Capitulo 4

2244 Words
Narrado Isabella El caos era lo que definía mi vida en estos momentos, aunque mi familia estuviera bastante estable y no me tuviera que preocupar por mi madre y sus llamadas, no podía negar que la desconfianza y las inseguridades se estaban llevando todos mis pensamientos, no me gustaba sentirme como si estuviera haciendo algo mal, como si hubiera hecho mal mi trabajo como amiga, y la gente estuviera mal por ello. Creo con todas mis fuerzas que era buena amiga, escuchaba cuando la gente necesitaba y daba los mejores consejos que podía, no lo sabía todo por lo que no podía resolver todas las dudas del mundo, era imposible que tuviera respuestas para todo pero siempre intentaba dar apoyo y ánimos a mis amigos, intentaba no contarle mis problemas a mis amigos porque eran la que menos se podía quejar, lo tenía todo para tener una vida perfecta, tenía una posición económica demasiado buena, casi perfecta, podía permitirme el ultimo modelo de ordenador o la mejor ropa del mercado, tenía una familia que me quería, una madre muy exigente pero que a la hora de la verdad estaba segura que no dejaría que nada malo me pasará, tenía buenas notas, de las mejores del internado, mis profesores me trataban bien y me respetaban, era delegada y mis compañeros confiaban en mi para contarme los problemas, el año siguiente sería perfecta, podría controlar y ayudar a las personas también en las habitaciones, tenía amigos que me apreciaban, tenía a mi primo a mi lado, mi hermano era el mejor del mundo y daba todo por mi, sin hablar de Matt que era lo mejor que me había pasado últimamente. No me podía quejar, había gente que no se hablaba con sus padres o que estaba pasándolo mal, pero a mi solo me afectaba que las personas que eran mis amigas puede que solo me quisieran por mis notas o por mi capacidad de ayudar a todos y que realmente no me consideraran su amiga. ¿Por que nos llamaban los buenos? Nunca rompíamos una norma, y ayudábamos en todo lo que podíamos, no se si eso era para llamarnos buenos, era de personas, pero ¿Era por eso por lo que la gente estaba a mi lado? —Un beso por tus pensamientos—me susurró Matt en el oído haciendo que saliera de mis pensamientos. —¿Que?—pregunte y él me miro señalando mi cabeza y sus labios, haciendo que riera porque no era la primera vez que me hacía una propuesta así—Yo no gano nada, pierdo privacidad y se me pone mal el pintalabios—deje claro colocando bien mis subrayadores en la mesa que me había tocado compartir con Matt. Estábamos en clase de literatura y la profesora nos había cambiado de sitio a Aiden y a mi para que ayudáramos a alumnos que les costaba más la asignatura, Matt era obviamente uno de ellos y no porque le costará leer, creo que era una de las personas que más rápido leía que había conocido, sino que no prestaba atención en clase y se olvidaba aplicar los sistemas literarios o los análisis que habíamos trabajado en clase, sin decir que estudiar los autores y su vida era cosa que ni pasaba por su cabeza. —Ganamos los dos—dejo claro y se acerco a mi pasando su brazo por mis hombros y con su otro brazo jugo con un mechón de pelo que se me soltó de la trenza—Yo puedo callar esa vocecita pequeña que tienes en la cabeza que te hace sentir mal y tú puedes enseñarme a que sabe ese pintalabios que seguro te ha dado Cristina—. Odiaba con toda mi alma que Matt hiciera las cosas tan sencillas, como si nada le costara, como si la vida y los problemas humanos no fueran nada para él, todo era sencillo con él, simple pero no por eso era menos interesante, la relación con él fluía sin problemas, sin tener miedo a que se complicará por su forma de ser, daba importancia a lo importante y me ayudaba a buscar el foco que a veces perdía, y era demasiado atento. —No necesitamos un intercambio—deje claro y suspiré—Me preguntaba porque se acerca la gente a mi—le deje claro, Matt apoyo su frente en la mía y me miro fijamente a los ojos, en ocasiones que hiciera eso me ponía nerviosa, me hacía sentir un nerviosismo que no entendía, note su mano dar suaves toques en mi hombro cosa que me ponía aún más nerviosa, le quería cerca y le quería besar pero eso no era adecuado, él era un príncipe y estábamos en clase, protocolos saltaban a mi cabeza como locos para evitar besarlo. —La gente que se acerca a ti, es porque eres perfecta—dijo y en ese momento toda la tensión y las mariposas desaparecieron de mi haciendo que me sentará bien y me separara de él. Odiaba que me llamarán perfecta, no lo era, no me sentía perfecta, no me gustaba cuando me veía en el espejo, trabajaba mucho para mantener todo en mi cuerpo bien y correcto, me esforzaba por mantener buenas notas y relaciones, y la gente asumía que eso me era natural que era algo que hacía sin más, ser perfecta era como si todo te cayera el cielo y tocarlo te diera el poder de hacerlo bien pero todo lo que hacía bien tenía detrás horas de entrenamiento y horas sin dormir. —Isabella—me llamo tirando un poco de mi pero estaba demasiado frustrada e intentaba no llorar de la rabía de la molestía de que me llamaran perfecta. Sin apenas esfuerzo, Matt me sentó mirando hacía él, solo tuvo que levantarme un poco y mover mi cadera, como si fuera una pluma, sin dificultad, eso no era ser perfecta, debía dar asco por mi poco peso, por mi cuerpo casi esquelético, mire a la silla porque el suelo me quedaba demasiado lejos y me tape como pude con la falda del uniforme. Me molestaba que mis piernas se vieran, no era por marcas, no tenía ninguna marca ni golpe pero mis piernas largas era una de las cosas que menos me gustaban de mi cuerpo, era como si fuera una jirafa y eso que no era muy alta pero mis piernas siempre me han parecido poco proporcionadas. Matt coloco su abrigo en mis piernas para que esa incomodidad que estaba empezando a tener se parara, era como si leyera mi mente y le mire. —Ser perfecta no indica que seas buena en todo porque si—comento y paso su mano por mi pelo soltando mi trenza sin darme tiempo a reaccionar pero no me enfade—Indica que tú—me señalo, indico mi corazón pero sin tocar mi pecho, por mucho que lleváramos meses juntos, solo nos besábamos y Matt solo tocaba mi cara o mis hombros, no había permitido que tocara más, mi abuela y sus lecturas de la biblia y del pecado resonaban en mi cabeza siempre que pensaba en besarlo o algo más—Eres una pieza del puzle mundial que encaja en muchas partes, y la gente con la que te juntas son piezas que van contigo—. Reí. —Pasar tiempo con Aiden te afecta—dije riendo bajito al ver que algunas personas se giraron a vernos, pero era verdad Aiden amaba los puzles por lo que esa referencia me recordaba a él y a que Matt pasaba mucho tiempo con mi primo, eran casi como hermanos en este momento y eso me llenaba de orgullo y felicidad. —Bueno puedo pasarlo contigo, si quieres—comento levantando mi barbilla para que le mirara—Un besito y me porto bien—me soborno. Suspiré con fuerza, me acerque a él y bese su mejilla esperando que eso fuera suficiente pero Matt me conoce demasiado bien y antes de que mis labios tocaran su mejilla se movió haciendo que nuestros labios chocaran y me enfade, debía separarme y no besarle más pero no lo pude evitar, me quede ahí quieta esperando a que nuestros labios se intensificaran, se juntaran como fuego, que se intensificaba poco a poco, con cuidado agarro mi cadera acercándome mucho más a él, la chaqueta cayo al suelo y quede sentada encima de sus piernas. —Esto es un colegio, no un motel de mala muerte—hablo una voz grave, me separe rápidamente de Matt para colocarme bien e intentar hacerme una coleta que fuera más con el protocolo del colegio pero mi goma estaba en la mano de Matt. No dije nada y solo deje mi pelo suelto colocando bien mi pelo. Mire al frente, un hombre que no conocía de nada apareció en el lugar de la profesora, llevaba un archivador de estilo antiguo, llevaba unas grandes gafas, era calvo con el pelo blanco por los lados, iba vestido con un traje antiguo, de esos de color verde, una corbata roja y una camiseta de color naranja claro que no me pegaba para nada, su nariz era bastante grande y tenía demasiadas arrugas. Tarde un segundo en pensar en que estaba pasando en este momento. —Soy el señor Miller, no me gusta que me llamen de otra forma, ni profe, ni profesor ni nada del estilo—dejo claro dejando su carpeta en el escritorio, era rudo, ancho de hombros y parecía que en cualquier momento iba a pegar a alguien— Soy Erik Miller, y seré vuestro profesor de Literatura—dejo claro. Me quede en blanco, dos ideas pasaron por mi mente y supe instantáneamente quien era Erik Miller era un autor suizo, del que no pude leer ni un solo libro por lo explícitos que eran , sus libros eran una mezcla de crimen detallado y de sexo demasiado claros, con detalles innecesarios, pero era un autor demasiado renombrado sin mencionar que era un super ventas y muy premiado, tenía demasiado dinero ¿Por que estaría aquí? —Los dos críos de los besos, levantaros y presentaros—ordenó mirando unos papeles que saco de su bolsa marrón de profesor. Me levante de mi asiento, pero a mi lado Matt no hizo nada se quedo de brazos cruzados, apoyado cómodamente en su asiento sin hacer un solo movimiento con cara de pocos amigos, estaba tenso lo notaba desde aquí. —Me llamo Isabella—comencé a hablar pero antes de que pudiera decir algo más, el profesor me hizo un gesto para que me callara, no dije nada, me quede en blanco por la situación que estaba viviendo, no estaba comprendiendo para nada porque este señor estaba siendo tan desagradable y tan mal educado, no hizo el esfuerzo de mirarme y llamarnos críos no fue lo mejor que pudo hacer. —El chico—dejo claro mirando a Matt que no se movió—No se si sabes de modales pero he pedido que te levantes y te presentes, así que hazlo—ordenó el señor Miller y mire a Matt suplicando de que se levantara pero no hizo un solo movimiento, se quedo de brazos cruzados mirando a ese hombre. —Matt—le llame en un susurró, estaba desesperada porque no volviera a su comportamiento de hombre que podía con todo y llevarse mil castigos. Antes de que fuéramos amigos y mucho antes de que nos hiciéramos pareja, Matt era de esos chicos que estaban siempre castigados, que estaba más tiempo en la sala de castigos que en cualquier otra clase. —Tienes dos segundos para levantarse, o estarás castigado—dejo claro el profesor, mire a Matt desesperada por no entender esta actitud que estaba teniendo. Matt hizo el amago de levantarse pero fue solo un amago, se puso a meter con tranquilidad las cosas en su mochila y levantarse, pero no para decir su nombre sino para irse, para coger e irse de clase, con tranquilidad se acerco a la puerta y yo mire a Aiden sin entender nada pero el estaba igual que yo, mire luego a Cristina pero su cara no me daba ningún tipo de explicación, estaba demasiado perdida, no estaba entendiendo nada pero me negaba a que Matt dejará su vida en la mierda por algo que no comprendía. —Se puede meter su clase por donde quiera, señor Miller—dejo claro Matt saliendo de la clase sin decir nada más. Tuve varias ideas, sentarme e intentar asumir que las cosas estaban saliendo de control sin un mínimo de sentido, disculparme y traer a Matt de la oreja para que lo hiciera y pudiera tener la clase sin problemas, para que no le pusieran quinientos partes haciendo que no pudiera hacer nada más que estar en la sala de castigos o simplemente salir detrás de él e intentar que me diera una explicación, pero no me dio tiempo a nada, rápidamente Cristina salió de la clase detrás de Matt y a mi no me quedo otra opción que sentarme y seguir la clase para coger apuntes y que estos dos no se perdieran demasiado, para que pudieran aprobar la asignatura, siempre que busquemos una solución a que dos alumnos se vayan sin explicación de clase y uno de malas formas. El drama era lo ultimo que necesitábamos y era lo primer que teníamos.
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