Ezra.
Me pesan los ojos cuando los abro lentamente. Parpadeo varios segundos notando a Kati arriba mío, a ello se debe mi erección.
Verla dormir hace que mi corazón palpite con fuerza, una mujer bella y admirable, así podría describirla.
Me siento fascinado cada que veo su cabello colorado, las veces que siento su piel contra la mía es como si me quemaran.
Ella es fuego.
Sensual, atrevida y con un pasado doloroso... Ambos sufrimos, de diferentes maneras, pero compartimos la herida en nuestros corazones.
Abre sus ojos somnolienta, se los frota y culmina mirándome.
Mi polla crece más, joder.
Sus orbes verdes esmeralda me provocan ganas de follarla aquí mismo, frente a los ojos amenazantes de Joseph.
Si, desde que se levantó en la mañana, no ha quitado su vista de mí y Katherine.
Ella es mi única familia, y de solo imaginar perderla por culpa de ese vampiro me enerva.
Incluso ese tal Lorian.
Antes no me imaginaba lo mucho que nos apegariamos ella y yo, vivíamos peleando a cada nada, soltabamos palabras crueles al otro y aquí estamos, aferrandonos.
Lo vuelvo a decir, es mi mejor amiga, mi hermana, mi única familia.
Sufriría si me la quitan de mi lado.
—Buenos días— me saluda cautivandome con su dulce voz. Quiero besarla, demostrar que nadie puede separarla de mí.
Aprieto sus caderas, entiende mi pedido. Besa mis labios ocasionando cientos de sensaciones en mi interior.
Se me saldrá el corazón si seguimos así.
Tiene su magnifica lengua jugando con la mía, el beso se torna atrevido, para nada dulce.
Empieza a apretarme el pantalón, la erección me crece, quisiera arrancarle el vestido y hacerla mía frente a quienes disfrutan el show que montamos.
Por desgracia, se aparta de mí cuando nota la presencia de Joseph, se aleja hasta llegar a él y lo saluda.
Desde lo lejos veo como ese infeliz roza sus labios con los de ella.
Alguien quiere morir.
Mantienen una conversación bastante animada al parecer. Ella suelta sonrisas, incluso toca la mejilla de ese vampiro.
Salgo del maldito trance y me incorporo para unirme a su animada conversación.
Quedan en silencio cuando notan mi acercamiento.
Katherine nos observa a los dos con nerviosismo, quiero decir algo pero vuelve a saludarnos y escapa como una cobarde.
¿Y ahora cómo sabré de qué hablaban?
Meto mis manos en mi bolsillo, no digo nada, Joseph menos. Esto se tornó extraño.
—¿La amas?— me interroga de repente, casi pego un salto por su repentina pregunta.
—Por supuesto, es mi familia.
Frunce su ceño dedicándome la peor mirada posible. Cuando lo conocí se veía dulce, un tonto enamorado de Kati, pero ahora lo veo completamente diferente.
Sabe ocultar su personalidad a la perfección.
—La amo— confiesa. Si vuelve a abrir su boca para decir disparates me veré obligado a matarlo—. Ella no sabe lo que quiere, es por eso que no voy a rendirme. Haré lo posible para enamorarla y no permitire que tú, Lorian o quien sea se interponga en mi camino.
—Escuchame, niño bonito. Nadie me quitará la única persona importante en mi vida— la amenaza es sincera, sujeto el cuello de su camisa apretándola. Si pudiera molerlo a golpes lo haría—. Así que cuidate, no me ando con amenazas vacías— sacudo su camisa cuando Katherine vuelve, es mejor fingir que la arreglo al maldito.
Carraspeo la garganta cuando nos abraza con sensualidad.
Esta maldita provocadora.
—La hora de partir ha llegado. Saldremos de este infernal bosque y buscaremos la perla negra— avisa dejando caer sus brazos a cada lado.
La perla negra es necesaria para cumplir su objetivo de asesinar a Evin y arrebatarle su corazón.
Evin no sabe la importancia de la joya.
Contiene una poderosa magia especial, se usaba en el pasado para acabar con la vida de las sirenas.
Antes de quitarle el corazón, debe hacer que se trague la joya, una vez hecho se procede con lo siguiente.
Actualmente se especula su venta ilegal en el reino Keten.
Es el reino vecino de Greasia, hay que ir con cuidado.
Pasamos la mañana con tranquilidad, partimos en dirección al reino Keten.
Estamos lejos.
Por lo menos salimos de ese bosque.
Recorremos las calles animadas de un pueblo perteneciente al territorio de Greasia.
Espero que Evin no sienta nuestra presencia en estas tierras.
Aburrido, diviso la silueta de Katherine y me sorprendo de la sensualidad que emana.
El tal.Divet se pone a su lado al igual que Joseph.
Debo asesinar a esos amantes de una vez por todas.
Noto una posada en buen estado, quiero decírselo a ella, pero Joseph se apresura en hacerlo.
Ella le dedica una sonrisa junto a una extraña mirada.
Voltea su voluptuoso cuerpo, me hace señas para que me acerque, lo hago y sujeto su mano.
El interior de la posada tiene buen aspecto. Nos ofrecen tres habitaciones, somos seis, por lo tanto tendremos que compartir en pareja de a dos.
—Bueno, compartiré habitación con Lisa, ustedes...
—No pienso respirar en el mismo lugar que tú. ¡Quiero otra habitación!— se queja a gritos elevando su voz.
Intentan callarla pero se aferra a los brazos de Demian.
Tal vez sea por su gran parecido con Ethan.
—Madre, no hay problema, la cuidaré— asegura, se aleja de la rubia con un deje de ira—, procura no tocarme— Lisa se tambalea del miedo, como era de esperarse se esconde detrás de Joseph.
—Bien, Katherine, puedes compartir habitación conmigo— Joseph le ofrece robando mi oportunidad de decírselo.
Ni siquiera conozco a Divet, lo mejor sería que su hermano comparta habitación con él.
Espero una respuesta coherente de parte de Kati, pero nunca llega.
Acepta sin titubear.
El día apenas comienza.
Nos designan las habitaciones y veo con pesar cuando llego a la mía con Divet.
—¿Celoso?
—No me molestes— advierto.
Se deja caer en la cama. Hago lo mismo y luego de varios minutos lo oigo roncar.
Sin embargo, no pude dormirme como él.
Katherine ocupa mi cabeza, sigue dando vueltas y vueltas.
¡Mejor voy a verla! Es mediodía, si la invito a almorzar podremos pasar el tiempo juntos.
Abandono la habitación con alegría, por suerte llego más rápido de lo que creí.
Estoy a punto de golpear la puerta y entonces...
—¡Joseph!— escucho el gemido de la dulce voz de sirena.
Escucharla decir el nombre de ese vampiro entre gemidos, me rompe en mil pedazos.
Después de todo si me la va a arrebatar.
Me voy corriendo de la posada, necesito calmarme, respirar y contar hasta diez.
O mejor buscar un bar y despejar ese gemido repetitivo en mi cabeza.
Hallo el más cercano, ordeno cerveza, saboreo las copas seguidas que me ofrecen.
—¡Joseph!
¡Maldita sea!
Lanzo la copa al suelo, viendo como se rompe.
Así de roto estoy, nadie me querrá nunca, ni siquiera ella...
—Deme otra— le pido al cantinero, vuelve a darme otra copa cargada de cerveza, la bebo de una sola vez y la llena nuevamente.
Mis ojos captan a una pelinegra esbelta, con un tono de piel tostada.
Doy un último sorbo y la sigo.
—¡Ey, tú!— atrapo su mano, la volteo y soy observado por sus orbes negros.
Es hermosa, pero no es ella.
Da igual, ella me sirve para desquitarme y liberarme la presión.
—Que guapo, ¿por qué no vamos a un lugar tranquilo?— toca mis hombros con un toque sensual.
Chasqueo la lengua, aferro mi mano a su nuca y la atraigo a mis labios.
El beso se torna rudo, quiero desquitarme con la pelinegra como si fuera Katherine.
La guío a un callejón vacío ubicado detrás del bar.
No espero más, quiero desahogarme.
—Al suelo, ahora— exijo bajando el cierre de mi pantalón.
Obedece sin refutar.
Caigo arriba suyo y la vuelvo a besar.
Estoy sediento, estos labios no son los que quiero, esa lengua no es tan experta como la que necesito.
Intento ir más lejos, escuchar su voz, su gemido, lo quiero todo.
Muerdo su labio sintiendo un brote de sangre el cual lamo de inmediato.
Suelta un gruñido para nada gustoso.
Arranco el vestido largo que traía y la dejo desnuda.
Su piel no es blanca y suave como la de Katherine.
Sus pechos no son esbeltos y deliciosos como los de mi Katherine.
¡Ella no es la maldita Katherine!
Enfadado, aprieto el trasero de la mujer y la nalgeo con fuerza.
Sin resistirlo, se queja, hasta lagrimea de dolor.
¡Que se aguante!
—Date la vuelta— aprieto sus aureolas sonrosadas para oír su dolor cargado de placer.
Es de este modo en el cual debería estar Katherine.
Con ella quiero estar así.
Vuelvo a la realidad, noto que me hizo caso.
Pensé que se negaría y no que se pondría de una manera en la que podría verle con claridad, incluso si alguien se acerca le vera en esa pose siendo embestida por mí.
No la toco antes, no quiero darle placer.
Soy un maldito egoísta furioso, cegado por los celos.
La embisto por primera vez y ella suelta un grito ahogado.
Trata de callarse por miedo a ser vista, no me contengo y la vuelvo a embestir.
«Joseph» se repite el gemido de ella en mi cabeza.
Embisto con más fuerza, no me limito, si la rompo en dos pues que se rompa.
Accedió y le gusta, sus gemidos ahogados de placer me lo indican.
Espero venirme dentro de la pelinegra y no sucede.
Salgo de ella con una furia peor que la anterior.
Debo ir a un prostíbulo, de seguro saciare esta ira.
—¿Conoces un prostíbulo?— subo el cierre de mi pantalón, me dedica una fugaz sonrisa asintiendo.
—Justamente trabajo en uno. Contigo fue gratis, gracias a ti llegue al orgasmo— como si me importara.
—Llevame.
Y lo hizo, me trae a uno con mujeres y hombres meneandose entre la clientela.
Voy a pasos seguros hasta tocar una castaña de trasero enorme y a un castaño alto.
A ver si estos dos pueden saciarme.
Dejo que me lleven a una habitación. La castaña se desnuda poniéndose frente a mí. Él la imita.
Tengo a ambos desnudos, listos para complacerme.
¡NINGUNO ES KATHERINE!
—Tú, imagina que esa mujer es lo más preciado para ti, y de repente la escuchas gemir el nombre de otro— le indico al castaño quien asiente extrañado—. Estas furioso, ido de ti. Haz lo que quieras con ella y no me vengas con cursilerías. Demuestrame lo enojado que estas— se acerca a la chica y le arrebata un beso.
Tienen sexo de una forma la cual no imaginaba.
Esperaba ruido, furia y nada de eso llegó.
Hasta el maldito se disculpó con ella.
—Son unos inútiles— pierdo la cuenta de cuanto bebí. Ordeno que me traigan tanto mujeres como hombres que puedan cumplir mis expectativas.