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312 Words
Eliana -¡Voy!- grite. Aún es demasiado temprano para que el par de Adanes* llegué. *Adán: Fig. Hombre desaliñado.* Además esos ni tocan, sólo entran como si esta casa fuera suya. La insistencia de quien quiera que estuviera tocando la puerta me desesperaba. -¿Si?- abrí la puerta. Mala idea. -¿Donde esta Daniela?- entró sin pedir permiso. Vaya para ser un príncipe es demasiado mal educado. -Si, claro, pasa, esta en su casa majestad- y cerrando la puerta lo seguí para ver como inspecionaba mi casa. -No estoy para juegos Eliana, ¿Donde esta?- eran pocas las veces que coincidiamos pero es el hermano de mi mejor amiga. -Aquí no esta, y si, se que dijo que estaría aquí...- siempre ayudaba a mi amiga, ella lo catalogaba como "favores a la corona" y no me dejaba de otra. -Genial- soltó derrotado dejándose caer en el sofá. -¿Te vas a quedar ahi? Creo que deberías ir a buscarla- lo mire desde un cierta distancia. -Si, me voy a quedar aquí, salí sin mi escolta y al parecer hay una camioneta de reporteros fuera esperandome- dijo frustrado. -Bien, quédate ahi- comencé a caminar hacia la cocina donde tenía mil cosas que hacer. -¿Que hacías sin escolta?- pregunté cuando escuche sus pasos acercarse a la cocina. -Aún no me vuelvo a acostumbrar a ella, pasé tres años sin esa preocupación que lo olvide...- se recargo en el marco de la puerta. -Pues conté cómodo, que de ahí no se van hasta dentro de un par de horas - señale con el cuchillo fuera de la casa. -Y lo sé, porque siempre siguen a Daniela hasta aqui- y fue así como me puse a cortar mis vegetales. O al menos intente porque ese príncipe iba a empezar a hablar. Y sabrá Dios si en algún momento se callé.
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