Capítulo 8

1746 Words
Katherine. Lisa no ha parado de quejarse como una lunática, entiendo su odio dirigido a mi, pero si continua de ese modo alguien podría escucharla. Leya le ofreció un vestido luego de rechazarme severamente. Si, el odio era tan grande que intentaba constantemente de apuñalarme con una pequeña rama seca, incluso con su debil fuerza. Observo con detenimiento el trato de joseph a mi hermana. Es muy atento y dulce, eso debería ser bueno, de igual manera me enerva verlos tan cerca. Lisa se sonroja de vez en cuando en tanto él le habla. —¿Ahora la sanguijuela piensa abrir su boca?— Ezra se interpone en medio de los dos, tirando del vaso de agua que ella estuvo a punto de beber. ¿Y a este qué le ocurre? —¡Maldito vampiro!— se enfurece mi hermana, intenta golpearlo, golpes débiles que Ezra logra esquivar. —No me importa tu lloriqueo— espeta, sujetando sus manos—. Estoy hastiado de oír como maltratas a tu maldita hermana, la persona que te quiere y ha estado años buscandote— la fuerza que ejercía en su agarre daba miedo, un poco más y rompería sus frágiles muñecas. —Ya dejala— le pido. No hizo caso. Coloco mi mano en su espalda logrando el descenso de su agarre. Estoy sorprendida de su enfado, pareciera que ella era su hermana, no la mía. Los ojos de Ezra destilaban furia desde que vio a Lisa. Mi hermana ignoraba al rubio, dedicandose simplemente a Joseph, empujé a joseph para poder ubicarme al lado de mi hermana. Quiero comprender el por qué tanto odio. —Lisa, se que he sido una mala hermana, pero debes creerme cuando te digo lo mucho que te amo...— toco su mano y la aleja en un segundo— Tampoco tuve uno años placenteros, creeme que comparto tu sufrimiento... —¡Tú no compartes nada! No sabes lo que es pasar hambre, ni que te separen de tu gemela— se levanta—. ¡Nadie te ha manoseado ni tocado como a mi, nadie profanó tu cuerpo de tal manera hasta sentirte sucia!— La fuerza que había tenido para levantarse se esfumó, cayendo de rodillas al césped. —Yo, yo no...— no pude decir nada, abría la boca como una idiota sin emitir algo. Las palabras hieren, lo peor es que me las merezco, pero eso no quita el hecho de sus pensamientos errados. Si sufrí, pase hambre durante años a causa de nuestro padre, me vendía a quien se le placía y así caí en las garras de Ethan quien asesinó a mis amigas, infringía dolor en mi cuerpo cuando le daba la gana. Claro que mis hermanas no merecían lo que tanto quise evitar que les ocurriera, pero también sufrí. Por más que intentase disculparme ella jamás aceptara mis disculpas por no haberlas salvado. La noche llego, Leya descansaba en una cueva junto a Lisa, Joseph y Ezra se quedaron para hacerme compañía. —Deberían descansar— les digo en voz baja. —Los vampiros pueden estar despiertos todo el día, mi bella sirena— Ezra se sienta a mi lado y usa su coqueta sonrisa para aliviar mis nervios. —¿Por qué tu hermana se me apega?— habla por primera vez en la noche Joseph. Quisiera saber lo mismo. —No lo sé. —Lisa recalcó el parecido que tengo con Ethan— informa observando la llama de fuego. —Es curioso...— lo interrumpo recibiendo la atención de ambos vampiros. Esperan espectantes a lo que quiero decir. —Nos dijeron que Ethan había secuestrado a mi hermana Leslie y acabamos encontrando a Lisa. Hasta el momento no nos cruzamos con Ethan, así que ya no sé que pensar al respecto. Si era al revés de igual forma no hallamos rastros de Ethan, con una u otra debe estar o los rumores fueron falsos. —Te aseguro que te reuniras con tus dos hermanas, todo se arreglara— Joseph se despide, dejándome a solas con el rubio egocéntrico. Su mirada estaba perdida en el acalurado fuego, de pronto sentí la leve curiosidad acerca de su enfado con mi hermana. —Ezra— lo llamo, corre la vista del fuego encontrándose con mis ojos—. ¿Por qué estabas tan furioso con mi hermana? Dime la verdad, nada de darle vueltas al asunto. Suelta un suspiro volviendo a centrar la vista en el fuego. —Tuve hermanos a quienes no les importe ni un poco, Kat. Ellos se alegraban con mi dolor... Creí que todos eran igual hasta que conocí tu historia. Sé de tu desesperación por encontrar a tus hermanas y lo preocupada que estabas, y cuando por fin te reencuentras con una, mira como te lo paga. —Fui una mala hermana, es comprensible— —¡No, no lo fuiste!— suelta la rama que sostenía, posa sus manos en mis mejillas obligándome a verlo— No es tu maldita culpa que tus hermanas acabaran de este modo, sufriste lo suficiente como para seguir culpandote, deja de ser una perra contigo misma. —Es fácil decirlo, ni siquiera... —¡No quiero excusas— interrumpe ejerciendo fuerza en su agarre—, Eres mi mejor amiga, mi hermana, mi familia, Kat. Gracias a ti, tengo un propósito, uno el cual no creí volver a sentir en esta miserable vida. Las lágrimas azotan en mis ojos, repitiendo sus dulces palabras. Es la primera vez que me siento importante para alguien, que me aprecian como es debido. Quiero que así como me dice que soy especial, también sepa que él lo es. Odio ver como se menosprecia a cada nada. Me levanto del suelo, estiro mi mano esperando que él la acepte y me siga. No dudo ni un segundo cuando entrelazó nuestros dedos, siguiendo mis pasos. Nos detuvimos en la orilla del lago, corro mi cabello a mi izquierda y me quito el vestido quedando desnuda ante él. Mojo mi pie adentrandome con lentitud, sumergiendo mi cuerpo. El agua alivia todos mis nervios. Espero a Ezra quien no tarda en sumergirse. Se ubica detrás de mi, no lo puedo ver pero si sentir su respiración agitada. La luna era nuestro testigo, nuestro cómplice. Con su yema recorrió mi espalda provocando suspiros salientes de mi boca. La desesperación es tanta que no espero mucho para voltear y verlo frente a frente. Sus ojos dorados se oscurecieron bajo la luna, el corazón palpitaba a mil, lo podía escuchar, sentir. Ubica sus manos en mi cuello ejerciendo impulso para atraerme a sus dulces labios. La sensación de besarlo era exquisita, sus labios eran dulces. Empezamos con el beso más tierno transformandolo en uno salvaje. Nuestras lenguas bailaban dentro de nuestras bocas, el beso se convirtió en un arrebato lleno de frenesí. Entrelazo mis piernas a su cadera sin querer separarme de él. Su m*****o erecto hace presión en mi sexo, ansio tenerlo dentro mío y él ansia embestirme como nunca. Aprieta mi culo, seguramente quedara marcado al día siguiente. Separamos nuestros labios y empieza a dejar besos húmedos por mi rostro, cuello y pechos. Está desesperado, quiere lo mismo que yo, pero alargar el momento es excitante. Sus colmillos penetran mi cuello blanco, succionando mi sangre. Por mero impulso enredaba mis dedos en ese cabello dorado y perfectamente suave. La presión de su m*****o es dolorosa, ya no creo aguantar. Detiene su mordida, lame la herida y vuelve a besarme. —Ya no aguanto...— confieso desesperada. Una de mis manos viaja hasta su m*****o y lo toca notando su gran porte. Muerdo mi labio oyendo sus gemidos, eso me excita más. —Kat...— no puede hablar dado el placer que sentía cuando acariciaba y movía en círculos su m*****o. Arrebata mi mano y la besa, luego se prepara para la primer embestida de la noche. Fuerte y duro, me encanta. La velocidad que manejaba me ahogaba entre salivas. No lo dejare jugar solo. Muevo mis caderas al compás de sus penetraciones, siento una oleada de calor que nunca experimenté. Soltamos gemidos fuertes, obscenos y asquerosos. Eramos dos seres a quienes no les importaba si alguien nos veía o escuchaba, amamos el morbo, nos excita. Las embestidas cada vez se tornan bruscas, el éxtasis se veía venir. —Ezra...— intento articular una advertencia entre jadeos. Y pasó... Nos vinimos al mismo tiempo. Juntamos nuestras frentes, no baje mis piernas de él y él no salía de mi. —Estas que ardes, Kat...— susurra entrecortado, nuestros corazones palpitaban a mil. A pesar de alcanzar el orgasmo, queríamos continuar. Es la primera vez que me siento hambrienta, con ganas de más. —Salgamos para divertirnos mejor— le ofrezco mi mano la cual acepta. Mis piernas se rinden y su m*****o queda expuesto. Fuera del lago, nos alejamos un poco de las cuevas donde descansaban mis amigos y mi hermana. De un momento a otro, tira mi cuerpo con rudeza avivando el calor anterior. Estaba desesperado, no lo culpo. Me abro de piernas dejando que se ubique para besarme vulgarmente. Mis manos recorrían su espalda mientras él iba dejando pequeños besos en mi cuerpo. Toma una de mis tetas y la chupa, muerde y lame, vuelve a repetir la secuencia e inevitablemente tiro mi cabeza hacia atrás. Toco su culo llamativo el cual aprecio desde el día que lo conocí. Delicioso. Lo aprieto y suelta gemidos. Recorre su lengua desde mis tetas hasta mi vientre y finalmente llega a mi sexo. Me abre más de piernas y ubica su vista allí. Relame sus labios como si estuviera a punto de comer la mejor comida nunca antes vista, mi coño. Lame de forma circular en mi sexo, estoy desesperada, quiero más, mucho más. Vuelvo a enredar mis dedos en su cabello, coloco mis piernas en su espalda y lo incentivo a que continúe. —¡Oh Dios!— gimo exasperada, perdida entre el placer que me ofrecía este maldito vampiro. Detiene sus lamidas y me mira con una sonrisa lasciva. —No soy Dios, querida— dicho ello, besa mis labios, me muerde, a su vez introduce dos dedos moviéndolos de forma circular. Estoy segura que todos me oyen, ya no me limito al gemir y gritar su nombre. —Vamos nena, correte, dejalo salir— murmura en mi oído estremeciendome más. Libero los jugos, quita sus dedos y los lame. Esto si me prende...
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