, hasta que su mirada se topa conmigo de nuevo. -¿Qué es este lugar? -Una finca. Me mira con obviedad. Llegamos a la sala de terapia intensiva, allí dejo de prestarle atención a Ben, para correr hacia la camilla, donde está mi mejor amigo sedado. Aparatos suenan a su alrededor, pero el parece estar dormido, con una manguera conectada que le suministra algún líquido. -¿Él es Faco? – lo miro molesta – Es un… perro. -Es mi mejor amigo. No comenta nada mas, simplemente se mantiene a mi lado, mientras acaricio el pelaje de mi amigo. Un rottweiler, suave pelaje n***o, mas intimidante que la misma serpiente que lo atacó, pero que en realidad es muy dulce. No vive conmigo porque nunca estoy en un solo lugar, así que cree este lugar para que pueda vivir tranquilo junto a otros perros. -Entonces este lugar es una clínica veterinaria – habla mi acompañante mientras mira todos los aparatos a nuestro alrededor. -En realidad, es un centro de cuidado y refugio para animales – explica Tania – Todo esto creado y patrocinado por Queen, para Faco. Vuelve a mirarme, esta vez impresionado. -¿Todo esto para un solo perro? -No – ríe – Hay muchos mas, gatos también, reptiles, lagartos… esta finca es gigantesca – dice con orgullo – ahora los dejo, tengo que hacer unas cosas. Queen, quiero que estés tranquila, él saldrá de esta. Asiento para dejarla tranquila y la miro salir de la habitación. Mi pequeño está luchando entre la vida y la muerte, mientras que yo no puedo hacer nada mas que esperar. En momentos así, me enoja saber que ni todo el dinero del mundo puede comprar la vida. -Estará bien – siento las caricias en mi cabello. -Lo sé. -¿Podrías dejar de hacerte la fría? Este lugar demuestra lo que ya sabía. Tienes un corazón gigante. -Solo demuestra que me gustan los animales. -Lo cual es gracioso, porque Amber me dijo que solías cazar con tu padre. Tenía que derrumbar el momento recordándome esa idiotez. Mejor ni pierdo mi tiempo diciéndole que no me hable de Mauro, porque eso implica que pregunte y ya no quiero hablar de mí, mucho tengo con que sepa la existencia de este lugar. -Amber no sabe nada sobre mí. Te agradecería que no le comentes nada sobre esto. -¿Crees que todo lo que hablamos o hacemos, voy corriendo a decírselo a tus padres? -Si. -Que mal concepto tienes de mí. -Mientras sigas siendo el lamebotas de Mauro, seguiré desconfiando de ti. -No te preocupes, tengo mucha paciencia cuando se trata de ti. Poco a poco voy conociéndote, y debo decirte que me gusta cada una de las cosas que voy descubriendo de ti. Aprovecho que no estoy de frente hacia él para sonreír. Solo el dormido Faco es testigo de que me agrada Ben. Está demente, es un idiota y es mi enemigo mientras siga trabajando para Mauro, pero… me agrada. Solo un poco.        
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD