Fernando y Samantha caminaban con mucha tranquilidad mientras la pequeña acompañante peluda observaba todo a su alrededor. La correa era sostenida por Samantha, que solo sonreía al ver la felicidad de su amada amiga. —Bueno, y cuéntame algo sobre ti; yo ya te conté a lo que me dedico, ahora es tu turno. Samantha dirigió finalmente su mirada a la de Fernando, que esperaba la respuesta de la chica. —Bueno, yo soy arquitecta… Trabajé en una empresa en México, pero decidí dejar mi puesto. Samantha mordió suavemente su labio antes de dirigir su mirada hacia la correa que sostenía. Fernando quedó en silencio al ver cómo Samantha desviaba su mirada, pero solo unos segundos después él mismo rompió al instante ese momento incómodo. —¿Por qué ya no te dedicas a eso? Aún no me has contado nada

