Katherine.
Divet, Penelope... ¿y Ethan? Si me voy a encontrar con todos los desgraciados que me relacione en el pasado, también debería estar Ethan.
Busco a Joseph, cuando lo encuentro se ve nervioso, no se esperaba la llegada de sus hermanos.
Bueno, tengo hambre y si debo alimentarme quien mejor que Penelope, después de todo Divet nunca me ha hecho daño.
Ambos hermanos se presentaron y dijeron que fue una casualidad encontrarse con nosotros.
Por supuesto no les creí.
Mi vientre sigue doliendo, debo comer, lo que sea...
—¿Tienes hambre?— Ezra se pone frente a mí.
—Puedo aguantar.
—No, no puedes. Debes alimentarte, Kat. Quien sabe el movimiento planeado por esos vampiros— mira a lo lejos a los hermanos, hago lo mismo ellos se devuelven con una sonrisa—. Son sospechosos y es por eso que debes estar fuerte.
—Tú también eres un vampiro— le recuerdo divertida, rueda los ojos y se sienta a mi lado.
—Soy mejor que ellos.
Bien, tiene un punto. Ninguno de los dos confiamos en ellos, supongo que Leya y Joseph tampoco.
—Si ves una presa me lo dices— le pido.
Sus labios tocan los míos y me tenso.
Están mis enemigos, y nuestros compañeros, aún así se atreve a besarme...
Su mano viaja debajo de mi falda tocando mi zona.
Hijo de perra.
—Eres una ramera— Lisa se me planta furiosa. No la entiendo, ¿qué quiere de mí?
—Te calmas y bajas el tono. Soy tu hermana mayor y...
—¡No eres nada mío!— mis palabras se cortan cuando ella me interrumpe—. Lo único que puedo decir es que eres una puta que se acuesta con todo el maldito reino. Tienes sangre fría, Kat. Solo pido que te mueras y tu hermano te arranque toda la piel mientras te devora y..
Lisa cae cuando una mano impacta en su mejilla. Ezra la abofeteó.
La verdad es que estuve a punto de hacerlo, él se me adelantó.
Ella se toca su mejilla sorprendida, y los demás se acercan a socorrerla.
Joseph intenta ayudarla, Ezra se lo quiere impedir, pero entonces...
—Joseph, sueltala— extrañado, suelta el brazo de ella y se pone detrás. La miro a sabiendas del odio que cada vez crece más—. Me tienes cansada con tus malditas palabras. Ya no te obligo a nada, si quieres quedarte y pudrirte como lo estabas haciendo eres libre, pero a mi me respetas o sino yo misma acabo con tu miserable vida— me agacho a su altura y tomo con fuerza sus mejillas, obligando a que me mire— ¿Me entendiste?— no responde y ejerzo más fuerza—¿Entendiste?— asiente de mala gana y la suelto.
Al no oír ni una palabra de su boca, doy por entendido que ya no se atrevera a hablarme por un buen rato.
Descansamos a plena luz del día en el lugar donde encontramos a Divet y Penelope.
Quise acercarme a Leya pero se veía entretenida hablando con Penelope. Me inquietó, pero preferí dejarlo pasar.
Quizás se lleven bien, no me incumbe.
Joseph se me acerca cuando ve a Ezra alejarse.
—¿Podemos hablar?— me mira con sus profundos orbes carmín, a su espalda puedo ver como Lisa se muerde el labio con un deje de ira.
Parece que se ha enamorado de él cuando lo vio.
—Claro.
Lo sigo entre unos arbustos, nos alejamos un poco de los demás y entonces me empuja contra un árbol.
¿Y a este qué?
—Tú no eres así, nunca le hubieras hablado de esa forma a tu propia hermana.
—Las cosas cambian, y cuando te tratan como una mierda uno explota— confieso acortando el espacio que nos separa.
Sus brazos se extienden a cada lado de mi cabeza tocando el árbol.
Estamos solos en este bosque, apartados de quienes pueden jodernos.
—¿Quieres ver lo mucho que he cambiado?— agarro su mano y la muevo a mi cuello, él toma el control y me acaricia.
Detiene el acercamiento que estaba haciendo.
—¿Amas a Ezra o a Lorian? ¿Tengo oportunidad contigo?— musita desesperado, su pecho sube y baja.
No me gusta verlo así, me siento mal...
—¿Tú sientes algo por Lisa?— pregunto evadiendo responder.
En lo que menos pienso es en el amor, pero entonces ¿por qué le interrogué con una pizca de celos?
Quizás quiera tenerlos a todos solo para mí, que no estén con otras, o tal vez sienta celos por que una vez amé a Joseph.
—La única a quien amo eres tú— responde y me besa. Noto lo mal que está.
Correspondo de inmediato, un poco más agresiva de lo usual.
El hambre y los celos son mala combinación.
Rompo su camisa, dejando su pecho desnudo.
Quiero poseerlo, quiero que me posea y quiero demostrarle a Lisa que ya no me importa que piensen de mí.
Ella se esconde detrás de un arbusto.
Joseph lo nota y frena, pero tomo su rostro y le estampo un beso— Demuestrame que no te importa. Demuestra lo mucho que me deseas— susurro a su oído.
Asiente, eleva mis piernas y me permite que las enrolle en su torso.
El vestido que hoy uso es de falda corta, un diseño que me atreví a crear para poder follar las veces que me de la gana.
Además, es parecido a la vestimenta de los cazadores.
En fin, me facilita las cosas.
Nuestras lenguas danzan en nuestra boca, estamos a punto de explotar.
Entierro mis uñas en su espalda, soy un poco bruta y termino haciéndolo sangrar.
Quiero disculparme, pero escucho como gime por ello.
La posición en la que estamos no nos incomoda para nada.
Contra un árbol, yo enrollada eb él, esperando a que me penetre de forma brusca, y sin mencionar la experiencia de ser vistos por un tercero, como Lisa.
Saca su m*****o del pantalón y lo siento tan duro cuando hace presión en mi sexo.
Está enojado, y me atrevo a decir que celoso, y esa si es buena combinación para una buena follada.
Me penetra sin aviso, sus ojos se oscurecen viéndose perdido en el placer.
Arremete contra mí causando que cada estocada mueva el árbol.
Intento moverme pero se me hace imposible con las penetraciones veloces y rudas.
Quiero explotar, estoy cegada.
Me aferro a su cuello, permitiendo que se libre del tormento que lo carcome.
Entierro aún más mis uñas en su espalda, noto la vista de Lisa sonrojada y sonrío con dificultad a su dirección.
Mío. Susurro en silencio.
Entendió a la perfección mis labios, su vista se enrojece de ira.
Joseph incrementa la velocidad.
—Más, más— gimo desesperada moviéndome junto a él. Si Lisa me ve como una puta, pues debo cumplir sus expectativas.
Ya no me concentro en ella, me pierdo en el placer que me ciega, en mi interior algo me grita que quiere más, quiere devorarse al hombre perfecto que me hace gemir su nombre a los cuatro vientos.
¡Mierda!
Muerdo su cuello, arrancando un pedazo de su piel.
Detiene las embestidas un tanto adolorido, quiero detenerme pero el placer de devorarlo mientras tengo sexo me lo impide.
—Escapa— le pido con dificultad. Tenerlo dentro mío me exaspera. Si se mueve o yo me muevo, volverá el deseo y si vuelve me voy a descontrolar y querré devorarlo en todos los sentidos posibles...
—Soy todo tuyo. No me importaría ser comido por ti— se mueve lentamente, recobrando mi deseo.
Esas palabras se me clavan en mi mente, queriendo hacerle caso.
—Recuestate— le ordeno ida de mí.
Ya no puede escaparse, y solo hay una manera de liberarme.
Obedece y se recuesta cerrando sus ojos.
Me pongo en cuatro, avanzo y lamo mis labios viendo su polla erecta, libre de prendas y salida de mi interior.
Agacho mi cabeza y la meto en mi boca, no la dejo por la mitad. La meto toda, dejandomr poseer por el deseo.
Sus manos se aferran a mi melena, le gustara tanto como a mí.
La saco y meto entera de mi boca, escucho sus gemidos y me deleito con los sonidos y su jugoso m*****o.
Muevo mi boca en círculos, follando su polla con mi boca como nunca antes.
Mi corazón se acelera, mi boca quiere más, necesita más.
Aumento la velocidad y se arquea, siento que está a punto de venirse en mi boca, necesito que lo haga.
Mis manos se ponen entre sus piernas, acariciándolo y finalmente, libera un espeso líquido el cual trago de inmediato.
Lamo mis labios, necesito volver a saborear para detener mi hambre.
Ni siquiera lo beso, hago prisión de su m*****o con mi sexo y yo misma dejo que su falo erecto se introduzca.
Empiezo a moverme con la vista perdida en algún punto. Quiere besarme pero le es imposible. Estoy arriba de él como una verdadera perra.
Empiezo a brincar y los dos gemimos al mismo tiempo, su mano en mi teta solo empeora las cosas.
Todo va muy rápido, los movimientos se vuelven feroces, dejo besos por su pecho y logramos venirnos al mismo tiempo.
Salgo de él y me recuesto a su lado.
No quiero ver a Lisa, tampoco quiero ver la herida que he dejado en el cuello de Joseph.
Sigo con hambre, quiero volver a repetirlo, pero entonces, un ruido nos hace voltear al mismo tiempo.
Se escuchó a nuestras espaldas, Lisa ya no está. Quizás fue ella.
Volvemos la vista al frente, nos levantamos acomodando nuestra ropa.
Cuando intentamos salir del bosque, alguien se nos interpone en nuestro camino.
Huelo el aroma, me es tan familiar, malditamente familiar.
No puede ser...
Aprieto la mano de Joseph, un poco asustada. No creí sentir este miedo, estaba segura que sería capaz de hacerle frente.
Levanto mi cabeza y lo encuentro a él.
Ethan.
Si, todo fue una maldita trampa.
Estoy paralizada, ¿qué debo hacer?
Mi cuerpo no responde, de momento se aferra a la mano de Joseph.
Mi corazón palpita tanto hasta el punto de creer que se saldrá de mi pecho.
¿Estoy sudando?
—Cuanto tiempo sin vernos, mi querida Katherine— acaricia mi cabello, Joseph lo empuja apartando su mano de la mía.
Está a punto de pelear con Ethan para defenderme.
—Vete, Kat— grita exaltado. Quiero hacerlo, de verdad que si, pero mis piernas no responden, mi cuerpo entero no lo hace.