Algunas carpetas repletas de documentos se deslizaron frente a Layla, seguidamente, una mujer de mediana edad, de expresiones gentiles y usando un corte de cabello estilo bob que le era poco favorable, se sentó frente a ella. Layla estaba ansiosa, su pierna debajo del escritorio no dejaba de moverse. —Indudablemente, tu carga académica está casi completa, con calificaciones dignas de admirar —dijo Letizia Benítez, directora académica de la facultad de medicina. Sonó bastante indulgente—. Tu solicitud para las prácticas estaba aprobada. Solo faltaban algunas semanas para empezar. ¿Puedo saber qué sucedió? —preguntó observándola por encima de la montura sostenida en la punta en la nariz. —Estuve algo delicada de salud —contestó bajo y avergonzada a la vez por aquella gran mentira. Había c

