Lucas suspiró al dejar su vaso vacío en la barra y esperó a que el camarero le sirviera otra bebida. Se frotó la frente y dio un sorbo al líquido ámbar, pero el dolor de cabeza persistía. Miró a su derecha y vio que no estaba solo. Otro joven estaba sentado a su lado, también con una expresión melancólica y bebiendo lentamente. —Nick —reconoció Lucas. —Hola, Luke. —¿Sigues teniendo problemas? —Sí. Han pasado cuatro años y todavía no puedo encontrarla. Mi familia sigue diciéndome que siga adelante, pero... Maldición, solo desearía haber conseguido su nombre. Lucas asintió mientras daba un sorbo a su bebida. —Pero mira con quién estoy hablando. Tres años y no te has rendido. —¿Qué quieres decir? No estoy… —Vamos, no puedes engañarme. Sigues usando tu anillo de matrimonio. Lucas se

