4. Ella lo vale.

2341 Words
*Benjamín*   Doy vueltas en la cama, pensando en Angelica. Tenerla tan cerca y al mismo tiempo tan lejos, es un reto para mi paciencia. Ella se convirtió en prohibida en el instante que su padre la miró a los ojos y la llamó por su nombre. No se que es peor, si soñar con ella sin saber donde estaba y si la volvería a ver, o pensar en ella sabiendo que está en el piso de arriba. Cierro los ojos e intento contar ovejas como hacía de niño, pero después de un rato sin resultados, comienzo a darme cuenta de lo estúpido que soy. El calor que emana mi cuerpo me desespera, lo cual es absurdo porque estoy bajo el aire acondicionado, sin embargo, la erección involuntaria me confirma que vuelvo a ser un puberto con las hormonas alborotadas con tan solo pensar en ella. Giro para salir de la cama, dando un par de golpes a la almohada para desahogar la ira. Tengo que darme un baño de agua fría para poder dormir y pensar en otra cosa que no sea su carita adorable. El reloj marca las tres de la mañana cuando vuelvo a la cama después de una ducha larga. Masturbarme pensando en ella no sirvió de nada, solo hiso que pareciera repugnante y desistiera sin alcanzar la eyaculación. Miro el techo por última vez antes de cerrar de nuevo los ojos y aspirar profundamente, cayendo dormido hasta la mañana siguiente. Una rutina diferente comienza hoy, ahora soy el supervisor del personal, por decirlo de alguna manera. Camino por los pasillos, vigilando que Snow esté junto a la puerta de la Señora Amber para que lo encuentre a tiempo. El desayuno está servido y Amber baja justo a tiempo para encontrarse con su esposo en el comedor. -Benjamín toma asiento, ahora eres como de la familia – Mauro manda a poner otro puesto. Amber mira extrañada que no hay mas puestos en la mesa y comienzan a servir el desayuno solo para los presentes. -¿Dónde está Angelica? -Le acabo de subir el desayuno a su habitación, Señora – el ama de llaves responde apenada. -Llámala, por favor. -Luisa está ocupada como para subir a lidiar con Angelica a esta hora – habla el Señor   -Entonces iré yo misma. -Yo voy por ella – me ofrezco. Voy directo a su habitación, abro la puerta sin tocar, arrepintiéndome enseguida. Un zapato vuela por loa aires, aterrizando directamente en mi frente. -¡Maldición! ¿Qué te pasa? -Eso te pregunto yo a ti, grosero ¿No te enseñaron a tocar? -Lo siento ¿Por eso tenias que lanzarme un zapato? -Era lo que estaba mas cerca – se encoje de hombros. -¿Y si hubiese sido Amber? -Mi madre no usa traje a las ocho de la mañana, en casa, un sábado. Cuando dejo de sobarme la frente, veo el tacón en el piso, al igual que su dueña, quien me mira molesta desde el suelo junto a su cama, sentada sobre un montón de almohadas, con papeles regados por todo el lugar y un sándwich a medio comer junto a una taza de café. La laptop que le di está encendida, mostrando estadísticas extrañas, lo que la hace parecer bastante ocupada en este momento. Está vestida con una pijama de seda en verde esmeralda, el cabello enmarañado recogido en una coleta mal hecha y su cara completamente limpia, sin el maquillaje que estoy acostumbrado a verla. Sería completamente natural si sus pestañas y pechos fuesen reales, pero eso no la hace ser menos autentica. Me tiene totalmente embelesado esta mujer.  -¿Vas a quedarte ahí viéndome, o me dirás lo que quieres? Aclaro mi garganta para hacer tiempo de que mis neuronas trabajen y formulen la oración correcta. -Amber… Tu madre mandó a llamarte. -¿Y pasaste de ser el lamebotas de Mauro, para ser el mandadero de mi mamá? -Solo hago un favor. No tienes que ser grosera todo el tiempo. -¿Yo grosera? Tu fuiste quien entró a mi habitación sin tocar. Pude hacer estado desnuda – Muy mala analogía, ahora tengo esa imagen mental – En fin, dile que ya comí. Estoy muy ocupada aquí – señala el montón de papeles. -¿Qué es todo esto? – tomo uno de los documentos, encontrando que es una lista escrita a mano. -Trabajo, Cariño – me la quita de un tirón – Aquí donde me ves, soy mas que una cara bonita con pechos falsos. No he tocado un solo centavo de la fortuna Fiore en más de cinco años – dice con orgullo. ¿Cómo decirle que me excita que sea de esa forma? Es independiente, fría y su actitud de “Soy mejor que tú”, me hace querer besarla a cada segundo. -¿Qué le digo a tu mamá? – trato de volver al tema principal. -Ya te lo dije, que estoy ocupada. -¿Le digo que estas trabajando? Porque querrá venir a verlo ella misma. Detiene lo que está tecleando en la laptop para mirarme. -Tienes razón. Se levanta rápidamente, cayendo sobre mí por el mareo. Estoy tan cerca que puedo oler su perfume de rosas, y acariciar la piel de sus brazos. Muero por abrazarla. Sin los tacones es mucho mas bajita, me provoca cargarla en mis brazos y jamás soltarla. Se separa de mi para caminar hacia la puerta, pero la detengo. Mi instinto me dice que la bese, aquí y ahora, no tendré otra oportunidad como esta. Sus labios están a tan solo un suspiro de distancia, solo es cuestión de inclinarme un poco y podré sentirla, pero algo me detiene. -¿Pretendes salir de esa forma? – es lo único que sale de mi garganta. -Estoy en mi casa, Ben. Puedo salir desnuda si quiero. -Hay mas de veinte personas que trabajan en esta casa. Tienen que pasar sobre mi cadáver si pretenden verte desnuda. Se acerca peligrosamente a mis labios, con una sonrisa de lado. Juro que mi corazón se detuvo un segundo. -Eres protector, Benjamín, eso me excita – susurra – pero yo hago lo que se me da la gana, y ni tu ni nadie va a impedirlo. Aunque tranquilo, no saldré desnuda… hoy – ríe sin apartarse de mí. Pasa a un lado dejándome solo en la habitación, apenas respirando correctamente. Cuando voy detrás de ella, la alcanzo ya en el comedor, donde parece haber una discusión en curso. -¿A caso te pedí tu opinión? -Solo digo que deberías ser mas femenina, comportarte como una dama, Angelica – Mauro parece bastante molesto. -¿Y que soy, un perro? -Un perro obedece mas. -¡Basta! – explota Amber – Angelica ve a cambiarte. Mira indignada a su madre, antes de gruñir y salir corriendo del lugar. Me quedo parado en medio de umbral sin saber como reaccionar a tal espectáculo. Amber me mira apenada, suspira antes de cruzar la puerta hacia el jardín, por ultimo, me hago a un lado para darle paso a Mauro, quien parece refugiarse en su despacho. Esta familia tiene problemas serios. Después de desayunar solo, el ama de llaves me comunica que Amber quiere verme en la mesa de té en el jardín. Está desayunando un platón de frutas cuando llego. La molestia es evidente en su rostro, y en la forma en la que pica los trozos de fruta antes de llevarlos a su boca. -¿Me llamaba? -Si. Lamento la escena de hace un rato. -No se preocupe – trato de sonreír. -Mi hija es muy difícil – suspira – Mauro tampoco es que la ponga muy fácil, pero deberían esforzarse en llevarse bien. Tapa su cara con las manos y respira profundo, cuando las descubre se pueden notar un par de lagrimas salir de sus ojos, a lo que inmediatamente le ofrezco un pañuelo. -No se a donde fue mi pequeñita – dice con añoranza – solía ser apegada a su padre, la llevaba de cacería, de compras, a la heladería, las prácticas de futbol – sonríe triste – siempre fue mas varonil que Austin, y a Mauro le encantaba por fin hacer todas esas cosas sin que un niño llorón se quejara de todo… pero, cuando Angelica cumplió la mayoría de edad todo cambió, se volvió rebelde, irresponsable. Siempre creí que era una fase. -¿Y si algo sucedió? -No lo creo, me lo hubiera dicho – afirma. -Hay cosas que no es fácil decirle a nuestros padres. -¿Qué podría ser tan malo para que dejara de llamarlo papá? – pregunta – Angelica no lo admite, pero ambos son idénticos en carácter. A ninguno le gusta ceder, es por eso que viven discutiendo a toda hora. No se que responder a eso. Que Angelica odie tanto a su padre debería ser algo que hablen entre ellas, pero Amber parece estar segura que Mauro no tiene nada que ver en eso. Opto por ahorrarme mi opinión y solo escucharla. -Mauro me comentó que fuiste tu quien la trajo de vuelta – dice mientras se limpia las lágrimas - ¿Cómo supiste que era ella? -No lo sabía. -Pero la conocías desde antes – asegura mirándome a los ojos – No trates de negarlo, Benjamín. Puedo notar como la miras, te gusta ¿No es así? Por supuesto. -No – miento – Es hermosa, si me permite decirlo, pero… no está a mi alcance. Se queda pensativa unos segundos, lo que me da tiempo suficiente para respirar profundo. Espero que no pueda oír el latido de mi corazón, porque siento que se me va a salir del pecho en cualquier momento. -Angelica puede ser difícil, pero en el fondo es una chica dulce. Si te gusta, no te rindas – toma mi mano – Ella lo vale, te lo prometo. -Pero… -No somos una familia prejuiciosa, o esnob, no te equivoques. Eres un buen chico, y si te conviertes en mi yerno, estaría encantada – sonríe. -Creo que eso tendría que decidirlo ella. -Te espera una batalla difícil, Romeo. Por lo menos logré que dejara de llorar, lo malo es que ahora está empecinada en verme con su hija. Yo feliz por hacerlo realidad, pero lo difícil es hacer que Angelica me vea de otra forma. Hasta ahora parece que me odia por ser empleado de su padre, lo que no sabe es que ella es la razón por la que jamás voy a renunciar. No me iré de este lugar en tanto pueda estar a su lado. ****** Durante todo el día he estado de un lugar a otro. Se supone que como ahora estoy a cargo, debo estar al pendiente de todo, lo que significa que tengo que tener ojos en todos lados. Para cuando llego a poner un pie en la mansión, ya son mas de las once de la noche. Busco la cocina para prepararme algo de cenar, puesto que me salté la cena por estar en una reunión con los gerentes de los casinos a nombre del señor Fiore. Termino con un huevo frito y una tostada frente a mí, junto a un vaso de jugo de naranja. Parece mas un desayuno que una cena, pero tendrá que bastar por ahora. Justo cuando voy a llevar el pan a mi boca, escucho pasos acercarse a la cocina. Por un momento mi subconsciente cree y pide que sea Angelica, que terminemos en un encuentro casual en la cocina, a media noche cuando todos duermen, idéntico a las escenas sacadas de una película porno, pero mi realidad llega de repente cuando identifico a la figura que entra vestido de pijama. -¿Qué haces aquí a esta hora? – Mauro pregunta sorprendido. -Comiendo algo. -¿A eso le llamas comida? -Es esto o nada. Se sirve un vaso de agua helada y la toma de un solo trago. Parece alguien que acaba de salir de una sesión intensa de sexo, lo curioso es que sus pasos no sonaban que bajaba las escaleras, sino mas bien que venían del pasillo de las habitaciones de empleados. -Se le ve cansado – comento. -Si. Ya no soy un jovencito – dice como si nada, volviendo a llenar el vaso – supe que te fue de maravilla con los gerentes del casino. Mañana quiero que vayas a presentarte con Mike, es tiempo de que las chicas de la mansión te conozcan. Una mansión swinger a las afueras de la ciudad, un club exclusivo, uno de los principales productores de pornografía en las vegas. Se puede decir que eran la compañía mas vista del país, hasta que la competencia se mudó cerca. Angelica es la espina en el zapato de su padre, sin que él lo sepa. No solo le robó contratos con hoteles y casinos, sino que se convirtió en la compañía de pornografía mas vista en el ultimo año. Sabrá Dios como lo hace todo desde esa pequeña laptop. -Otra cosa – se detiene antes de salir de la cocina – ¿Puedes hacerme un favor personal? Quiero que mantengas vigilada a Angelica, no quiero que haga otro drama como el año pasado. -¿Le asigno un guardaespaldas? -No. Eso sería una perdida de tiempo, el ultimo terminó con un tiro en el pie. Mejor has espacio en tu agenda para que la vigiles tu mismo. -Eso esta un poco complicado. -Solo hazlo. No por mí, sino por Amber. Está muy preocupada por ella, teme que se largue en cualquier momento. -Esta bien.  Se temina de marchar, esta vez si sube las escaleras. En esta casa suceden cosas raras, aunque típicas de una familia de su clase. Para mí es un sueño pasar tiempo con Angelica, aunque eso significa hacer a un lado mis otras tareas, lo haré con gusto. Si lo que dijo su madre es cierto, ella es mucho mas que esa corteza fría, y es justo eso lo que quiero descubrir.  
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