Salgo de la cocina con una copa de vino en la mano ya servida y con la botella en la otra. Hoy trabajo hasta tarde, haré lo que no pude hacer cuando llegué, así que necesitaré un poco de combustible para mantenerme activa. Llego a la sala para continuar con mi trabajo. El sonido de mis tacones es lo único que se escucha y que me acompaña en esta soledad. Soledad que en algún momento acabará cuando Max aparezca luego de haber tenido una guardia de veinticuatro horas. Miro de mala gana las fotos sobre la cantidad de documentos que tengo por revisar, ya que, cuando llegué, no estaba para nada concentrada gracias a un hombre que, aparentemente, sabe cómo descolocarme en todos los sentidos. Debo aprender a no cederle tanto, necesito hacerlo para evitar que se acerque a lo que con recelo c

