Katherine.
Busco los labios de Ezra y los uno con los míos, jadeamos con cada embestida.
Sus gemidos son música para mis oídos, su m*****o entra y sale de mi sexo y no con movimientos leves.
No le daba tregua, también me muevo, nos acoplamos al ritmo del otro.
Y nuevamente llegamos al orgasmo.
Se acuesta a mi lado rendido, creo que hemos tenido cuatro veces en la noche. Si antes era adicta creo que ahora peor.
Me siento acomodando mi cabello, Ezra se limita en acariciar mi espalda desnuda. Su tacto es una delicia pero si seguimos así volveremos a repetirlo.
Recuesto mi cuerpo nuevamente, nuestros ojos se encuentran y quedamos así, viéndonos en silencio.
Dio fruto nuestro acto, logramos relajarnos.
—Oye, ¿qué clase de hermana tiene sexo con su hermano?— se burla recordándome sus palabras anteriores.
«Eres mi mejor amiga, mi hermana, mi familia, Kat».
—Intentaba alegrarte la noche— me defiendo recibiendo un fugaz beso en el puente de mi nariz.
Verlo me daba cierta ternura, se convirtió en un amigo, por un lado adoro tenerlo y por el otro, tengo miedo.
Ya he perdido amistades, no quiero que se repita la misma historia.
—¿Vamos a dormir?— pregunta manteniendo su vista en mí.
—Si, mañana tenemos un largo día, es mejor que nos vistamos y descansemos— me levanto seguida de él, llegamos al lugar pactado sin levantar sospechas, nos vestimos para finalmente acostarnos a dormir.
—¿Puedes dormir conmigo?—
—Claro que si, ven— palmeo mi izquierda indicándole donde debe recostarse.
Unimos nuestras manos antes de cerrar los ojos...
***
—¡Buenos días!— la voz de Leya llega a mis tímpanos, quiero arrancarle esa boca así deja de molestar mi descanso.
Ni Ezra ni yo le hacemos caso, sé que es malo, ella no se detendrá hasta conseguir levantarnos.
Abro uno de mis ojos extrañada por el repentino silencio. Ni siquiera se molestó en insistir.
Dada la ventaja, vuelvo a cerrar mi ojo y de la nada...
—¡Perra malnacida!— Ezra se enfada tocando su ropa mojada.
La muy maldita nos arrojó agua.
Logró despertarnos sin problema.
Nos cambiamos y salimos en busca de nuestros compañeros de viaje.
Veo a Joseph con Lisa. Ella no se le despega, más bien se aferra a su brazo como si fuese un escudo.
Me enerva verlos de ese modo.
Ezra se posiciona a mi lado, dirige sus ojos en donde ven los míos y se encuentra con la dichosa escena.
—¿Celosa?— sonríe de lado.
—Jamás.
Avanzamos hasta ellos. Cuando Lisa nota nuestra presencia se estremece y vuelve a esconder su rostro en el pecho de Joseph.
¡Ya estuvo!
—¿Puedes dejar de comportarte como una niña? Joseph no es tu guardia personal— trato de sonar amable y siento que no me sale al oír la carcajada de Ezra.
—Callate, maldita traidora— susurra escondiéndose con Joseph.
No aguanto la ira, me salgo de control y la separo de Joseph.
Me da igual todo, soy su hermana, tendría que estar conmigo, Joseph no es su amante u amigo.
Debería tenerme confianza a mi y no a Joseph.
Este maldito...
Siempre atrayendo a todas las mujeres, ¡no puede quedarse quieto!
—Sirena del mar, tu hermana...— Ezra me señala a Lisa quien intenta apuñalarse con una daga.
—¡Ya basta!— le arrebato el objeto, busco sus ojos e intento tomar su rostro pero ella me lo impide.
Forcejeamos hasta que me tira al suelo.
—¡No te quiero cerca!— se desespera estirando su rubia cabellera.
Verla así es una puñalada directa a mi corazón.
¿Qué tanto te hice, Lisa? ¿Y qué tanto te hicieron para dañarte así?
Joseph la ayuda a levantarse, quiero acercarme pero él se adelanta y me hace una señal con su mano para que no lo haga.
Leya enarca su ceja viendo nuestras expresiones.
—Katherine, es normal que reaccione de ese modo. No tienes la culpa del sufrimiento que han vivido, pero entiende que cada uno lo afronta de diferentes maneras— intenta animarme, Ezra igual, pero ninguno de los dos alivia el dolor que siento.
¿Leslie me odia de esa misma manera?
Caminamos por el bosque sin señales de un guardia.
Esto ya se torna extraño, deberían haber mandado refuerzos, mi hermano debería saber que me encuentro aquí.
Aprovecho al ver que Leya se encuentra alejada de los demás y me acerco.
—Sabes, muero por saber sobre Lorian— confieso con un nudo en la garganta.
No hemos tenido tiempo de hablarlos cuando me reencontré con él. La llegada repentina de mi hermano lo arruinó todo.
—¿Lo amas?— indaga con sus profundos ojos azulados.
Trago saliva nerviosa, ¿lo amo?
—Quien sabe— me encojo de hombros repitiendo una y otra vez la misma pregunta en mi cabeza.
¿Y si él ya no me ama? Han pasado mueve años, de seguro encontró una nueva amante.
—Te pareces a él— suelto sin dudar, rueda sus ojos cansada de escuchar lo mismo.
Desde que la conocí se lo dije.
Me es inevitable pasar por alto sus rasgos similares.
El cabello azabache, los ojos azules, la piel...
En conclusión; ambos son apetecibles.
Mi estomago comienza a rugir, tengo hambre y no precisamente de comida normal.
Debo hallar una presa fácil en el camino.
—Eso no es buena señal— nota mi hambre.
Tiene razón, no es para nada bueno.
Las únicas presas del lugar son Ezra, Joseph, Lisa y Leya.
Obviamente no los comere, aunque si el hambre gana...
—Mira, por allí— señala a un desconocido escondido tras los árboles. No estamos muy lejos, si nos apresuramos llegamos para el festín.
Caminamos con sigilo asegurando de no toparmos con sorpresas, pero de nada sirve.
La sorpresa mayor se dio a ver sin miedo.
Quien diría que la presa era Divet.
—Oh, tanto tiempo, Katherine— extiende sus brazos esperando que corriera a ellos.
¿Quién sigue, Penelope?
Al parecer los cielos me leen la mente cuando ella se hace ver saliendo de unos arbustos.
Los dos hermanos de Ethan, en un lugar como este...
No me creo que sea pura casualidad este encuentro.
—Bien, ya que no vienes, iré por mi mismo— baja sus brazos caminando hasta mi puesto. Intenta abrazarme pero Joseph lo detiene.
Divet muestra su sonrisa siniestra analizando a su hermano.
—¿Es una reunión de ex amantes o qué?— se me burla en la cara.