Capítulo 10

1895 Words
Recuerden que Evin es el gemelo malvado de Katherine. Evin. Katherine me subestima de gran manera, se piensa que va triunfando y no se da cuenta en la trampa que he puesto en su camino. Por un lado me siento satisfecho de lograr engañarla y por el otro, me genera odio verla sonreír, creerse que va ganando cuando no es así. Mi plan sigue a la perfección, pronto acabaré con su miserable vida y a su vez, podre tener el poder que por derecho debería ser mío. Verónica, la extraño amante de Ethan es una bruja muy poderosa, por el momento me sirve su rencor hacia mi hermana, aunque no durara para siempre. Entierro mi mano en su melena y la impulso a que me lama bien la polla. Necesito que llegue más lejos, estoy excitado y a veces me sirve, pero en ocasiones no. Ni siquiera puedo metersela entera en la boca. Suspiro. Perra inútil. —Vamos— exijo por décima vez esperando un buen resultado y lograr correrme en su boca. Un intento fallido dado que se estremece y quita mi m*****o aún erecto de su boca. Ni me corrí ni lo disfruté. —No sirves para estar con un hombre— le escupo, su rostro se encuentra teñido de color carmín, sus labios finos están un poco inflamados. —Si no te gusta ve y pideselo a la inservible de tu amante— se levanta del suelo donde estuvo en cuatro y alisa su vestido. Quisiera ir y pedirle una buena mamada a mi mujer, pero lamentablemente no es el momento. La preñe y no quiero dañar a mi futuro heredero. Verónica puede verse muy sensual e igual así no se le compara a la mujer de cabellera castaña con ojos verdes y labios carnosos. —¿Cuál es tu siguiente plan?— me pregunta la bruja, busco sus ojos y noto sonrisa lasciva diriga a mi m*****o, lo vuelvo a meter en mi pantalón con el nudo en la garganta. Debo buscar a mi mujer. —No es como si necesitaras saberlo. Lo importante es que voy a ganar en esta guerra— contesto saliendo de mi aposento. Busco a la castaña y la hallo en la sala. Su melena está recogida aunque algunas hebras se ven sueltas. Hoy usa un vestido de color gris, tan sombrío y ni siquiera ese color le quita la perfección que emana mi mujer. Verla de espalda me pone a mil, siento un dolor bajo mi pantalón, solamente ella podrá saciarme. Avanzo unos pasos y antes de llegar a ella voltea, encontrándose con mis ojos. De inmediato sonríe para luego lanzarse a mis brazos. Huelo su perfume, me enloquece sentir su cuerpos, sus brazos rodearme. Con ese simple acto mi polla hace presión, tanto que estoy seguro que ella lo siente. —Estaba aburrida, hasta que llegaste— susurra en mi oído con su voz seductora. Sé lo que quiere y yo también. Retrocedo hasta llegar a la puerta y cerrarla con seguro. No quiero que nadie nos interrumpa. Una vez hecho, la beso con desespero y ella corresponde. Sentir nuestros labios fundirse en este beso lascivo me hace arder. Sus manos se colocan en mi cuello mientras que las mías buscan su espalda cubierta por la tela, lo cual me obliga a arrancarsela de una sola vez. No separo mis labios de su boca, la espalda de su vestido roto ayuda a que dicha prenda toque el suelo, dejando a mi mujer desnuda. Tengo plena libertad de tocar donde me plazca, sin impedimento. La yema de mis dedos recorren la espalda, corta nuestro beso y jadea con ese pequeño acto. Disfruto ser testigo del placer que infundo en ella. Echa su cabeza hacia atrás, recorro mi mano en su cuello y deposito besos húmedos por su blanca piel, ella gruñe, voy bajando mi cabeza hasta llegar a sus pechos, en uno de beso y chupeteo su aurola, mientras que al otro lo masajeo de arriba a abajo. La sala se inunda con sus leves gemidos, trata de reprimirlos pero no la dejo, deteniendome—. Quiero oírte, no te limites. Baja la vista y frunce el ceño—, y tú no te detengas. Le dedico un fugaz beso en sus labios y vuelvo a sus pechos. Ella se merece toda mi atención, que la disfrute en cada parte de su piel, de su cuerpo y de su alma. Chupo su pezón rosado como un bebé ansioso. Ella enreda sus dedos en mi cabello, disfruta de los chupones, entonces me dedico a hacer lo mismo en su otra teta. Repito lo mismo, esta vez mordiéndola provocando que emane su deliciosa sangre, la cual chupo de inmediato haciéndola gemir más fuerte. Mi lengua lame la herida, lame sus pechos y regresa a su cuello. Noto el deseo que me tiene y eso me deja loco. Mi polla se hace cada vez más grande a causa de sus gemidos, de sus besos o su simple caricia. —¿Quieres más?— la desafío desabrochando el cierre de mi pantalón, dejando a la vista mi m*****o. —Claro...— tartamudea, se muerde su labio. Abro mis ojos y trago saliva cuando su mano se queda en mi polla. Al principio la toca, y en mi interior siento miles de sensaciones. Solo ella puede tocarme como lo hace. Va perdiendo la vergüenza cuando mueve su mano lentamente, provocando que jadee. Los movimientos son suaves, siento que perderé la conciencia si sigue moviéndolo así. Incrementa los movimientos, atenta a mi mirada, la descarada me besa sin perder la velocidad que ejerce en mi m*****o. Estoy que estallo, ella es todo lo que necesito y entonces... Logro correrme en sus manos. —¿Te gustó?— pregunta divertida, mordiendo mi cuello como si fuera una vampira o demonio. Dios, si me sigue provocando... —Todavía no acabamos— empujo su cuerpo al sofá, la siento y me mira extrañada. Abro sus piernas de un jalón y su boca y ojos se abren de par en par. Aún no pierde la vergüenza. Vuelve a cerrar las piernas, las abro de nuevo sin apartar mis manos de sus tobillos, impidiendo que cometa lo anterior. —No quiero...— refuta con miedo, beso su muslo y se estremece—. Basta. Niego, lamo su vientre donde yace mi heredero— Deja la vergüenza de una maldita vez. Te encanta que te coma de todas las maneras posibles— gruño lamiendo su pelvis, ella se pone rígida por un momento, queriendo reprimir lo que tanto desea—. Te guste o no eres mi mujer y yo soy tu hombre. Entrelazo nuestros labios, esta vez, nuestras lenguas de embisten una con la otra, estamos excitados, desesperados, hambrientos. Sin que se de cuenta, bajo mi mano a su sexo, lo acaricio y ella gime en mi boca. No pierdo más tiempo, introdujo dos dedos a su sexo y acaricio su interior. —Evin... —Vamos, gime más fuerte— la obligo embistiendola con mis dedos, su cuerpo tiembla, su boca suelta mi nombre un par de veces y se corre. Quito mis dedos viendo los mojados que están, los lamo y luego los meto en su boca. Chupa sin problema y eso me da la imagen de ella chupando mi polla. Cuanto placer. Pero eso será más tarde, ahora quiero chuparsela a mi mujer. Me pongo de rodillas, sus piernas tiemblan. Ya sabe lo que haré. Inmediatamente enreda sus dedos en mi cabellera, ejerce fuerza y no he hecho nada aún. Veo a la perfección su sexo, me encanta. Abierta de piernas para mí, es así como debe estar. Mi lengua lametea, recorriendo cada parte de su sexo. Ella demuestra como lo disfruta gimiendo fuerte mi nombre. Entierra aún más sus dedos y me empuja para que me dedique a su coña en cada parte. Poso mis manos en sus piernas y mi lengua viaja más profundo. La penetro con la lengua y ella se retuerce de placer. Doy movimientos suaves, y como era de esperarse se viene en mi boca. Chupo todo el líquido liberado, sin dejas escapar una gota. Lamo mis labios y vuelvo a subir en busca de los suyos. Me jala con rapidez para sentir mis labios y se recuesta en el sofá. Aprieto sus caderas, mi polla se mueve en círculos burlandome de su desesperación, quiere que la penetre y la haga mía. Quiero lo mismo, estoy jugando con fuego. —Hazlo, maldita sea— maldice entre dientes, mordiendo mis labios junto a un gruñido. Su timidez desapareció. Iba a introducirme en ella y entonces... —Majestad, el almuerzo está listo— me avisan abriendo la puerta. Verónica, la maldita perra la abrió. Nos observa a ambos, la ignoro queriendo volver a besar a mi mujer, pero ella me tapa los labios sonrojada. Mierda, le da vergüenza. Ella me sube el cierre y me abraza evitando que la bruja desquiciada la vea desnuda. —Sal de aquí si no quieres morir de una vez por todas— la amenazo esperando que diriga su mirada a mí, pero está concentrada en mi mujer— Soy un hombre de palabra, o sales o te mato— le vuelvo advertir, me mira finalmente y sonríe— No lo volveré a repetir. —No te enfades, estoy esperando a que vengas por que si me voy, ustedes seguirán. Me levanto, cubro a mi mujer con el vestido roto del suelo y la siento. Una doncella llega y le ofrece un nuevo vestido de color amarillo, se lo pone, se aferra a mi brazo y me sigue. En todo ese tiempo Verónica no se largó. Sus celos me tienen hastiado. Me siento en la silla principal de la mesa, a mi derecha lo hace mi mujer y a mi izquierda Verónica. —Traigan al prisionero— les ordeno a los guardias quienes lo cumplen y traen a Lorian. Su elegancia sigue intacta, pero debajo de esa fachada se esconde un ser miserable. Se sienta al final de la mesa manteniendo la distancia. Si no lo asesine es por que todavía me sirve. Cruzo mis manos y las pongo bajo mi mentón. No come, no bebe, no hace una mierda. Simplemente me ve con profundo odio. —Te atreves a verme de esa forma tan descarada— sonríe el maldito infeliz. —Así es, pero tú no te quedas atrás— su sonrisa no es buen agüero, este infeliz se tiene algo entre manos y su sonrisa lo confirma—. Me ganas si de descarados se trata. Acostarte con Leslie, la pequeña hermana de tu gemela, Katherine. Ya no entiendo, ¿es por venganza? Se escucha un cubierto caerse y proviene de Leslie, mi mujer. ¡Mierda! Ella no lo sabía. —Tú, tú...— tartamudea llevando sus manos al cuello como si le costara respirar. Quiero llegar a ella pero pone su mano en el aire. —¿Eres el maldito que quiere muerta a mi hermana? Dudo si responder o no. Al principio planee todo para lartimar a Katherine usando a sus hermanas, pero con el tiempo me enamore de Leslie. —¡Responde!— eleva el tono de su voz, tira de su silla y me amenaza con un cuchillo en la mano. Katherine, perra malnacida... ¿A quién más me quitaras?
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