El par de jóvenes se bajaron del barandal, prefiriendo sentarse en el suelo. Isaías se mantenía callado al igual que Zacary, quien en ese instante reposaba su cabeza sobre el hombro del gemelo que, estiró su brazo para abrazar a medias al de ojos azules.
— Tengo hambre — Revela Isaías — ¿Quieres ir a comer algo? Yo invito — Agrega el pelinegro, viendo por encima de su hombro a Zacary, el cual asiente con su cabeza.
—No tengo hambre, pero si tu invitas… no me voy a negar— Dice alzando su mirada para ver la de Isaías, mostrando en ese instante una pequeña sonrisa en sus labios.
El de ojos cafés alzó un poco sus cejas en una expresión de asombro, ya que esa sonrisa no recordaba haberla visto en Zacary antes. No sabía si era por su nueva mirada, la cual hacia contraste con aquella sonrisa, o se debía a que en el pasado su amor permaneció la gran mayoría del tiempo, fingiendo ser otra persona.
—Mejor dejo de pensar tanto… no quiero arruinar el momento — Piensa Isaías sabiendo que, si se detenía a pensar en los detalles que rondaban alrededor de Zacary, terminaría ganándose un molesto dolor de cabeza.
—Entonces vamos… —Ordena el gemelo levantándose del suelo, al mismo tiempo que el otro muchacho hace lo mismo.
Ambos bajan tranquilamente sin hablar demasiado. Isaías iba delante y Zacary atrás, en todo ese tiempo, el joven de ojos claros pensaba en lo normal que estaba siendo Isaías con él. Hasta el momento, ni siquiera le había preguntado el por qué desapareció por tantos años, o incluso esos cabos sueltos que todavía quedaban acerca de su pasado, los cuales Zacary asumía que Isaías se sentiría muy interesado en saber. Sin embargo, hasta ahora el gemelo no le reclamaba absolutamente nada, actuaba de manera natural, y por lo que detallaba su buen sentido de la observación, esa naturalidad era genuina.
—Debemos tener cuidado con los vigilantes — Previene el gemelo — Aunque, es obvio que son pésimos en su trabajo —Dice entre una leve risilla, donde dejó ver el leve nerviosismo que tenía en ese instante.
Zacary esbozó una sonrisa, viendo a lo lejos al par de vigilantes medio dormidos, pero luego dejó de prestarles atención a aquellos hombres para acercarse a Isaías y así, sin más, estirar su mano para acariciarle una mejilla. Al momento de tocarlo, Zacary podía sentir la leve barba del gemelo, el cual permitía la caricia sin reproche alguno.
—Finalmente puedo tocarte… cuando quiera — Piensa Zacary, mostrando esa pequeña sonrisa que, todavía no se borraba de sus labios.
Isaías tocó la mano tatuada de Zacary suavemente, al mismo tiempo que se acercó para besarle lentamente, mientras ya se encargaba de entrelazar su mano libre, entre los mechones de cabello del joven que amaba, y esperó por tanto tiempo.
—Me gusta… — Murmura Isaías todavía muy cerca de los labios de Zacary.
—¿Qué cosa te gusta? —Pregunta en susurros el de ojos azulados, al momento que vuelve a unir sus labios junto a los de Isaías.
—Además de tus labios… tu cabello. Me gusta como lo llevas ahora. Es más tú — Confiesa Isaías separándose un poco más de Zacary, para ver con una minina sonrisa, ese gesto de extrañeza que se formó en el rostro del muchacho.
— ¿Y quién soy yo? — Pregunta el antiguo esclavo, tornándose un tanto serio.
En cambio Isaías sonríe un poco más, sujetando a Zacary por su cintura para acercarlo a esa distancia que se había alejado, logrando así poder besarle una vez más en la comisura de sus labios.
— Eres mi Amor ciego y sin sentido— Aclara Isaías abrazando a Zacary, mientras baja un poco, para reposar su frente sobre el hombro del otro.
Zacary extiende sus manos para acariciar el cabello de Isaías, sintiendo como el gemelo poco a poco comenzaba a llorar, porque su respiración entrecortada, y leves sollozos le delataban. Al darse cuenta de esto, Zacary rodeó sus brazos sobre el cuerpo del más alto para abrazarle.
—Eres mi amor ciego, sin sentido… y mi razón para vivir — Confiesa Zacary, entre un suspiro aliviado mientras aprieta con algo de fuerza a Isaías.
—¿Entonces… porque te fuiste por tanto tiempo? — Murmura Isaías sin levantar su mirada del hombro de Zacary, porque a él no le gustaba que le vieran llorar.
—No quería arrastrarte a mi miseria… — Confiesa alejándose de Isaías, para que este le pudiera mirar, ya que a él no le importaba verle llorar — Necesitaba protegerte. Tú eres lo único que me ata a este mundo… Necesitaba… necesitaba protegerte. Si te llega a pasar algo yo… yo… — Se detiene entrecerrando sus ojos, porque también sentía como nuevas lágrimas comenzaban a nublar su visión.
— Moriré. Ya no me vengaré de nadie más… si tu mueres, me iré contigo… tendré paz contigo en otra vida — Susurra Zacary en un hilo de voz, volviéndose a acercar para abrazar al gemelo que, ahora se muestra con una expresión algo desconcertada en su rostro, por no comprender las últimas palabras del otro joven tatuado.
Sin embargo por esa misma razón, Isaías se sintió en la necesidad por calmar ese extraño llanto con pizcas de desesperación que comenzaba a sufrir Zacary, dejando a un lado su leve sollozo, producto de reproches para atender a su amor.
— Nadie va a morir, tonto. No seas exagerado… si mi hermano te viera en este instante, dejaría de llamarme dramático, porque es obvio que tú me ganas por mucho. Ya no llores, mejor dejemos el tema de tu desaparición para después… ¿Te parece? — Indica Isaías con una sonrisa, mientras busca aprobación en la mirada azulada de Zacary, quien esboza una sonrisa asintiendo con su cabeza.
— Mi verdadero yo, no controla sus emociones… lo siento — Confiesa Zacary en susurros, observando a Isaías con cierta timidez.
— Lo sé, no es la primera vez que te muestras ante mí. Aunque no lo creas, soy muy observador… “Intruso” — Revela Isaías viendo como las mejillas de Zacary se ruborizaron —Sin embargo, es la primera vez que veo ruborizarte — Indica tocando una mejilla del joven.
***
Horas más tarde, luego de haberse comido unos perros calientes, los cuales no está demás decir que a Zacary no le encantaron, Isaías le pidió al muchacho que le acompañara a su departamento, y este sin demasiados rodeos aceptó la invitación. Isaías en su motocicleta, tomó el camino más largo para llegar hasta su vecindario, puesto que él deseaba alargar lo más que podía, el tiempo que permanecía junto a Zacary. Cuando finalmente llegaron al edificio, el gemelo entró al estacionamiento aparcando su Harley en el mismo lugar de siempre. Después acompañado por Zacary, subieron al ascensor para llegar hasta el piso donde el pelinegro vivía.
En el pasillo ambos caminaban tranquilamente, envueltos en esos silencios nada incómodos que siempre los caracterizaban. Así mismo, llegan al apartamento correspondiente, Isaías saca sus llaves, y sin más abre la puerta notando que las luces estaban encendidas.
—Aquí es donde vivo — Murmura Isaías lanzando las llaves sobre una repisa.
Zacary al instante escanea el pequeño lugar, el suelo era madera, las paredes color beige, la pequeña cocina desordenada, la dividía un largo mesón que actuaba como comedor, en el cual se mostraban cinco taburetes de madera. Aquella área parecía ser el segundo lugar más concurrido del apartamento, porque era evidente que el primero era aquel arrugado sofá de cuero marrón. También frente al cómodo y largo asiento forrado en cuero, se encontraba en una distancia prudente un enorme televisor pantalla plana, el cual reposaba sobre una mesita que no tenía ni una pizca de polvo, era evidente para Zacary que aquel televisor era el objeto más preciado del hogar de escasa decoración, dejando en evidencia que en ese apartamento, era habitado solamente por hombres.
—No vives solo… — Dice finalmente Zacary, cuando cree que ya ha visto suficiente.
Isaías carraspea su garganta.
—¿Cómo te diste cuenta? — Pregunta sintiéndose algo estúpido, mientras Zacary se encoge de hombros.
—En esa repisa donde arrojaste tus llaves, hay dos manojos más. La puerta del baño está abierta, por eso puedo ver que sobre el lavamanos, hay tres cepillos de dientes. Esos zapatos que están en aquel rincón, son una talla más grande que la tuya, además te mostraste sorprendido por ver las luces encendidas. Por último, hablaste en voz baja cuando me dijiste que aquí vives, lo que me hace pensar que las paredes son delgadas, y no quieres que te escuchen—Explica Zacary con algo de vergüenza — O puede que esté equivocado… no lo sé — Agrega entre un suspiro cansado.
Isaías achina sus ojos, mostrando una pequeña sonrisa.
—Te fijas en todo… — Murmura con ironía, mientras se quita su chaqueta lanzándola sobre el sofá — Vivo con mi hermano y Thomas. Los tres somos una comunidad para pagar las cuentas y otras cosas… — Explica el gemelo, volviéndose a acercar a Zacary para besarle.
— Quiero mostrarte a mi habitación… — Susurra Isaías entre los labios del otro muchacho.
— Quiero verla… —Murmura Zacary sin abrir sus ojos, al mismo tiempo que abre su boca para que Isaías tuviera acceso una vez más a su lengua.
Cuando el beso culmina, Isaías camina acompañado de Zacary hasta su recamara, la cual era igual de básica como el resto del apartamento. Cuando llegan a la habitación, el gemelo cierra la puerta con seguro, para después comenzar a quitarse la ropa, entre tanto Zacary imita sus movimientos, logrando que ambos en pocos segundos ya se encontraran como Dios los trajo al mundo. Así de esa manera, Isaías se lanza sobre su cama acomodándose en ella.
—¿Qué haces todavía ahí parado? —Pregunta Isaías al ver que Zacary no se movía de su lugar, pero luego de haber dicho eso, el susodicho se encaminó hasta la cama acostándose a su lado.
Estando los dos en la cama, Zacary se voltea acurrucándose sobre el gemelo, mientras este le veía por encima de sus hombros. En el instante que Zacary estuvo de pie, Isaías se pudo dar cuenta que el de ojos azules estaba más delgado, y además no tenía aquella perforación genital, que recuerda haberle visto en el pasado. Además de eso, el de ojos negros pensaba en lo utópica que era esa situación, ya que justamente en la noche anterior jamás hubiese imaginado que 24 horas después, estaría acompañado de su amor quien en ese instante, lucia muy cómodo entre sus brazos.
—Pensé que nunca más iba a volver a verte… — Murmura Isaías, notando como el abrazo de Zacary perdía fuerzas.
—¿Zacary? — Susurra el de ojos cafés, alejándose un poco del muchacho para verle mejor, observando al instante que este parecía estar dormido, juzgando por su boca entreabierta y su respiración calmada — ¿Qué, tan rápido? — Se pregunta el gemelo sin dejar de observar a Zacary, desconociendo por completo que habían pasado años desde que el joven de ojos azules, lograba conciliar el sueño de esa manera tan sencilla.
A la mañana siguiente
Jacob se levanta lentamente, tanteando debajo de la almohada de Thomas su teléfono celular. Cuando finalmente logra dar con el Smartphone, lo enciende viendo que marcaban las 10 de la mañana. El muchacho abre a más no poder sus ojos grises, levantándose de la cama de un solo salto.
— ¡Es súper tarde, tengo practica dentro de 30 minutos! ¡THOMAS DESPIERTA! Debes llevarme a la academia ¡Thomas! — Exclama Jacob lanzándole un almohadazo al moreno, quien al instante le regresa el golpe con la almohada que tenía a su alcance, casi como un acto involuntario.
Jacob emite un dramático grito por el almohadazo recibido, mientras que Thomas regresa a su antigua posición de descanso como si nada hubiese ocurrido.
—¡Eres un animal! — Vocifera el pelinegro empujando a Thomas, y como este se encontraba en la punta de la cama, cae al suelo. Aquel acto ocasionó que el moreno entre farfullas y con sus ojos entreabiertos, se levantara del suelo, caminando hacia donde se encontraba Jacob.
—Así me decías anoche… — Murmura el de ojos verdes con una sonrisa somnolienta en sus labios — ven aquí, y regálame un mañanero… — Agrega el moreno pretendiendo besar a Jacob, pero este lo empuja con todas sus fuerzas para que se aleje de él.
—¡No te daré nada! Debo irme. Se suponía que debía levantarme a las 7 de la mañana, estoy extremadamente retardado —Se queja el muchacho buscando entre el cuarto, su ropa interior.
Thomas se sienta en la cama estirándose un poco, y entre bostezos ayuda al de ojos grises a conseguir su ropa, entregándole primeramente sus jeans, porque justamente se había sentado encima de ellos. Jacob los recibe colocándoselos, entre tanto Thomas salía de la habitación completamente desnudo, provocando que Jacob se alarmara al instante.
—¿Espera, a donde crees que vas? — Pregunta el de ojos grises, mientras se coloca su camiseta.
—Voy a orinar… — Responde Thomas tranquilamente.
— ¡Vístete primero! No quiero que esos gemelos te vean así. Hasta cuando tengo que repetirte que tengas pudor — Reclama Jacob ahora colocándose sus zapatos.
Thomas revolotea sus ojos, regresando a la habitación obedientemente.
—¿Dónde tiré mis bóxers anoche? — Pregunta Thomas agachado, buscando su ropa interior debajo de la cama.
Jacob emite un bufido encaminándose hasta el closet, para conseguirle ropa interior limpia a su novio.
—¡Ponte un bóxer limpio! Aquí tienes… — Ordena el chico lanzándole la prenda al moreno, este la ataja y al instante comienza a colocársela.
—¿Ya puedo ir a orinar, mi señor? — Pregunta Thomas fingiendo un tono de voz decente, ocasionando que Jacob esbozara una sonrisa mientras se cruzaba de brazos.
—Eso de señor no me gusta. Me haces sentir viejo. Lo cual significa tener horribles arrugas, que no deseo todavía en mi rostro— Murmura entre dientes si quitar esa sonrisa que trataba de ocultar, sin tener mucho éxito — Ya, anda a orinar. Por lo menos no andas mostrando tus bolas a todos— Dice dejando que Thomas saliera de su habitación.
Cuando el moreno está afuera, saluda a Isaac que se encontraba desayunando cereal, sentado en el mesón de la cocina.
—Yo no sé cómo soportas a esa “vieja quejambrosa” que tienes como novio. Pude oír sus gritos desde acá — Comenta Isaac, vertiendo más cereal a su tazón.
El de ojos verdes se encoge de hombros.
—Estoy enamorado de esa “vieja quejambrosa” ¿Qué puedo hacer? Además no vengas a reclamarme, porque “la vieja amargada” que tienes como hermano no se queda atrás — Aclara Thomas, susurrando la última parte.
—Ahora que lo dices, anoche Isaías trajo compañía — Indica Isaac con la cuchara en su boca —Pude escuchar voces, sin mencionar que quería entrar esta mañana a su habitación, y la puerta la tiene dada a llave. Eso solo significa una cosa —Explica el gemelo con una leve sonrisa, regresando la cuchara al tazón.
— ¡Significa que al loco amargado por fin le dieron lo suyo! ¡Aleluya! Ya era hora — Exclama Thomas mostrándose igual de entusiasmado que Isaac.
—¡Thomaaaas, tengo que irme, apresúrate! — Grita Jacob desde la habitación del moreno, porque este también podía oírle conversando.
—Mejor apresúrate, o de lo contrario tú vieja fastidiosa te golpeará… —Dice Isaac sarcásticamente, vertiendo más cereal y más leche en el tazón.
Thomas asiente con su cabeza, viendo fijamente los actos de Isaac.
—Oye ¡Tampoco te gastes todo el cereal y la leche, hombre! Deja para los demás — Exclama el de ojos verdes señalando con molestia al gemelo, para después entrar al baño.
Isaac le presta poca atención al comentario del moreno, porque justo en ese instante la puerta de la habitación de Isaías se abre, mostrando a su hermano, el cual caminaba lentamente hacia la cocina posiblemente para prepararse café. Isaac, lo mira atentamente, sin tener pensado decirle que anoche, pudo escuchar la voz de otra persona.
—Buenos días… — Saluda Isaías, porque sentía la mirada de su hermano incrustándose en su nuca.
— Buenos días… ¿Qué haces aquí? Normalmente a esta hora estas entrenando —Pregunta Isaac con un tono de voz que Isaías encontró muy irónico, era evidente para él que su hermano sospechaba algo.
—No iré hoy. Tengo otros planes — Responde Isaías volteándose para ver a su gemelo.
—Umm — Farfulle Isaac por lo bajo, dejando su desayuno en segundo plano, para posar toda su atención en el otro pelinegro — ¿No me vas a presentar a la persona que trajiste anoche? Isaías, sabes que no puedes ocultarme nada. Te conozco mejor que a nadie — Dice levantándose del taburete, para encaminarse hasta Isaías.
Cuando está cerca de él, le sujeta el mentón para atraerlo más a su cercanía, al mismo tiempo que mira sin pestañear esos ojos cafés idénticos a los suyos.
—Hacía mucho tiempo que no veía esa mirada en ti ¿Tan bueno fue el polvo? — Pregunta Isaac sin apartarse demasiado de su hermano, el cual intenta desviar su atención hacia otro lado, sin embargo Isaac se lo impide, cuando vuelve a sujetarle con fuerza su mentón.
— No he follado con nadie… — Admite Isaías haciendo una mueca de fastidio, por observar esa sonrisa burlona que se dibujaron en los labios de Isaac.
—Claro, y los cerdos vuelan — Dice Isaac en tono sarcástico, apartándose de su hermano.
—Zacary está aquí — Confiesa Isaías de inmediato — Finalmente apareció — Agrega el gemelo, viendo como el ceño de su hermano se frunció poco después de oír sus palabras.
—¿Zacary está aquí, ese hijo de puta? — Masculle con suma molestia.
Isaac y el resto de los jóvenes sentían mucho rencor hacia Zacary, ya que estos continuaban pensando que él fue el único responsable, por lo ocurrido hace tres años atrás. Es por eso que él, al comprender su culpabilidad en aquellos terribles hechos, prefirió desaparecerse sin dejar rastro, una vez cumplida con la misión fallida de matarlos. Además de lo dicho anteriormente, Isaac detestaba en demasía ver a su hermano sufrir por alguien que ni siquiera valía la pena, como lo era aquel intruso saturado de mentiras y falsedades llamado Zacary, quien de alguna u otra forma, “embrujó” a su gemelo en un extraño amor, que lo único que hacía era matarlo lentamente.
— ¿Acaso te volviste más loco de lo que ya estás? Esa asquerosa rata no debería estar aquí ¿Se burló de ti durante 3 años, y tu como un estúpido lo recibes como si nada hubiese pasado? ¡Ese tipo nunca te quiso, solo te engatusó para querernos matar, por quien sabe que motivo! — Vocifera Isaac, en el instante que Jacob sale de la habitación, y Thomas del baño.
—¿Qué sucede? — Pregunta Jacob caminando en dirección a los gemelos.
—¿Ahora que hizo tu hermano? — Pregunta Thomas mientras reposa su cuerpo sobre la puerta del baño.
En eso todos se quedan en absoluto silencio, cuando la razón de la discusión entre los gemelos, se muestra en la entrada de la habitación de Isaías. Thomas, Jacob e Isaac, lo miran con expresiones sorprendidas, ocasionando que Zacary se encoja de hombros. Por supuesto que él había escuchado todas las reprensiones de Isaac hacia Isaías, lo cual significaba que, definitivamente no era buena idea estar junto a los familiares y amigos de su amor, puesto que él ya se esperaba ese tipo de reacciones negativas. Ellos nunca le entenderían, por ende lo primero que harían seria echarle la culpa por todo lo que ocurrió en el pasado. Juicios que a él le tenían sin cuidado, porque lo único que a Zacary le importaba en ese instante, era Isaías. En eso, Jacob con dos largas zancadas se acerca al más odiado del lugar, pretendiendo darle una bofetada que, Zacary esquivó fácilmente.
—¡MALDITO, TODO EL TIEMPO SUPISTE LO QUE RUSSEL QUERIA HACERME! ¡Todo el tiempo lo supiste! —Grita Jacob pretendiendo agredir a Zacary que, hasta el momento, se mantiene en silencio.
Luego Isaac también va a la carga, pero en esta ocasión Isaías pretende detenerle sin conseguir su cometido, porque con un fuerte zarandeó de sus brazos impidió que su gemelo lo sujetara.
—¡Él no tiene la culpa de nada! — Grita Isaías, colocándose rápidamente frente a Zacary, porque su hermano iba con toda la intensión de lastimar al de ojos azules.
— ¿Qué no tiene la culpa de nada? ¡Este bastardo fingió ser amigo de Misha, se ganó su confianza, nuestra jodida confianza! ¿Para qué? ¡Para después entregar a su supuesto mejor amigo a un loco que lo golpeó, violó y casi acaba con su vida! ¡Misha duró 1 maldito año recuperándose psicológicamente! ¡Y hasta el momento no está del todo bien! ¡Tu sabias lo que le iba a ocurrir, tu sabias que esas personas querían matarnos! ¿No es así? — Grita Isaac encarando a Zacary, pero como Isaías estaba delante de él, no lograba si quiera tocarlo.
Zacary se mantiene en silencio con la vista baja sin decir una sola palabra, mientras que Thomas simplemente se mantenía al margen de todo.
—¡Le hiciste daño a mi hermano! —Continua Isaac — ¡No sabes lo que he odiado verlo sufrir por tu maldita culpa! ¡Por tus asquerosas mentiras dejaste cicatrices imborrables en la vida de todos nosotros! ¡Isaías, quítate del frente que voy a matar a golpes a este maldito! —Grita Isaac empujando a su gemelo para que se haga a un lado.
—¡Tu no vas hacer nada! — Grita Isaías más fuerte que el otro pelinegro — ¡Zacary no fue responsable por lo ocurrido, ya deberías superarlo! — Vocifera empujando a Isaac — O mejor dicho, el estúpido de tu novio Misha debería superarlo, también tu Jacob. Son unos imbéciles, unos maricas llorones de mierda — Exclama Isaías, sintiendo a Zacary moverse hacia otro lado.
—Creo que ya debería irme… — Murmura Zacary pretendiendo caminar hacia la puerta, pero Isaac lo toma del brazo para impedirle que se marche.
Isaías pretendía intervenir, pero cuando estuvo a punto de hacerlo Zacary lo detiene con un ademan de sus manos.
—No, déjalo — Ordena Zacary a Isaías, con una pequeña sonrisa.
—Tienes razón. Yo estaba al tanto de todo lo que les iba a ocurrir, conocía a esas personas. Sabía que en el peor de los casos todos iban a morir… — Explica Zacary, Jacob pretende interrumpirle, pero al instante lo detiene.
— En aquella época, yo solo seguía las órdenes de la persona que arruinó gran parte de mi vida. Eso es todo lo que les puedo decir, con respecto a lo ocurrido hace tres años atrás. En la actualidad, me importa muy poco lo que aconteció después con sus vidas, los efectos colaterales que sufrieron, y todo lo demás. No me importa que me odien, que piensen lo que deseen de mí, eso me tiene sin cuidado— Confiesa el muchacho seriamente, detestando en el fondo de su ser, ese tono de voz frio con el cual les estaba hablando en ese instante a los ahí presentes.
— Lo único que me interesa en este mundo… — Continua Zacary, en esta ocasión volteándose para ver a Isaías — Es él… — Concluye encogiéndose de hombros.
Isaac no soporta un segundo más del cinismo de aquel chico, es por eso que al instante decide propinarle un fuerte golpe en su rostro. Luego de recibir semejante puñetazo, Zacary regresó a su posición original, sintiendo como su boca poco a poco se llenaba de sangre. Él de ojos azulados, simplemente se dedicó en alternar su mirada en todos los presentes, pensando que, lo más sensato era dejar las cosas así, ya que él no tenía ánimos de pelear, y mucho menos de devolverle el ataque al gemelo. Isaac entrecerró sus ojos observando esa tranquilidad en Zacary, ya que normalmente ese golpe que le dio lo hubiese dejado bastante desorientado, sin embargo el de ojos azules lucia como si nada le hubiese ocurrido, un pequeño detalle que solo enervó su ira, obligándole a querer golpearle otra vez, pero en el instante justo que estaba a punto de llevar a cabo sus deseos, aparece su hermano Isaías deteniéndole.
— ¡Ya basta, Isaac! Maldita sea — Grita Isaías empujando a su gemelo, mientras Thomas suspiraba fastidiado entrando en su habitación para comenzar a vestirse.
En ese instante el timbre suena, y Jacob que era el único que no estaba en medio de la discusión, se encamina hacia la puerta para abrirla, pensando que gracias a la horrible presencia de Zacary ya no tenía ánimos de ir a la academia de ballet. Sin mencionar que para ese momento llegaría demasiado tarde. Cuando abre la puerta, se encuentra a su hermano Misha, el cual tenía dos envases de plásticos llenos de comida en sus manos, y un bolso rosado que posiblemente era de Andrej.
—Pensé que ya te habías ido… — Dice Misha escuchando dentro del departamento gritos y algarabía — ¿Qué ocurre, Isaac e Isaías están discutiendo otra vez? — Pregunta el rubio pretendiendo entrar al departamento, pero Jacob se lo impidió pensando que no era buena idea, que su endeble hermano viera nuevamente a Zacary.
—Eh si, mejor no entres — Previene cerrando la puerta, observando como Misha frunció el ceño.
—Pero yo quiero entrar, le traje una comida sana a Isaac, no quiero que desayune cereal barato — Explica Misha tratando de hacer a un lado a su hermano, pero este continuaba en el medio de la puerta impidiéndole pasar.
—Ya comió eso, llegaste tarde ¿El chofer aun esta abajo? — Pregunta Jacob, sujetando un brazo de Misha para llevarlo hasta el ascensor.
—Creo que todavía sigue ahí ¿Por qué? ¡No regresaré a casa! Se supone que me quedaré el resto del día con Isaac. Esta noche tiene pelea, y quiero cuidarlo — Exclama Misha tratando de frenar el paso.
Dentro del departamento, Zacary pudo escuchar la voz de Misha afuera, es por eso que el joven pensó que ya era momento de detener esa contienda, provocada por su presencia.
—Tu novio Misha está afuera… Jacob en este instante se encuentra impidiéndole entrar. Deberías ir a verle — Indica Zacary de forma tranquila.
Isaac al instante alza ambas cejas.
—Será mejor que te largues de una vez. Evitaré que Misha te vea, mientras lo hago bajarás por las escaleras— Advierte Isaac para después lanzarse a correr hasta la salida.
Zacary no dice ni una sola palabra, viendo de reojos a Isaías.
— Lo lamento mucho…— Murmura Zacary de manera cabizbaja, pero después alza su mirada para acariciarle la mejilla al pelinegro — Fue lindo verte, ya me tengo que ir… — Se despide el joven pretendiendo irse por su cuenta, sin embargo Isaías le sujeta de la mano, cercenando de esa manera su partida.
— No lamentes nada, no me esperaba una recibida menos cálida que esa — Aclara el gemelo de forma sarcástica, viendo como gracias a su comentario, Zacary muestra una pequeña sonrisa en sus labios — Aun no te desharás de mi tan pronto… ¿Comprendes? — Agrega soltándole de momento, para cruzarse de brazos.
—Lo comprendo… — Responde el de ojos claros con algo de timidez, una forma de ser que solo era visible cuando su verdadero yo se encontraba presente — ¿Quieres ir a desayunar a mi casa? En esta ocasión yo invito… — Propone calmadamente, sin dejar de sonreír.
Isaías esboza una sonrisa asintiendo con su cabeza.
—Claro que quiero. Idiota… —Responde sujetándole la mano a Zacary para caminar a su lado rumbo a las escaleras, porque por lo menos respetarían la decisión del otro gemelo, con respecto a no ser vistos por Misha.