Una vez estuvimos cerca de los vestidores, antes de siquiera ver a Ithiel retirarse para ir al de los hombres, Nerea Pineda pasó por su lado moviendo de un lado a otro su cadera con exageración, casi como si intentara llamar la atención de él. Puse mis ojos en blanco fastidiada. Nerea era la típica rubia engreída y envidiosa que encontrabas en libros de romance juvenil o en películas del mismo género. Solía ser mi archirrival desde el primer momento en que pisé la universidad y, más que nada, porque no la acepté en la escuadra como animadora.
No podía dejar entrar a alguien que no ponía todo de sí para ser parte de las animadoras, menos si yo estaba a cargo de las sweetvinx.
Desde entonces me odia y no soporta que sea el centro de atención o que el más guapo y atractivo chico de la universidad Hodsson saliese conmigo, misma razón por la que le coqueteaba siempre que nos veía juntos, buscando que cediera ante "sus encantos" y me dejara por ella. Yo solía ignorarla, pasaba de ella y solo me concentraba en mis asuntos, solo que aquella vez ya estaba tocando fondo, llevaba tan solo dos años de "relación" con Ithiel y él en ningún momento me demostraba más que un sentimiento de deseo hacía mí, por eso cuando ella surcó una sonrisa coqueta y descarada y él se la devolvió como si nada, no pude evitar la tensión y los celos que me provocó ver aquello.
Inconsciente de mis actos, apreté su mano que seguía sosteniendo la mía, Ithiel se volvió a mirarme extrañado por mi acción, segundos después, su mirada color océano se profundizó de manera que sus ojos se oscurecieron mucho. A él no le gustaba que lo celara, a él no le gustaban las escenitas de celos, pero ¿Qué podía hacer si estaba tan ciegamente enamorada de él?
Me sentí pequeña con su mirada puesta en mí, era intimidante, retadora, muy penetrante.
Volvió a ver a la chica que nos miraba atenta y ansiosa, le ordenó de manera tajante que se fuera y nos dejará solos, ella al principio se negó a irse, pero él se encargó de que se fuera.
—Lárgate ahora— Volvió a decir, esta vez usando su voz demandante.
Al final se fue y nos dejó solos a los dos ahí afuera de los vestidores. Se colocó delante mío e inclinado solo un poco, me hizo quedar pegada sobre la pared detrás de mí, sus brazos me enjaularon sin escapatoria de esta, su aliento sobre mi rostro me mareaba, me hacía sentir tan indefensa ante los ojos de la bestia.
—¿Tengo que repetirte que detesto los celos?— Preguntó conteniéndose.
Ithiel esperaba una respuesta, quería escuchar un "no" de mi parte, pero yo estaba en el fondo de un precipicio, ya no sabía cómo salir de ahí y solo quería que me amara como yo lo amaba a él. Alcé mi barbilla con timidez y dejé de ver el suelo solo para verlo a él de nuevo.
—Debo entrar— Dije al fin. —Tenemos entrenamiento y...
De alguna manera que no comprendo, pude liberarme de su encierro y acercarme a la puerta de los vestidores, pero el que haya dejado a medias mis palabras no fue tan buena idea, así que me acerqué de nuevo a él, bese sus labios con ternura y, de esa manera me apresuré a entrar a los vestidores creyendo que lo dejaría pasar, ¡Oh, pero que equivocada estuve!
Sus pasos se hacían escuchar detrás de mí, varios ojos inquisidores se postraban en nosotros como si quisieran averiguar qué carajos sucedía entre los dos. Ithiel alcanzó a tomarme del brazo y sin reparar en las personas que nos veían, me llevó a un rincón, luego se percató de las chicas y sin importarle, les ordenó tal cual como lo hizo con Nerea, que salieran y nos dejaran solos.
Nadie cuestionaba al líder de los Dragons, nadie se atrevía a verlo a los ojos porque su mirada envenenaba o en el mejor de los casos, te hipnotizaba. Caritsma se encontraba entre las chicas de la escuadra, la vi dudar en salirse, pero solo bastó con que asintiera para que se fuera junto a las demás.
Cuando no hubo más chicas ahí adentro que pudieran vernos, Ithiel me encaró hastiado, enojado y molesto conmigo y era tanto su enojo, que sus manos me tomaron ambos brazos provocando un dolor insoportable sobre ellos, quería llorar y, sin embargo, no lo hacía porque eso era demostrar que era débil y ya no quería ser una subordinada, no quería sentirme como una mariposa en las manos de un humano vil y despiadado y terminar sin mis alas en cualquier momento.
—¡Basta! Me lastimas— le dije forcejeando con la intención de que me soltara.
—¿Te lastimo?— Preguntó satírico, después me sostuvo con más fuerza, estampándome contra su duro cuerpo, nuestros rostros solo necesitaban un centímetro más para estar lo suficiente cerca como para poder sentir y oler nuestro aliento, pero, si lo pensaba con claridad siempre que estaba tan cerca de él, mi aliento sufría y desaparecía al instante. —¿Qué fue lo que hablamos esa tarde, Cory? ¿Qué fue lo que te dejé en claro ese día?
—...y lo vuelvo a repetir, no soy un hombre que tolere los celos o los dramas de chicas. ¿Comprendes?— Me había dicho esa tarde de primavera, era nuestra primera cita juntos como novios e Ithiel no perdió tiempo a la hora de hablar sobre lo que sí y lo que no toleraría en nuestra relación.
—Sí— Dije tímida, sonrojada por sentir su mano acariciando mi cabello negro...
—Y otra cosa, odio verte con el cabello desprolijo...
Era estúpido seguir en una relación donde había pautas y miedo de cometer algún error que pudiera molestarlo, pero, sin embargo, la venda en mis ojos no me dejaba ver claramente lo que sucedía conmigo. Nunca fui sumisa ni dejé que otros me trataran como si no valiera nada y, de un día a otro, las cosas dieron un giro completamente inesperado, llevándome a ser lo que tanto detestaba, por lo que siempre discutía, en aquello por lo que defendía a otras chicas.
No respondí a su pregunta y aunque lo intenté demasiado, aquella lagrima que tanto retuve, cayó sobre mi mejilla, empapando mis pestañas, dejándome expuesta a él. Ithiel aligeró su agarré, entonces aproveché ese momento exacto para huir fuera de su alcance, abriéndome paso entre quienes esperaban fuera de los vestidores y ocultándome dentro de las paredes del baño de mujeres.
Supongo que mi corazón ya no lo pudo soportar más, ya no quería mentirme a mí misma y pensar que lo nuestro cambiaria, porque yo sola no podía llenar de amor lo que sea que tuviéramos.
Cerré la puerta del baño, luego de verme al espejo con todas esas lagrimas cayendo de mis ojos, me deslicé por la pared blanca de ese baño y me abracé las rodillas como si de esa manera pudiera consolarme y asegurar que las cosas volverían a estar bien, solo que no sabía que estaba en el ojo del huracán y pronto terminaría siendo arrastrada a los escombros de algo que no había comenzado.
En ese entonces, creía que el amor era capaz de soportarlo todo y que por esa misma razón seguía ahí, esperando por un yo también te amo, Cory...
Sin embargo, no sabía que no me amaba en ese entonces y que para ser amada por él debía amarme a mí primero.
No entendía porque me tocó vivir este tipo de sufrimiento, cuando siempre fui buena hija, buena hermana, amiga e incluso la novia perfecta, suponía que eso había ganado por desear cosas imposibles.
¿Cuándo caí tan bajo?
¿Por qué fijarme en él si yo quería un chico que se asemejara a un principe?
Ese día deseé evitar a Ithiel todo lo que fuera posible, por un instante pensé que podría escaparme de la universidad y de él, no obstante, mis pensamientos fueron interrumpidos en cuanto la puerta del baño fue abierta, alcé mi mirada, fue ahí que advertí su presencia frente a mí.
Lo vi pasarse una mano por el cabello, no lucía preocupado, seguía enfadado, ansioso. Se acuclilló quedando a la altura en la que yo me encontraba en ese momento y tomó mi barbilla con dureza.
—¿Qué voy hacer contigo, Cory?— Preguntó con seriedad. —¿Qué es lo que quieres?
—Que me ames... quiero eso.
—Yo no sé amar— Respondió con pesar. —Pero sé venerar tu cuerpo... todo lo que me das ¿Eso no es suficiente?
Bajé la mirada nuevamente, odiando que mi corazón reaccionara de esa manera por él. No quería su veneración, yo quería más, pero eso era pedir demasiado.
Entonces volví a repararlo, decidida a hablar, tomando el valor que mucho antes me faltó.
—Bueno, en ese caso no tengo porque seguir contigo.— Sequé mis lágrimas determinada a levantarme y mantener mi palabra. —Yo me enamoré de ti, Ithiel, pero si no vas a amarme, no puedo continuar a tu lado y fingir que no siento lo que siento por ti.
Pese a sonar segura de mí, él se levantó junto conmigo y se rio de mí como si fuera una broma absurda.
—¡Por el amor de dios, Cory! No me hagas esta escenita de drama, sabes que no lo tolero.
—¿Escenita?— Me indigné demasiado. ¿Cómo se atrevía a decir que solo se trataba de una escenita dramática? —Las decisiones por mi bienestar no son una escenita dramática. Estoy harta de llorar por ti todas las noches, de aceptar la poca confianza que me das y de ser tu juguete s****l, porque eso es lo único que soy para ti y aun así lo he soportado los últimos dos años.
Lo rodeé solo para salir de una vez por todas del baño y alejarme de él, esa era la primera vez que discutía con él, antes solo me quedaba callada y seguía guardando todo lo que pensaba sobre él, pero ya había sido suficiente.
Ithiel al ver que me acercaba a la puerta, se apresuró para acorralarme contra la misma, poniéndole pestillo al escuchar voces afuera.
—No me vengas con esa estupidez. No puedes decir que estas harta de mí y mi falta de amor por ti, porque te encanta que te deseé y veneré... ¿O me dirás que miento? — Su aliento rozó mi rostro una vez más, provocando estragos en mi interior.
Era como cuando Jeremy y Bonnie de crónicas vampíricas se besaban por primera vez y al final del beso frotaban sus narices de una manera tan íntima y provocativa, solo que la diferencia estaba en que no había ningún beso y él buscaba intimidarme a mí.
—Seguro tienes suficiente amor para los dos...
—Jamás me vas a amar— Afirme, ignorando sus palabras anteriores.
—No, nunca lo haré— Aceptó, luego se separó solo un poco y acarició mi mejilla, no como un gesto tierno, era un gesto que le daba poder sobre mí, porque sabía que me confundía demasiado. —...pero sí puedo adorarte y fingir lo suficientemente bien para hacerte creer que también te amo.
Quise reír para no llorar más, esas palabras eran lo más doloroso que me había dicho él, considerando que las otras ni siquiera las dijo con intención de hacerme sentir mal. Escondí mi cara con las palmas de mis manos y ahogué un sollozo que terminó convirtiéndose en un gran nudo en mi garganta.
—Ya no puedo más— Musite agotada.
—Te lo demostré antes y ahora te lo digo— Comenzó, pero yo ya no quería seguir escuchándolo si lo que diría me haría arder el pecho. —Yo no soy amor, soy pasión, lujuria, deseo. Conmigo no van las cursilerías ni los detalles románticos.
En ese instante me comparaba con Tessa Young que se convertía en una masoquista por amar a un tipo trastornado, incapaz de amarla sin hacerle daño...
Yo era Tessa y él era mi Hardin Scott en esta historia que no tenía un inicio y, por consiguiente, tampoco un final.
—¿Cuándo me permitirás ver más allá de lo que me muestras? Quiero conocerte, Ithiel, quiero saber porque no me puedes amar.
Resopló cansado, miró a todos lados, pero evitó verme a mí a toda costa, intentando ignorar mi pregunta como si le valiera verme tan consternada y necesitada por esa información. Fue entonces que me di cuenta de que no lo conocía en realidad, que había algo muy en su fuero interno... algo que quería mantener oculto y yo necesitaba saber qué era y por qué no era capaz de decírmelo.
—No hay nada que tengas que ver más allá de esto, Kassandra
Mientras mis ojos lloraban, los suyos destilaban furia y confusión, cosa que me desesperaba demasiado.
—Esto ha acabado.— Dije con el fin de terminar de una vez por todas con este dolor que quemaba en mi pecho como una flama ardiente. —Ya lo di todo, ya no puedo seguir aceptando las sobras que tú me das.
Mi corazón palpitó con frenesí, pero aparenté estar bien una vez que volví a secar mis lágrimas. Salí del baño recibiendo por nueva cuenta las miradas inquisidoras de los demás, pero no me iba a sentir pequeña por eso, no iba a permitir que las personas se aprovecharan de mi debilidad para hacerme sentir como si fuera basura, porque nunca he sido de quienes bajan la cabeza cuando el dolor toca las puertas de mi corazón, me consideraba fuerte antes y volvería a serlo sin importar cuanto me costara superarlo.
Cuando al fin llegué a los vestidores de vuelta, fui recibida por mi mejor amiga que se dio el tiempo de esperarme antes de comenzar con el entrenamiento, me abrazó fuerte sin necesidad de preguntar que me sucedía o tener en sí, una razón para hacerlo.
Acompañada por su presencia, abrí mi casillero y me miré por el espejo, se notaba a leguas que había llorado mucho, mis ojos estaban rojos y mi maquillaje corrido; parecía un mapache herido y traumatizado. Tomé una toallita húmeda y retiré todo el maquillaje, dejando mi rostro al natural como los primeros días de universidad. ¿Qué caso tenía que me maquillara de vuelta? Él era la persona por la que intentaba verme más hermosa, pero ya no más.
Miré a mi mejor amiga a través del espejo, entonces, siendo seria, dije:
—Ve a supervisarlas, yo estaré bien.