Katherine.
Los azotes acabaron, supongo que se detuvo cuando me desmayé.
Me siento con dificultad, apoyo mi cuerpo en la pared húmeda, sigo desnuda con las heridas que tardan en sanar.
El lugar huele a sangre, moho y heces.
Siento asco de este lugar, de seguro Ethan se deficaba a torturar mujeres de la misma manera en la que lo hizo conmigo, en este lugar.
Me pongo en alerta cuando escucho pasos aproximarse, veo de quien se trata y es Lisa.
No tengo ganas de escucharla, la peor traición vino de mi hermana. Me cuesta creerlo, ella de pequeña se pegaba a mí, era dulce, nunca creí que acabaría de este modo.
Entra a la celda con una sonrisa perturbadora en sus labios. Disfruta verme de este modo.
—Ahora sabes lo que se siente, lo que he vivido— rompe el silencio tocando las cadenas que me sujetan. Ni siquiera la miro— ¡Mirame!— retuerce mi mandíbula obligándome a verla.
—Estas loca, dejame de una maldita vez— espeto sin fuerza, ya no estoy para esto.
Si tan solo le quitara el poder a Evin...
—Te contare una historia...— no espera que responda, suelta un suspiro y sigue-, hace nueve años, cuando tú desapareciste, padre nos vendió a mi y Leslie, fuimos llevadas de lugar en lugar, todos igual de horribles y denigrantes- se detiene procesando sus propias palabras—. Un día, hace tres años, fuimos llevadas ante un misterioso pelirrojo, se escondía todo el tiempo de los demás, pero era obvio que poseía poder y estatus. Entonces, a la par se presentó Ethan. Cada uno eligió con quien quedarse, Leslie debe estar sufriendo...— le brillan los ojos con pesar, Leslie es su gemela y estoy segura que a ella no la odia como a mi.
—Ethan me ha dejado en este lugar, fui esclava para cada hombre suyo, incluso para él. Lo que te hizo con el látigo ya lo viví, y dejame decirte que te falta mucho más por experimentar. Con el tiempo aprendí a amarlo, es el amor de mi vida. Para mi, todo era perfecto, hasta que me dijo a quien amaba, y esa eres tú— me señala y se separa de mi, sigue con su filosa mirada. Como si tuviera la culpa de su maldita obsesión conmigo.
—¿Entonces es mi culpa? Lisa, de verdad lamento todo lo que te hizo, pero no lo amas- afirmo—, te apegaste, te resignaste luego de tanta maldad, él quería hacerte eso. ¿No te das cuenta? Me tiene aquí, por que está obsesionado conmigo, tú no le importas, ni siquiera yo.
Suelta una sonrisa cargada de burla mientras cruza sus brazos.
Me repara de pies a cabeza burlandose de mi estado y palabras.
—El día que él te asesine, me amará— responde segura.
—Nunca llegara ese día, por que yo lo asesinare primero. Y te juro Lisa que cuando salga de aquí voy a matarte y no me pesara la conciencia— dejo en claro.
Sale de la celda ignorando mi amenaza. Puede tomárselo como quiera, por mi parte pienso cumplirlo.
Lisa es un caso perdido, si le dejo pasar esta traición ella continuará ideando mil formas de matarme.
Ella me odia, fue cegada por culpa de Ethan.
Pasan los minutos y nadie viene, me pregunto lo que se trae entre manos Ethan.
No es normal que se tarde en aparecerse.
Cierro mis ojos cansada, me duele el cuerpo, cada parte de mí.
Quiero descansar, dormir durante horas, pero no puedo.
Además, muero de hambre, no he probado bocado, necesito alimentarme aunque sea un poco.
Abro los ojos de golpe cuando se acercan, los pasos suenan por toda la celda, es más de una persona estoy segura.
Confirmo mis dudas cuando veo por fuera a Ethan sujetando a un demacrado Ezra.
Su cabello rubio no luce como siempre, no brilla con la misma intensidad que los rayos solares, está sucio y manchado con sangre.
Su rostro... Oh dios...
Uno de sus ojos esta cerrado, no lo puede abrir de ninguna manera, lo tiene morado casi n***o, y aunque este cerrado, le cae una gota de sangre.
Su labio se ve lastimado, aquellos labios carnosos y dulces se ven como si le hubiesen tirado una roca.
No puede mantenerse de pie, Ethan abre la celda y lo arroja a mi lado. Mi brazo tiembla cuando intento tocarlo, no esta lejos, soy una débil que no puede ni tocarlo.
-Creí que te gustaría un poco de compañía entonces te lo traje, amor- se burla y le propina una patada en el estomago de Ezra.
Mi amigo sufre por mi culpa...
—¡Estas loco!— grito alcanzando la mano de Ezra, no tiene fuerza como era de esperarse. Recibo una mirada furiosa del vampiro desquiciado frente a nosotros.
Sus ojos se fijan en nuestras manos temblorosas que se esfuerzan por mantenerse unidas.
Se pone en medio de nosotros, con su pie derecho aplasta la mano de Ezra con toda su fuerza. Mi amigo pega un grito cargado de dolor, quiero quitar mi mano así no sufre más, pero él me mira con su único ojo abierto.
—No me sueltes.
Asiento tragandome el dolor que me genera oírlo gritar de ese modo, y peor viendo como Ethan rompe los huesos de aquella mano.
—¡Detente, maldito imbécil!— me desespero, aprieto con mis uñas la pierna de Ethan y él reacciona golpeando mi cuerpo contra la pared, me pateó.
Toco mi cabeza con la mano libre y se me moja con la sangre saliente de mi cabeza.
—¡Siempre pones a otros por encima de mí!— vuelve a golpearme, dirige su puño a mi rostro, propinandome tres, cuatro, cinco golpes...
Mi cuerpo se cae y mi cabeza se pega al frío y asqueroso suelo. Ezra lagrimea, hago lo mismo.
Ambos nos miramos con dificultad.
Ethan nos golpea un par de veces hasta cansarse y se larga.
Ha dejado a mi amigo para provocarnos. Estoy hambrienta de carne, si me lo como puedo escapar de este lugar...
Ezra debe estar de la misma forma, hambriento y con ganas de salir y asesinar a todos.
Que dilema.
La vergüenza no da lugar en nuestra situación, no me importa que me vea desnuda llena de heridas y a él tampoco.
¿Joseph estara igual? No, es su hermano. Ethan no lo dañara.
—Kati, la única forma de que salgas es comiendo, yo quiero...
—No voy a comerte, eres mi amigo— me cuesta evitar el hambre, mi nariz rota no capta el olor de su sangre, es un alivio.
Pero mi lengua se mueve inquieta en mi boca, mi garganta seca reclama un poco de líquido, sangre, agua, lo que sea.
Pasa el día y no volvemos a tener que soportar a Ethan.
***
Los días transcurren con lentitud, ya he perdido la cuenta del tiempo perdido en este lugar.
Ethan se ha dedicado en torturarme de diferentes maneras. A veces me trae cadáveres muertos, con sangre chorreando de ellos.
Suele mojar el suelo con dos gotas de sangre e inevitablemente lamo en dicho lugares, soy sumisa y me dejo humillar como a él tanto le gusta.
De vez en cuando, me trae a Ezra o Joseph para hacerme companía, los dos en estados igual de lamentables.
El primer día donde nos dejo solos a mi y Ezra nos sujetamos las manos, más tarde, como castigo corto la mano de Penelope.
Ella me resbala, ni es ni fue mi amiga, la quiero muerta, pero no entiendo por que cobrarselas con ella. Igual me parece mejor, mientras no se meta con mis amigos.
La celda se vuelve a abrir dejándose notar la presencia de Ethan.
Sigo desnuda, no quiere darme ni una tela para taparme. He pasado frío, hambre y dolor, todo por causa de Ethan.
Que maldito dolor de cabeza, prefiero mil veces ser asesinada por mi hermano y no por este infeliz.
—Buenos días, mi amor— saluda depositando un beso en mis labios secos.
¿Y hoy que me depara?
—Mira lo que tengo aquí— saca algo de sus bolsillos y lo esconde en su mano cerrada, la verdad no me da gusto seguirle el juego.
—¿Si?
Deja ver dos dedos finos recién cortados, distingo el color, y la forma. Si no me equivoco, son de mujer.
—¿Te gustan? Son de Lisa— revela sonriente, genera una tormentosa nausea instalada en mi garganta.
Es tan despreciable.
—Ten, son tuyas— estira su brazo y me las pone cerca de mis labios. Niego rápidamente. Prefiero morirme de hambre antes que comer los dedos de mi hermana, la mujer que se enamoró perdidamente de este monstruo.
Sin querer, los dedos caen cuando vuelvo a negar.
—Bien, haz lo que quieras— las deja tiradas a mi lado, se dedica a repartirme besos por mis labios y cuello, se atreve a morderme para beber mi sangre.
Va quitandose el pantalón, sé lo que quiere hacer...
Me ha violado dos veces, ahora serán tres.
Las he contado por que no puedo hacer otra cosa, intento recrear momentos lindos cuando me ocurre esto. No sirve de nada, mi mente queda en blanco.
Pienso, pienso y pienso...
Claro...
Si cree que triaunfa se equivoca, me las pagaran de la peor manera, si, pensare en muchas formas de torturarlos.
Sonrío, él se detiene y me ve.
—¿Te gusta?— jadea con voz ronca. Espera que responda y no lo haré.
Sigo sonriendo observando un punto fijo del suelo.
Esta decidido, por la noche voy a liberarme y acabar esta burla.
Se va de nuevo y me deja pensativa.
Cuento las horas, no sé cuando oscurecerá, de igual forma mis sentidos se mantienen alerta.
Cruzo mis piernas y relajo mis párpados.
Ya se aproxima la hora...
5 horas después.
Volvió el asqueroso vampiro, se adentra a la celda y me llevo una gran sorpresa cuando me libera de las cadenas.
Todavía no es el momento.
Un alivio recorre mis muñecas y pies, soy libre de ataduras al fin.
—Tengo que mostrarle a los demás lo mucho que me amas, mi amor— murmura sonriente, carga mi cuerpo entre sus brazos y luego de estar una semana y media atrapada, el aire frío de la noche resopla por todo mi cuerpo desnudo.
Deja que me siente en el césped.
Desvío la vista al lago, si tan solo llegara a tocarlo...
Giro mi cabeza cuando escucho quejidos acercarse.
Penelope arrodilla a Ezra y Joseph.
Ambos me observan y no dicen nada. Tampoco yo.
—¡Miren a mi mujer! Ella me pertenece, me ama.
Lisa antes se encontraba de pie pero cuando lo escuchó, se arrodilló para gatear hasta la pierna de él, lo abraza y suelta palabras como, Amo.
—Haz lo mismo— me ordena.
¡Ja! Ni en tus sueños.
—¡Que lo hagas!
Gateo hasta su pierna, sonrío y...
Muerdo arrancando un trozo de piel, creo que me volví loca.
Estoy carcajeando al ver como se desangra. Observa aturdido la piel arrancada.
Sigo riendo hasta que Lisa se me acerca y golpea mi cabeza con una roca.