Capítulo 1
Quiero aclarar que para leer esta historia, primero deben haber leído. "Mi estrella Fugaz".
Pueden encontrarla en mi perfil.
16 años de edad
Siempre había afirmado que el amor era una estupidez, que era una transición vacía, que las personas solo inventaron el romance para llenar los vacíos de su corazón.
Y sin pensarlo, crearon la peor arma.
Porqué el amor te destruye, y ser amado es ser eclipsado en su totalidad.
Caminaba fumando un cigarrillo, Neragan se había ido con una de sus chicas, según el, debía follar con alguien o sino, se sentiría infeliz.
Tonterías
Tiré el cigarrillo en medio de la carretera, las mujeres mayores me veían y murmuraban cosas, siempre me sucedía, siempre escuchaba esos murmullos.
¿Tan joven y fumando?
¡Es un niño! ¿Donde están sus padres!
Ellos deberían meterse en sus asuntos, no saben nada de los demás y viven juzgando. Era frustrante ver cómo siempre era el malo, como siempre era la mala influencia, era simplemente caótico que las personas vivan alejándose de mí.
Llegue a casa y me encerré en mi habitación, mamá estaba abajo, cocinaba algo que según ella me gustaría y levantaría mis ánimos, recuerdo cuando éramos pequeños, a ella siempre le había gustado complacernos.
En ocasiones rogaba por tener más amigos de los que tengo. En ocasiones simplemente quería poder salir a la calle y sonreír feliz. Como si nada hubiera pasado, como si mi padre nunca me hubiera maltratado.
Sus manos sobre mí, jamás podría olvidarlas.
Llegue a casa y me encerré en mi habitación, mamá estaba abajo, cocinaba algo que según ella me gustaría y levantaría mis ánimos, recuerdo cuando éramos pequeños, a ella siempre le había gustado complacernos.
Hasta que todo se terminó destruyendo.
Creo que jamás pudo darse cuenta del daño que nos causaba, tal vez ella enserio creía que Dan la amaba. Pero... ¿Enserio nunca se dio cuenta?. Nunca pudo notar que vivir con moretones no era normal, que estar en medio de una cena y que el tirará la comida, no era normal.
A pesar de todo mamá nunca comprendió lo que era vivir sanamente.
—Newshi —sonrió —He preparado un pastel de chocolate, mañana terminas tu curso. Estoy tan feliz por ti —Mi madre, dejo el pastel a un lado, tomó mi mano y abrazó mi torso.
Pocas veces lo hacía, desde la muerte de Melisa nuestra relación se enfrió un poco, pero me había encargado de ir cediendo ante ella un poco más.
—Gracias mamá —murmuré
—Oh, ¿Otro tatuaje?
—No son permanentes —le resté importancia, y me puse a estudiar con los auriculares puestos.
Eli, mi madre salió un poco molesta, ella odiaba que le hiciera cosas a mi cuerpo, odiaba mis tatuajes, pircing y hasta incluso el hecho de haber pensado teñirme el cabello.
Sin embargo, ella no lo entendía, ella no entendía que me odiaba, que odiaba el aspecto que emanaba de mi, odiaba verme al espejo y ver a Dan, odiaba verme al espejo y reflejar en mí la viva imagen de la persona que mató a mi hermana.
Neragan entró a la habitación hasta el cuello de drogas, tenía los ojos rojos y una sonrisa boba que hacía notar lo inútil que estaba en estos momentos.
—¿Quieres? —se sentó en la cama y me tiro la mochila llena de droga.
—Sabes que sí —rodé los ojos y empecé a inhalar un poco de cada cosa.
Terminé igual o peor que Neragan.
Acabamos pintando con grafiti una pared, le robamos a un policía y terminamos en la cárcel por toda una noche.
19 años de edad
Caminé a pasos rápidos por la carretera, Neragan acaba de decirme que mi madre se encontraba relativamente mal.
Dan la había golpeado más fuerte que de costumbre.
Estaba estresado, de mal humor y lo único que necesitaba era fumar un poco de m*******a.
Eso me calmaría.
Eso haría que me sintiera mejor.
Divisé a los lejos un parque con una vista maravillosa, tenía algunos asientos, habían algunos juegos para niños y pocas personas andaban pendiente de lo que hacías.
Tomé el cigarrillo entre mis dedos y me dirigí ahí, una chica de cabello rubio, estaba sentada frente a mí, parecía estar leyendo algún libro.
Y a pesar de todo, yo necesitaba que ella se parara de allí, necesitaba sentarme lo más apartado que pueda.
—Marchate —Dije borde
—¿Quien te crees que eres? —gruñí en su dirección estresado, parecía una niña de "papi", alguien que simplemente no tiene idea de lo que es la vida real.
—Mira, niñata no estoy de humor como para soportarte. Así que agarra tus cosas y largate — Enfadada tomo sus cosas y se marchó, y justo antes de que se fuera, sentí la necesidad de mirarla, de mirarla por una última vez.
Fume la hierba que requería, me acosté un rato sobre el banco e inmediatamente eliminó mis sentimientos de preocupación.
Aquella chica por más borde que fue, no salía de mi cabeza, estaba ahí, metida sin querer salir.
Miré al cielo y cerré los ojos fuertemente, para soltar una carcajada.
Ya estaba haciendo efecto.
No podía ver a mamá así, tampoco podía ir al instituto y mucho menos debía hablar con algún adulto en este estado, siempre formaban un escándalo, o me miraban mal o hacían comentarios inapropiados.
Pero ya estaba acostumbrado a eso, en mi niñez fue peor, en mi niñez me ensañaron a que solo éramos Neragan y yo, en mi niñez me enseñaron que las personas la mayoría de las veces son una mierda.
Era tan patético, era tan patético pensar que yo podía cambiar, supongo que llegue a una etapa de mi vida en la que me da igual, en la que vivir me da igual, hace unos años hubiera deseado cambiar.
Hace unos años quería estar bien, hace unos años quería dejar de sentirme mal constantemente, quería que me dejaran de insultar, de mirar raro o siquiera quería que Dan dejará de ser un hijo de puta.
Pero no todo es posible en la vida ¿No os parece?
Me levanté, tiré el cigarrillo y me fui a buscar a Neragan, más tarde tenía una cita con un psicólogo, según mi madre lo necesitaba. O bueno, ni siquiera ella, los profesores pensaron que yo lo necesitaba.
—Llegaste —murmuró
—Estoy hasta la mierda de droga —me senté en el sofá y miré a Neragan con una cara de fastidio.
—Se nota —¿Que tal si vamos a un prostíbulo? —ernaco una ceja y empezó a reírse de su estúpido pero buen razonado comentario.
—Tengo que ir hoy a un psicólogo —mencioné —No creo que aguante ni tres segundos en ese lugar
—Tampoco lo creo. Nunca lo haces, pero eres Cole Newman ¿No?. Cole Newman es genial —El sonrió y miro al frente, se quedó en silencio durante el resto de la tarde y supe que la pasaba algo cuando se fue sin más.
Me levanté para ir a la dichosa cita, y cuando llegué estaba la misma chica de antes. Mi sonrisa burlona no podía faltar y su cara de estupefacción era única.
14 años de edad
Vierto el chocolate sobre las fresas y se las doy a Danna, su sonrisa creció enormemente y salió corriendo a abrazarme, ella era una chica bastante linda, tenía unos ojos hipnotizadores y siempre intentaba permanecer cerca de ella.
Sentía que de cierta manera podría estar cómodo, sin tantos problemas y mierdas a mi alrededor
— Te vez guapo hoy — introdujo la fresa a su boca y sonrió en mi dirección.
—Gracias —asentí
Dos chicos pasaron viéndome con sonrisas burlonas y gestos tontos, me sentí frustrado, siempre sucedía, nunca podía estar en paz.
—Todos ellos creen que soy un adicto — murmuré haciendo un puchero
— Eres adorable Newman. Aparte, yo pienso que eres totalmente sexy
— También creo que eres sexy — Quité la fresa de sus manos y la introduje lentamente en mi boca.
Sabía que Danna siempre había estado enamorada de mi, en ocasiones intentaba obligarme a corresponderle, a que ella se sintiera amada.
— Odias que te llamen así ¿cierto? — preguntó bajito
— Si, detesto que solo piensen que soy un adicto, o soy el raro de la clase.
— Jamás serás un adicto para mi — Éramos dos niños sin saber muy bien que hacíamos, una niña enamorada de un chico totalmente roto, y un chico intentado llenar un vacío con la presencia de alguien que no le producía sentimientos románticos.
Empecé a fumar desde muy temprano, creo que la primera vez que lo hice fue a los 12, Neragan estaba conmigo, el se negó, dudo mucho hasta que acabó accediendo.
Jamás estuve de acuerdo, jamás quise que el se metiera en eso, pero lo hizo. Y ese día discutimos.
Neragan era un niño con un corazón enorme, cuando los estorbos se metían con nosotros el lloraba, gritaba y al día siguiente les llevaba dulces para que dejaran de meterse con nosotros, sin embargo, nunca funcionó. Y el pequeño Neragan empezó a crecer con un montón de sentimientos encontrados.
Yo sentía que debía cuidarlo, yo sentía que era mi hermano, sentía que el era la única persona que podía entenderme del todo.
— Te quiero Cole — Danna, salió de la habitación y me miró por una última vez, jamás espero una respuesta de mi parte. Y de cierta manera eso me aliviaba, me hacía sentir que tenía un problema menos.
Porque la gran diferencia era que yo solo la veía como una amiga, yo no le quería.
No así.
Hay momentos para todo, pero nunca todos van a estar ahí en cualquier momento, eso lo entiendes a medida que creces, a medida que vez el mundo real.
— ¿Donde estás maldito idiota? — Dan entró gritando y tirando todas las cosas que estaban en la estantería.
— Aquí estoy — Salí de la habitación y me pare justo en el primer escalón. Tomó mi brazo y golpeó una de mis costillas.
Un golpe
Dos golpes
Tres golpes
Las lágrimas ya no salían, los sollozos ya no existían, el dolor era netamente mental.
— Baja ahora, sirveme un whisky y te vas.
— ¿A donde voy? — pregunté dudoso.
— Afuera ¿A donde más? Solo eres un estorbo en esta casa, no veo la hora de que te vayas — hice lo que me pidió y salí rápidamente de allí.
Me acosté en el césped, vi las estrellas y todas alumbraban, una de ellas tenía forma de ángel y desde ahí quise encontrar a mi propio ángel.
Yo también quería tener un ángel, también quería ser la estrella de alguien.
A pesar de que tenía frío, pase la noche afuera, viendo las estrellas hasta que cada una de ellas se esfumaron.
Unos señores pasaron y me observaron, empezaron a reírse y me apodaron "perro callejero". Dese entonces, cada vez que pasaban me llamaban así esperando una reacción de mi parte.
Y un día la obtuvieron.
Ese día me convertí en el rey.
Ese día con 14 años, me convertí en Cole Newman.
— ¿Que mierda ven? ¿Acaso quieren terminar muertos? — Los miré con unos ojos sin vida, los miré con frialdad, los miré en un cuerpo muerto.
Los señores pasaron de largo, y no dijeron nada más, nunca mencionaron nada, nunca se acercaron a mi.
— ¡Cole! — exclamó Neragan apareciendo con unas manzanas.
— Genial, tenía hambre — murmuré
— ¿Quienes eran esos señores? — preguntó interesado, el saco las manzanas de la bolsa y me entregó una.
— No te preocupes, todo está bien — le di un mordisco e inmediatamente el sabor inundó mis papilas gustativas, eran deliciosas. Amaba la manera en la que su sabor te absorbía por completo.
— ¿Quieres vivir conmigo? — Su pregunta me tomo por sorpresa, el sabía la situación con mis padres, el sabía toda la mierda que estaba viviendo.
Asentí en su dirección con una sonrisa, desde ese momento Cole Newman y Neragan fueron inseparables.
17 años de edad
Las chicas solían vernos más de lo usual, Neragan usaba lentes oscuros y pantalones ajustados, yo usaba esos típicos pantalones rasgados y camisetas negras.
Me gustaba vestir así, me sentía cómodo, me sentía yo mismo. A los 17, ligar con chicas era rutina, y sobre todo diversión.
Mi vida a esas edad fue lo normal, o al menos lo que yo consideraba normal para ese entonces.
Fumaba, salía a fiestas, me acostaba con un tía diferente cada semana y disfrutaba de la total libertad. Mis abuelos habían muerto meses antes, todo su dinero fue heredado a mi, y eso fue lo mejor. Pude independizarme, pude comprar un apartamento y hasta incluso me compré la moto que siempre quise.
Neragan se fue a vivir conmigo, éramos nosotros dos en un apartamento de dos pisos, arriba estaban las habitaciones, abajo estaba la cocina, la sala y el lugar donde solíamos practicar boxeo en ocasiones. Era el paraíso, a medida que transcurría el tiempo me enamoré totalmente de Ed Sheeran, sus canciones me parecían revolucionarias, me hacían sentir bien, en paz.
— Compré un CD con canciones de Ed Sheeran para ti — Neragan sonrió en mi dirección y lo lanzó
El CD casi se cae, al verlo me iba a dar un infarto, estaba feliz, me gustaba que me conociera bien y que en ocasiones, cuando los momentos era totalmente catastróficos no fuera necesario emitir palabra alguna.
— Gracias idiota — mi comentario le hizo algo de gracia, sabía lo mucho que amaba Ed Sheeran, el era el único que me conocía.
Siempre fuimos el y yo.
19 años de edad
Suspiré pesadamente, pase las manos por mi rostro y eche mi cabello hacia atrás, mi niñez había sido una mierda, mi adolescencia también y me presenté no estaba tan mal. Los adultos dicen que el dolor es parte de crecer, me pregunto si el hecho de ver como tu padre abusa de tu hermana es parte de crecer.
Estoy seguro de que no.
No me gustaba vivir en el silencio, no me gustaba vivir en las drogas, no me gustaba vivir mi vida. Solía pedirle a la luna que me entregará un angel, un ángel que me cuidara, un ángel que no pasará por mi vida como las modas.
Quería un ángel especial. En el fondo era un romántico empredernido, pero nunca podría admitirlo en voz alta, eso acabaría con mi reputación.
Repremí un sonrisa, por mis pensamientos tontos, a veces me gustaba soñar, me gustaba imaginarme sobre la luna viendo el mundo, viendo todo, a veces me gustaba imaginar mi muerte. La primera vez que quise morir fue cuando Dan abuso de Melisa, la segunda vez fue cuando ella murió, y la tercera ...
La tercera existió desde siempre, ahora no quedaba más que mis deseos de no volver a despertar.
Pocas veces mostraba afecto a los demás, es decir, no era la persona más cariñosa del mundo, era un imbécil. Lo sabía.
Neragan era el único que conocía todo de mi, desde mis molestias, a mis inseguridades. Jamás había ido a un psicólogo, mamá intentaba ser buena madre, pero no lo era, nunca pudo serlo, una buena madre no hubiera dejado que su hija muriera.
La primera psicóloga a la que fui, me trató bien, pero no me gustaba hablar de mi vida con un desconocido. Ignacia, la mamá de la niña insoportable, era una mujer bastante hermosa, tenía buenas curvas para su edad. A veces solía mirarla más de la cuenta. Pero era un secreto que me llevaría a la tumba. Al final de cuentas jamás estuviera con ella.
Estaba parado en las barandillas de la azotea, La calidez del lugar siempre me había gustado, me encontraba fumando un cigarrillo, tenía los ojos cerrados y el viento chocaba contra mi, dándome una fuerte sensación de paz.
—Deberías dejarlo. Si, sigues haciéndolo morirás —Mis ojos se abrieron de a poco. Hasta ver a la niñata del otro día. Llevaba puesto una sudadera y unos pantalones bastante pegados que le hacían resaltar sus curvas
—¿Y que te hace pensar que no lo hago para eso? —Mi respuesta estuvo cargada de cinismo, sin embargo, muy en el fondo sabía qué tal vez esa era la verdad. De pronto la puerta se abrió y rápidamente tire el cigarrillo que poco antes se encontraba entre mis dedos.
Mis pies se movieron con rapidez y me encontraba al lado de la señora que había entrado. Sus ojos me recorrieron y me hizo un gesto para que me marchara. Y eso hacía, hasta que de pronto oí su nombre.
—Tessa. Sabes que no puedes estar acá. Necesito que te retires—Su mirada bajo, y asintió lentamente. Mientras bajamos las escaleras. La tomé por un brazo, me acerque a ella y le susurré al oído.
— Con que Tessa ¿Eh?. Mi nombre es Cole Newman —Mi voz salió algo más ronca de lo normal, y sin darme cuenta ni saber por qué exactamente sonreí.
Encendí otro cigarrillo y me marché con una sonrisa de superioridad, me gusta verla en ocasiones, era divertido.
Tessa, repetí su nombre lentamente en mi mente, era un nombre bastante lindo, sonaba inocente, puro, sonaba que sería una molesta bien recibida.
Salí del instituto con un cigarrillo entre los labios, Dan estaba esperándome afuera y empecé a ignorarlo. ¿Que hacía está porquería acá?
—¿Acaso no me viste idiota? — Me tomó por el brazo y me jalo hasta el, quite rápidamente sus sucias manos de mí y me aparte dejando una gran diferencia de espacio. ¿Que le pasaba? ¿Que mierda hacia aquí?
—Vete de una maldita vez Dan — escupí cada palabra, deseaba irme de ahí, las personas ya empezaban a amontonarse.
—A mí no me hables así. Soy tu padre —Su puño se dirigió directamente a mi estómago, sentí el impactó doler más que muchos otros, y sin embargo, sonreí.
Sonreí tirado en el piso como un pobre imbécil, sonreí tirado en el piso viendo como todos "mis compañeros" se reían y murmuraban cosas. Sonreí levantandome para empezar a correr y dejarlo atrás.
Le saque el dedo corazón mientras corrían y escuché como reía, me sentí una mierda, pero mi vida era así, mi vida siempre fue así.
No quería volver al instituto, no quería escuchar sus comentarios estúpidos y las risas aseguradas.
Suspiré y pase una mano por mi cabello ¿Algún día acabaría esto? Introduje mis manos en el bolsillo del jersey, aquellos ojos verdes vinieron a mí mente, desde la primera vez que la vi me pareció atractiva, pero no estaba dispuesto a convivir con ella, no estaba dispuesto a enamorarme de alguien y perderla.
No quería perder a nadie más.
Puede que sea absurdo, puede que mis excusas eran inválidas, pero yo no estaba dispuesto a perder a alguien, no quería más muertes, no quería sentirme remplazado y mucho menos quería hundirme más en un hoyo.
Tomé la moto que se encontraba a kilómetros de mí y me marché. Llevaba minutos conduciendo, necesitaba liberarme, sentir que podía estar bien, hasta que de pronto la vi
Tessa estaba llorando mientras caminaba con el delineador corrido, parecía perdida, se veía rota, y aún así decidí pararme.
—¿Tessa? ¿Que haces aquí a esta hora? —La miré con preocupación, no quería que se sintiera mal, no quería que alguien cayera en el hoyo en el que yo permanecía siempre.
—Llévame a casa por favor —Yo asentí, ella no dijo nada y yo tampoco quise hacerlo, cuando llegamos la abracé, no estaba seguro de lo que hacía, no estaba cómodo abrazándola pero sabía que lo necesitaba, sabía que ella no estaba bien.
Y las lágrimas en sus ojos me lo confirmaban.
Odiaba ver a la gente llorar, odiaba ver que alguien podría sentirse como yo.