Capítulo 6: Te encontraré.

2079 Words
PVO Apolo. —¿Es necesario que vaya, Antonio? Digo, tú puedes hacerlo solo, sin mi ayuda, ¿no? Me llevo una mano a la cabeza. Tengo algo de dolor y estoy mareado, como si hubiese tomado a mas no poder, cuando noto que algo se mueve a mi lado en la cama. Es Sarah. Carajo, ya recuerdo lo que pasó anoche. —Me encantaría, pero quiero que revises personalmente este convenio, es interesante lo que los Martel proponen esta vez. Ah, y vendrá el futuro heredero de esa familia, quizás te interese conocerlo. Como si me importara saber más de un grupo empresarial patético como ese. Sin mi apoyo, poder e influencia, no serían nada. —Además, ya es tarde y necesitas cenar, Apolo, así que yo invito. A ver si así se te quita lo gruñón —añade con burla—Y no digas que no, desde que te acostaste con esa desconocida ya no pareces el mismo. Se cree muy gracioso, el imbécil. —¿Apolo, mi amor? ¿Con quién hablas? La voz de Sarah al levantarse, exhibiendo sin pudor su cuerpo y esa sonrisa angelical que no engaña a nadie, me hace apartarme de inmediato. Aun así, no evita que Antonio suelte carcajadas irritantes; puedo jurar que ya está sacando conclusiones apresuradas. —¡Al fin te decidiste! —me dice aún entre risitas—. Caray, hombre, ya me estabas preocupando de que no quisieras nada con ninguna mujer después de lo que pasó en mi cumpleaños. —Y sigue siendo así —le respondo de mala gana, mirándome al espejo, donde aún se puede ver el reflejo de Sarah. En serio, verla no me provoca nada más que rechazo. Ni deseo, ni curiosidad, nada. Y eso que ella se esfuerza por parecer perfecta, hermosa, angelical, pero no funciona. Maldición, desde que me acosté con esa chica —con Ayde, o como demonios se llame— algo en mí se desordenó. Ya no pienso igual, ya no reacciono igual, no quiero tocar a ninguna otra, lo cuál es inaudito. No, ni siquiera me reconozco. ¡¿Pero qué demonios me hizo esa mujer?! ¿Me embrujó acaso? —¿Aló? ¿Apolo? ¿Aún sigues vivo o ya te han dado otra ronda? —se burla mi amigo aún en línea. —Deja de decir tonterías, Antonio, y enfócate en trabajar, que para eso te pago. Y sí, voy a tomar tu invitación, pero no te garantizo que llegue a esa reunión. Cuelgo antes de que siga con su tontería de burlarse y ahora me enfoco en mí y en el problema con Sarah, que anoche, apesar de que le dije que se fuera, no sé qué me hizo, que no recuerdo nada. —Apolo, mi amor, ven, aún no quiero levantarme y sé que tú tampoco. No, mejor dejo que se le pase la calentura, y todas esas estupideces que dice, mientras yo aprovecho y me doy una ducha fría, pero en serio, debo dejar las cosas claras antes de que ella se haga ilusiones. Yo la puedo haber aceptado por mi abuelo, pero de ahí a ser mi esposa y pasar el resto de mi vida a su lado, hay un abismo. Y no voy a mentirle fingiendo lo contrario. Durante mi baño, no puedo evitar pensar en esa mujer, en su cuerpo, en sus caderas moviéndose contra mi cuerpo, en esos hermosos ojos verdes, en el sonido de sus gemidos y el como decía mi nombre cuando lograba alcanzar el clímax. Sonrío. Inesperadamente, porque no esperaba masturbarme y eyacular de forma satisfactoria con solo pensarla, menos después de estar con otra mujer. _No vas a poder esconderte por siempre Ayde. No hay nada ni nadie que escape de mis manos, menos una chica como tú. Cuando salgo de la ducha y decido darle las pautas a Sarah para continuar con esta absurda relación, y que ella salga bien librada, pero para mi no tanta sorpresa ya no está. —Esta mujer hace lo que le da la gana, pero eso se va a acabar pronto —murmuro, mientras mi mente vuelve, inevitablemente, a esa rubia. No recuerdo con exactitud el color de su cabello; en ese momento me fijé más en su rostro, en sus facciones, en cómo logró descolocarme sin esfuerzo. «Pero pronto te tendré otra vez» pienso con frialdad. Y esta vez me fijaré en todo, no solo en tu cabello, sino en cada parte de ti, corderita. Con ese pensamiento en mente, salgo hacia el restaurante a reunirme con Antonio, no sin antes recibir un mensaje de Reddit con noticias sobre el avance de la búsqueda de “Ayde”. Me gustaría citarlo ahora, pero tengo hambre y también la reunión con los Martel, para la que creo ya no llego. Y eso pasa. Encuentro solo a Antonio, con un cigarro en la boca, mirando hacia el horizonte, como si pensara en algo. —Pensé encontrarte comiendo, trabajando, pero no así —ahora soy yo quien se burla—. ¿Acaso no llegaste a ningún acuerdo? Porque si es así… —No —me corta—. Firmé la aceptación de los términos de la cooperación con los Martel, no me preocupa nada de eso. —¿Y entonces? —me causa curiosidad saber por qué tiene esa cara—. ¿Falta de sexo acaso? Sonríe inesperadamente. Sí, creo que eso es. —Está bien que te hayas divertido con tu novia, pero no me lo tires en la cara, amigo. Toma un calado a su cigarrillo para después sonreír con ironía. —¿Y a ti qué te pasa ahora? Ese comportamiento arrogante tuyo no es propio. —¿Se nota? —arqueo una ceja—Regresó, mi hermana regresó, Apolo, eso pasa. Ah, su pequeña hermanita, de la que según él es odiosa y le cae mal, pero en el fondo siente lo contrario. —Desde hace un año regresó y yo recién me entero, ¿puedes creerlo? —Bueno, no visitas a tus padres y cuando los llamas les dices que no quieres saber de tu hermanita, ¿entonces? ¿Quién lo entiende? Observo cómo tira su cigarrillo al tacho, lanzándole una mirada dura y llena de rencor. —Pudo haberme llamado al menos, ¿no? ¿No que se preocupa tanto por mi salud? Suelto una risa, recordando los días cuando dejó de fumar y frecuentar lugares de diversión solo porque su hermanita se lo pidió como regalo de cumpleaños. Y él, muy imbécil, obedeció. —¿Y por qué no la visitas y te quitas esa rabia que tienes dentro, Antonio? —le aconsejo—. No me gusta cuando te pones en ese plan, te vuelves idiota. Antonio sonríe de nuevo con esa malicia que siempre ha tenido, solo cuando no se acuerda de su hermanita. —No tengo por qué visitarla —dice con toda la rabia dentro—. Así como ella no me avisó de su regreso, yo no tengo la obligación ni de llamarla. “Ajá, y por dentro estás muriendo”. —Y sabes, mi trabajo ya está hecho con los Martel, así que yo me voy a tirar a una rubia que cumpla con mis expectativas. —Con las características de tu hermana —me burlo, a punto de entrar a la mesa privada y revisar el convenio con los Martel. Antonio está por refutar y lanzarme maldiciones por recordarle de nuevo a su hermanita cuando de pronto el sonido de la puerta del ascensor abriéndose llama mi atención. No sé por qué lo hago, pero mis ojos se posan sobre la mujer que está adentro y está a punto de salir, pero se detiene cuando nuestros ojos se encuentran. No puede ser. ¡Es ella! Ayde. —¿Sabes? Te has vuelto gruñón y pesado por culpa de esa mujer con la que te acostaste hace unas semanas y aún no la encuentras. ¿Cómo dijiste que se llamaba? —¡Ayde! —grito, dejando a mi amigo solo en medio del pasillo, mientras voy hacia el ascensor lo más rápido que puedo, pero lamentablemente no llego. La muy astuta logra cerrar antes de tiempo el ascensor, pero me reconoció. De lo contrario, no hubiese huido como lo hizo. —¿Apolo, qué pasa? ¿Por qué…? —¡Maldita sea! —grito sin importarme el lugar—. No vas a escapar de mí. ¡Esta vez no, corderita! Bajo las escaleras a toda prisa, empujando a quienes se me atraviesen en el camino, pero desgraciadamente, cuando llego, ya no hay nadie en el maldito ascensor. ¡No, no, NO! —¿Y a ti qué bicho te picó para bajar de esa manera, Apolo? —me pregunta Antonio una vez que me alcanza—. ¿Apolo, qué demonios te pasa? —Que se me escapó, eso me pasa —le digo mientras voy a recepción del restaurante a pedir las cámaras de vigilancia. —¿Se te escapó? —piensa—. Espera, ¿la viste? ¿Estaba aquí? No respondo y sigo mi camino. —¡Las cámaras! Quiero ver las cámaras. ¡Me han robado! —digo sin importarme si miento o no—. Ahora mismo o llamaré a la policía y haré que cierren este restaurante. Ante la amenaza, el gerente no tarda en pasarme las grabaciones a mi celular y, por muy difícil que parezca, Antonio no se ha quejado ni ha dicho alguna burla. Él también tiene curiosidad por saber quien es la ladrona de mi cuerpo y deseos. —¿En serio era tu corderita, amigo? Creo que hablé demasiado pronto. —Era ella, era ella —farfullo mientras muevo mis dedos en la laptop lo más rápido que puedo—. Si no hubiese sido ella, no se habría echado a correr. —Lo que indica que sabe el peligro que representas —lo odio, pero tiene sentido—. Solo piénsalo un poco, Apolo. Si ella estaba aquí es porque debe ser de alguna familia importante, además de que también estaba en ese lujoso hotel. ¿Es de alguna familia importante? No. Reddit ya averiguó a todas las personas de todas las familias importantes del país y ninguna se llama Ayde, ni siquiera personas bastardas. Además, presiento que ella no es de mi círculo social. Mientras adelanto el video, Antonio se aleja por una llamada inesperada y, según él, de suma importancia. Supongo que tiene que ver con su hermanita. —¡¿Qué dijiste?! ¡¿Cómo que estaba con un hombre?! —ah, era eso—. Maldita sea, Apolo, lo siento, pero debo irme. Supongo que tú tienes mucho trabajo con encontrar a tu corderita. —Sí —respondo sin mirarlo, aún enfocado en la pantalla. —Bien, nos vemos mañana, si es que no me llevan a la comisaría por asesinato —murmura, dejándome un poco consternado. En serio, a veces pienso que Antonio está obsesionado con su hermanastra, pero después recuerdo que yo estoy igual por una mujer y se me pasa. —Ajá, aquí estás. En el video se la ve saliendo corriendo desesperada hacia un auto estacionado en la entrada. Es uno blanco, con una placa que, menos mal, logra captar la cámara. La anoto y enseguida la busco en los registros, algo que yo mismo puedo hacer a pesar de los nervios que siento. —Te me escapaste una vez, corderita, otra vez no. Debería odiarla por escaparse de mí sin siquiera darme la oportunidad de conocerla y ofrecerle más que solo sexo. ¿Pero por qué pienso en eso? Yo no quiero más que eso y no estoy enamorado como Antonio dice que lo estoy. Dejo eso de lado y me enfoco en la información que aparece apenas presiono enter y conozco a quién demonios pertenece ese auto, y lo que encuentro me hace sonreír. —Martel Group —digo riéndome, pero enseguida se me borra la sonrisa al recordar que Antonio tuvo reunión con ellos hace unos momentos. «Más vale que no sea lo que creo», pienso mientras marco a Antonio, pero este ya no me contesta el maldito celular. —Bien, al menos tengo un pretexto para ir a visitar esa jodida empresa mañana. Sí, mañana. Algo me dice que por fin nos vamos a encontrar, corderita, y esta vez no vas a escapar de mí.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD