Apurada sale de ese sitio, se toca el pecho estando en el pasillo y se acercó a ella—¿Qué pasó? —pregunto.
—Los papeles no eran para él, te haz confundido y me saco de su oficina—dice casi con la voz entrecortada.
Corre buscando más carpetas, se disculpa porque el señor D’Amico tenía razón y fue un traspapeleo de ellos—Debes ir de nuevo—la empujó.
Se pone firme—No quiero— dice con la voz entrecortada y la miró—¿Por qué nadie me comentó que ese hombre es malvado?—preguntó.
Sophie jamás fue un blanco fácil para que otra persona le gritara y mandará de esa forma. Su personalidad era tan débil que la situación la superó por completo y quiso irse rápido de ese lugar.
Caminó hacia ella y apoyo una mano en su hombro—Bienvenida a la vida real donde los millonarios como Carter D’Amico nos tratan como trapos de piso—le informó para que vaya teniendo una idea de cómo eran las cosas en esa empresa.
—No quiero que me trate así—dice con la voz entrecortada.
Se pone delante de ella—¿No eras quién necesitaba este empleo para ayudar a su familia?—preguntó mirándola.
Se queja porque tenía razón, no estaba en una posición para renunciar en el primer día y suspira—Si pero ese señor—la interrumpe poniendo su mano en el hombro.
—Irás hasta la oficina, te disculparas y le entregaras bien los documentos. Listo tema resuelto, Sophie—le dice como si fuera algo fácil para ella.
Asiste varias veces, camina hacia la oficina y golpea unas cuantas veces hasta que él le permite el ingreso—¿Y pudiste aprender a leer?—pregunto dejando el celular a su lado.
Aprieta sus dientes para no faltarle el respeto—Si, lo siento señor. Acá están los documentos bien —se acerca dejándolos encima de su escritorio.
Agarra los documentos, no los lee y firma. Se los regresa—Quiero que estudies los planos que tienen esos documentos, sepas bien las descripciones porque mañana te necesitaré a mi lado respaldando mis presentaciones en las reuniones—le ordena.
Su empleo era de una asistente y nada más. No entendía todo el mundo de la arquitectura, en ese instante olvidó que era una empleada y apoyó sus manos encima del escritorio—No puedo hacer eso porque no entiendo nada de esto—dice desesperada mostrando los papeles de varios planos.
Larga una risa y camina rodeando su escritorio, abre la puerta y le da un espacio. Observó que no entendía y le hace una seña para que se acerque —¿Cómo era que te llamas?—preguntó irónicamente.
Nerviosa comienza a tartamudear, no quería perder otro empleo el primer día porque ya su vida era un caos total. Debía cumplir con su promesa de soportar y traga saliva—Sophie— dice nerviosa y mueve su cabeza para tranquilizarse—Sophie Tanner, señor—dice mirándolo.
—Entonces escúchame, Sophie Sophie Tanner—se burla de ella y señala la salida para que se vaya hacía el pasillo. Lo cual obedeció en silencio —Quiero que te quedes sentada ahí hasta que aprendas a leer mis documentos porque sino ya conoces la salida, niña— le dice con un tono de soberbia que no aguantaba más. Cierra la puerta en su cara y ella camina hacia donde se encontraba la hermana de su amiga.
Desesperada mueve los papeles, los apoya encima de la mesa enorme —Thelma necesito tu ayuda, dime qué sabes leer esto por favor—dice poniendo sus manos en rezo.
—Esto te saldrá muy caro, pequeña—dice con una mirada pícara.
Esa mañana después de ese encuentro con su jefe acomodó sus ideas de como sería su trabajo de ahora en más. Sophie nunca se había cruzado con un ser tan cruel como era él, ya estaba conociendo a Carter D’Amico. El despiadado demonio que no tenía piedad con nadie.
Se mantuvo escuchando las explicaciones de Thelma quien la ayudaba de ese aprieto, anotó cada explicación para poder tener una idea general y observó que el dinero que se iba a manejar en ese negocio era tanto que ni trabajando toda su vida podría conseguirlo. Le da un beso en la mejilla—Gracias eres única — le dice sonriendo.
La puerta de Carter se abre y asoma su cabeza—Ven que hoy veremos si sigues aquí o debo despedirte—le ordena.
Le guiña un ojo—Suerte—susurra.
Acomoda su ropa, su cabello y camina lentamente hacia adentro. El anotador en su mano—Acá me tiene, señor—dice tartamudeando.
Enciende una pantalla que daba contra la pared, podía ver las imágenes que tenía en esas carpetas y comienzan hablar. Logra darse cuenta que estaba practicando la presentación del día siguiente, se acomodo sus manos delante de su cuerpo y escucho atenta. No lo miraba mucho, llevó su mirada a la pantalla y luego a él que se encontraba concentrado en lo que decía —¿Entendiste? — preguntó.
Hace un gesto con su boca—Si, solo un pequeño detalle que aprendí leyendo los documentos que usted me dio — dice acercándose a la pantalla y señalando—El proyecto de este Hostel tiene un área de 1800 m², 900 m²cubiertos. Ese detalle se le escapó—le corrigió.
Se queda mirando como ella se desenvolvía frente a él, no le tenía tanto miedo como parecía —Veo que aprendes rápido, me gusta eso—dice acercándose.
—Gracias señor, este empleo es muy importante para mi—dice mirando hacia abajo porque se sentía intimidada.
La observa de arriba hacía abajo, no llegó a notar la desprolijidad que manejaba en el vestuario esa mujer y la señaló —¿De verdad te interesa mantener este empleo?—pregunta tocándose el mentón.
Suspira—Si, muchísimo y juro que haré lo que sea para tenerlo satisfecho—le aseguró.
Camina hacia su alrededor y escucha atento lo que esa joven le proponía. Sube su mano por el hombro de ella y niega con su cabeza—Creo que tus padres jamás te enseñaron hablar con un hombre—se limitó a decir y sonríe —Haré lo que sea para tenerlo satisfecho—imitó su voz y se burló de ella.
Frunce su ceño—¿Dije algo malo, señor?— preguntó poniendo sus manos delante de su cuerpo y entrelazando sus dedos de los nervios.
Se detiene frente a ella, toma sus hombros y la presiona—Si, porque para tenerme a mi satisfecho debes hacer otros trabajos extras fuera de esta oficina, Sophie. Debes medir tus palabras y no jugar con fuego—susurró mirándola.